Francisco: "El otro no es un virus del que hay que defenderse, sino una persona que hay que acoger"

Malta es la tierra de los vientos, donde la cartografía suele ubicar la famosa 'Rosa de los Vientos'. Y, en su primer discurso en La Valeta, Francisco quiso lanzar un mensaje a los cuatro puntos cardinales, con dos miradas profundamente arrolladoras: la de los migrantes y refugiados, y la del horror de la guerra en Ucrania.

"Hoy, mientras prevalece el miedo y 'la narrativa de la invasión', y el objetivo principal parece ser la tutela de la propia seguridad a cualquier costo, ayudémonos a no ver al migrante como una amenaza y a no ceder a la tentación de alzar puentes levadizos y de erigir muros", subrayó el Papa en su primer discurso, insistiendo en que "el otro no es un virus del que hay que defenderse, sino una persona que hay que acoger".

Francisco Malta Papa alza voz

Y, refiriéndose a "la martirizada Ucrania", Bergoglio lanzó un clamor de paz: "Pensábamos que las invasiones de otros países, los brutales combates en las calles y las amenazas atómicas fueran oscuros recuerdos de un pasado lejano. Pero el viento gélido de la guerra, que sólo trae muerte, destrucción y odio, se ha abatido con prepotencia sobre la vida de muchos y los días de todos", denunció el Papa, condenando, sin citarle, a Putin, al señalar que "mientras una vez más algún poderoso, tristemente encerrado en las anacrónicas pretensiones de intereses nacionalistas, provoca y fomenta conflictos, la gente común advierte la necesidad de construir un futuro que, o será juntos, o no será".

Palacio Valeta

"Malta es el corazón del Mediterráneo"

Tras un primer baño de masas en las calles de La Valeta, un breve encuentro con el presidente y el primer ministro de Malta, el Papa se presentó ante las autoridades políticas, culturales y sociales en el palacio del Gran Maestre, para el primero de los cinco discursos previstos en las 36 horas que permanecerá en la pequeña isla del Mediterráneo. "Malta puede ser definida el corazón del Mediterráneo", glosó el Pontífice, recordando la acogida que, desde tiempos de San Pablo, caracteriza a su población.

Y es que, para Bergoglio, la isla es "desde milenios, un centro de vitalidad y de cultura, de espiritualidad y de belleza, una encrucijada que ha sabido acoger y armonizar influjos provenientes de muchas partes". "No es casual que en las antiguas representaciones cartográficas del Mediterráneo la rosa de los vientos se colocara a menudo cerca de la isla de Malta", explicó el Papa, quien trató de desentrañar los cuatro 'vientos', las cuatro 'influencias esenciales' para "la vida social y política de este país".

En primer lugar, los vientos del noroeste. "El norte evoca Europa, en particular la casa de la Unión Europea, edificada para que allí viva una gran familia unida en la salvaguardia de la paz", comenzó Bergoglio. "Unidad y paz son los dones que el pueblo maltés pide a Dios cada vez que entona el himno nacional", subrayó. Porque, tal y reseña su himno nacional, "la paz sigue a la unidad y brota de ella. Esto recuerda la importancia de trabajar juntos, de anteponer la cohesión a toda división, de afianzar las raíces y los valores compartidos que han forjado la singularidad de la sociedad maltesa.

Francisco Valeta

Contra la corrupción y la codicia

Pero para garantizar una buena convivencia social, "no basta con consolidar el sentido de pertenencia, sino que hay que reforzar los fundamentos de la vida común, que se basa en el derecho y la legalidad. La honestidad, la justicia, el sentido del deber y la transparencia son pilares esenciales de una sociedad civilmente desarrollada. Que el compromiso para extirpar la ilegalidad y la corrupción sea, por tanto, fuerte como el viento que, soplando desde el norte, barre las costas del país".

Y algo más: "que se cultiven siempre la legalidad y la transparencia, que permiten erradicar la delincuencia y la criminalidad, unidas por el hecho de que no actúan a la luz del sol", afirmó, en una velada alusión a la corrupción.

"En Malta, donde la luminosidad del paisaje alivia las dificultades, la creación se muestra como el don que, en medio de las pruebas de la historia y de la vida, recuerda la belleza de habitar la tierra. Por eso, hay que protegerla de la avidez voraz, de la codicia del dinero y de la especulación edilicia, que no sólo afectan el paisaje, sino el futuro", advirtió el Papa, quien abogó por el cuidado del medioambiente y la justicia social frente "a las tentaciones del desinterés y de la falta de compromiso".

No a las "colonizaciones ideológicas"

Tras el viento del norte, el del oeste, con una mirada a los estilos de vida y pensamiento occidentales. "De esto proceden grandes bienes —pienso en los valores de la libertad y de la democracia—, pero también riesgos que es necesario vigilar, para que el afán de progreso no lleve a apartarse de las raíces", pidió el Papa, porque "Malta es un maravilloso 'laboratorio de desarrollo orgánico', donde progresar no significa cortar las raíces con el pasado en nombre de una falsa prosperidad dictada por las ganancias y las necesidades creadas por el consumismo, así como por el derecho de tener cualquier derecho". Por ello, como hiciera ayer en su encuentro con los pueblos originarios de Canadá, "es importante conservar la memoria y tejer respetuosamente la armonía entre las generaciones, sin dejarse absorber por homologaciones artificiales y colonizaciones ideológicas".

"En el fundamento de un crecimiento sólido está la persona humana, el respeto a la vida y a la dignidad de todo hombre y de toda mujer. Conozco el compromiso de los malteses por abrazar y proteger la vida. Ya en los Hechos de los Apóstoles ustedes se distinguían por salvar a mucha gente", proclamó, animando a los malteses a "seguir defendiendo la vida desde el inicio hasta su fin natural, pero también a protegerla en todo momento del descarte y del abandono".

"Pienso especialmente en la dignidad de los trabajadores, de los ancianos y de los enfermos. Y en los jóvenes, que corren el peligro de desperdiciar el bien inmenso que son, persiguiendo espejismos que dejan tanto vacío interior. Es lo que provocan el consumismo exacerbado, la cerrazón ante las necesidades de los demás y la plaga de la droga, que sofoca la libertad creando dependencia. ¡Protejamos la belleza de la vida!", insistió.

Migraciones: pagar las consecuencias de injusticias pasadas

El tercer viento, el del sur. "Desde allí llegan tantos hermanos y hermanas en busca de esperanza", recordó. "Quisiera agradecer a las autoridades y a la población por la acogida que les ofrecen en nombre del Evangelio, de la humanidad y del sentido de hospitalidad típico de los malteses", aplaudió Bergoglio, quien recordó que Malta significa "puerto seguro", aunque admitió que, en los últimos años, "los temores y las inseguridades han provocado desánimo y frustración".

Refiriéndose al fenómeno migratorio, Francisco subrayó que "no es una circunstancia del momento, sino que marca nuestra época; lleva consigo las deudas de injusticias pasadas, de tanta explotación, de los cambios climáticos, de los desventurados conflictos cuyas consecuencias hay que pagar".

"Desde el sur, pobre y poblado, multitud de personas se trasladan hacia el norte más rico", expuso el Papa, quien insistió en que "es un hecho que no se puede rechazar con cerrazones anacrónicas, porque en el aislamiento no habrá prosperidad ni integración".

Respuestas amplias y compartidas

A su vez, apuntó que "la expansión de la emergencia migratoria —pensemos en los refugiados de la martirizada Ucrania— exige respuestas amplias y compartidas", porque "no pueden cargar con todo el problema sólo algunos países, mientras otros permanecen indiferentes. Y países civilizados no pueden sancionar por interés propio acuerdos turbios con delincuentes que esclavizan a las personas".

"El Mediterráneo necesita la corresponsabilidad europea, para convertirse nuevamente en escenario de solidaridad y no ser la avanzada de un trágico naufragio de civilizaciones", clamó Francisco, quien recordó todos los naufragios en estas aguas, comenzando por la de San Pablo y la acogida que le dispensó este pueblo. "La humanidad está ante todo y recompensa en todo. Lo enseña este país, cuya historia se ha visto beneficiada por la llegada forzosa del apóstol náufrago. En nombre del Evangelio que él vivió y predicó, ensanchemos el corazón y descubramos la belleza de servir a los necesitados".

Frente a la "narrativa de la invasión"

"Hoy, mientras prevalece el miedo y 'la narrativa de la invasión', y el objetivo principal parece ser la tutela de la propia seguridad a cualquier costo, ayudémonos a no ver al migrante como una amenaza y a no ceder a la tentación de alzar puentes levadizos y de erigir muros", apuntó el Papa, quien incidió en que "el otro no es un virus del que hay que defenderse, sino una persona que hay que acoger, y «el ideal cristiano siempre invitará a superar la sospecha, la desconfianza permanente, el temor a ser invadidos, las actitudes defensivas que nos impone el mundo actual»".

"¡No dejemos que la indiferencia desvanezca el sueño de vivir juntos!", invitó Bergoglio, antes de apuntar a un último viento, el proveniente del este, "que a menudo sopla al amanecer". "Pero, precisamente del este de Europa, del Oriente, donde surge antes la luz, han llegado las tinieblas de la guerra", apuntó, recordando el drama de Ucrania.

"Pensábamos que las invasiones de otros países, los brutales combates en las calles y las amenazas atómicas fueran oscuros recuerdos de un pasado lejano. Pero el viento gélido de la guerra, que sólo trae muerte, destrucción y odio, se ha abatido con prepotencia sobre la vida de muchos y los días de todos", denunció el Papa, condenando, sin citarle, a Putin, al señalar que "mientras una vez más algún poderoso, tristemente encerrado en las anacrónicas pretensiones de intereses nacionalistas, provoca y fomenta conflictos, la gente común advierte la necesidad de construir un futuro que, o será juntos, o no será".

"Ahora, en la noche de la guerra que ha caído sobre la humanidad, no hagamos que desaparezca el sueño de la paz"

"Ahora, en la noche de la guerra que ha caído sobre la humanidad, no hagamos que desaparezca el sueño de la paz", insistió. La propia Malta "puede inspirarnos, pues es urgente devolver la belleza al rostro del hombre, desfigurado por la guerra".

Porque "la paz produce bienestar y la guerra solamente pobreza, y nos hace pensar el hecho de que en la estatua la paz y la riqueza se representen como una mamá que tiene en brazos un bebé", dijo, evocando la imagen de una estatua de Irene, muy conocida en la isla. "La ternura de las madres, que dan la vida al mundo, y la presencia de las mujeres son la verdadera alternativa a la lógica perversa del poder, que conduce a la guerra. Necesitamos compasión y cuidados, no visiones ideológicas y populismos que se alimentan de palabras de odio y no se preocupan de la vida concreta del pueblo, de la gente común".

El Papa quiso concluir evocando a Giorgio La Pira quien, "hace más de sesenta años, en un mundo amenazado por la destrucción, donde las leyes eran dictadas por las contraposiciones ideológicas y la férrea lógica de las coaliciones, desde la cuenca mediterránea se elevó una voz contracorriente, que a la exaltación de la propia parte opuso un impulso profético en nombre de la fraternidad universal".

Esta fue su expresión:

«La coyuntura histórica que vivimos, el choque de intereses e ideologías que sacuden a la humanidad, presa de un increíble infantilismo, restituyen al Mediterráneo una responsabilidad capital: definir nuevamente las normas de una Medida donde el hombre, abandonado al delirio y a la desmesura, pueda reconocerse»

"Son palabras actuales", admitió el Papa, quien reconoció "cuánto necesitamos una 'medida humana' frente a la agresividad infantil y destructiva que nos amenaza, frente al riesgo de una 'guerra fría ampliada' que puede sofocar la vida de pueblos y generaciones enteros".

Autocracia y nuevos imperialismos

Un "infantilismo que, lamentablemente, no ha desaparecido" y "vuelve a aparecer prepotentemente en las seducciones de la autocracia, en los nuevos imperialismos, en la agresividad generalizada, en la incapacidad de tender puentes y de comenzar por los más pobres".

"Es aquí donde comienza a soplar el viento gélido de la guerra, que también esta vez ha sido alimentado a lo largo de los años. Sí, la guerra se fue preparando desde hace mucho tiempo, con grandes inversiones y comercio de armas", denunció el Papa, quien lamentó "ver cómo el entusiasmo por la paz, que surgió después de la segunda guerra mundial, se haya debilitado en los últimos decenios, así como el camino de la comunidad internacional, con pocos poderosos que siguen adelante por cuenta propia, buscando espacios y zonas de influencia. Y, de este modo, no sólo la paz, sino tantas grandes cuestiones, como la lucha contra el hambre y las desigualdades han sido de hecho canceladas de las principales agendas políticas".

"Ayudémonos a escuchar la sed de paz de la gente, trabajemos para poner las bases de un diálogo cada vez más amplio, volvamos a reunirnos en conferencias internacionales por la paz, donde el tema central sea el desarme, con la mirada dirigida a las generaciones que vendrán"

Pese a todo, hay solución. "Ayudémonos a escuchar la sed de paz de la gente, trabajemos para poner las bases de un diálogo cada vez más amplio, volvamos a reunirnos en conferencias internacionales por la paz, donde el tema central sea el desarme, con la mirada dirigida a las generaciones que vendrán. Y que los cuantiosos recursos que siguen siendo destinados a los armamentos se empleen en el desarrollo, la salud y la alimentación" concluyó Francisco, quien quiso seguir mirando hacia el este, en especial a Oriente Medio, "recordando la capacidad de los malteses de generar convivencias benéficas, en una suerte de coexistencia de las diferencias. Esto es lo que necesita Oriente Medio: el Líbano, Siria, Yemen y otros contextos destrozados por los problemas y la violencia".

"Que Malta, corazón del Mediterráneo, siga haciendo palpitar el latido de la esperanza, el cuidado de la vida, la acogida del otro, el anhelo de paz, con la ayuda de Dios, cuyo nombre es paz", finalizó Bergoglio.

 

Jesús Bastante

Religión Digital

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