Baltasar Bueno corresponsal en Valencia

Religión Digital

220 asilos de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados por todo el mundo.

El gran milagro de la Virgen de los Desamparados en Valencia fue y lo continúa siendo la fundación y el funcionamiento de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, cuya primera casa fue abierta en Valencia y en donde hoy reside la Casa General, desde donde se gobierna y coordina los 220 asilos repartidos por distintos países del mundo. Ellas se acogen bajo la advocación de la Patrona de Valencia y quieren ser su manto acogedor para los ancianos.

El domingo 11 de mayo de 1873, día de la Virgen de los Desamparados, quedaba inaugurada en Valencia la primera casa de las Hermanitas de los Pobres Desamparados en Valencia. La situación social y política más complicada no podía ser: revolución cantonal, guerra carlista, independencia de Cuba, epidemia de cólera, la ciudad bombardeada con artillería por los militares,… A los pocos días, desde la casa Vestuario, quedaría proclamado el Cantón de Valencia. En agosto, los militares ya habían acabado con cualquier atisbo de cantonalismo.

Varias religiosas de la nueva orden fundada en Barbastro (Huesca) llegaron a Valencia por ferrocarril, enviadas por su fundador, ya que allí no pudieron establecerse. El arzobispo de Valencia, Mariano Benito Barrio Fernández, natural de Jaca y profesor universitario antaño en Huesca, cuando las recibió en su despacho del palacio Arzobispal, de inmediato les dijo que sí y se integraran en la Diócesis para su misión de cuidar ancianos. Les facilitó una casa, que llenaron rápidamente. Los más mayores, una anciana de 99 años y un anciano de 93.

El nombre oficial de la Congregación es Congregatio Parvarum Sororum Senium Derelictorum, de derecho pontificio, siendo fundada por el sacerdote Saturnino López Novoa y la religiosa Teresa de Jesús Jornet e Ibars, el 11 de octubre de 1872. en Barbastro. Las Hermanitas de los Ancianos Desamparados se dedican a la pastoral sanitaria y a la asistencia de los ancianos enfermos y desvalidos.

Cuentan con 2.500 religiosas y 220 asilos repartidos por España, Alemania, Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Cuba, Ecuador, El Salvador, España, Filipinas, Guatemala, Italia, México, Mozambique, Perú, Portugal, Puerto Rico, República Dominicana y Venezuela. Su primera fundación fuera de España fue Cuba. La casa general se encuentra en Valencia, que fue la segunda que tuvieron en esta ciudad, un antiguo convento agustino que cerró a la fuerza cuando la Desamortización. Profesan los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia y practican la virtud de la caridad cristiana en los ancianos más vulnerables, acogiéndolos en un ambiente de familia y atendiendo todas sus necesidades: materiales, de afecto y espirituales, siempre teniendo presente el lema de la santa fundadora Teresa Jornet “Cuidar los cuerpos para salvar las almas”.

No van sobradas, pero no les faltan vocaciones religiosas. El Asilo de santa Mónica, Casa General, es uno de los cinco noviciados y postulantados que tienen en el mundo, por ella pasan todas las hermanitas para vivir una etapa de formación: la Tercera Probación. El fundador está enterrado en la Iglesia del convento de Valencia. La fundadora fue maestra antes que religiosa. Se inclinó por el servicio a los ancianos necesitados y dejó su plaza como profesora obtenida por oposición.

Fiel al encargo del Fundador, cuando le entrega las constituciones, recibe el espíritu y carisma, lo encarna, vive y transmite con fidelidad a las comunidades del Instituto en sus visitas canónicas y con sus más de dos mil cartas circulares. Fue siempre el alma y la vida del Instituto. “Cuiden con interés y esmero a los ancianos, ténganse mucha caridad, y observen las Constituciones; en esto está su santificación”, decía siempre. Murió en Liria (Valencia) el 26 de agosto de 1897. Fue beatificada por Pío XII el 27 de abril de 1958 y canonizada el 27 de enero de 1974 por Pablo VI. Sus restos mortales también se encuentran en la Casa madre de la Congregación.

Las Hermanitas de los Ancianos Desamparados son muy queridas. Confían mucho en la Providencia, creen mucho en ella. Son muchas las personas en todas partes que les ayudan. Hacen una gran labor desde hace siglo y medio en el mundo entre los ancianos que nadie quiere o no tienen a nadie. Raras veces se encuentran con las puertas cerradas a sus necesidades. Curiosamente los que les han fallado a veces son los políticos y a ellas que realizan, además de caridad, una tarea subsidiaria que corresponde a los gobiernos.

Precisamente, en esta tierra donde nacieron, donde más conocen su gran y humanitaria labor, no hace muchos meses se encontraron con un desagradable caso. La Conselleria de Sanidad suprimió el servicio del médico del Asilo Verge del Llidó de Castellón y las Hermanas de los Ancianos Desamparados se vieron obligadas a cubrirlo con fondos propios. También les redujo la subvención el Ayuntamiento, a la que por cierto tuvieron que renunciar en el Asilo por las condiciones inasumibles que les imponían. Estas cosas a veces ocurren cuando es la izquierda la que gobierna.

Cuando sucedió el hecho, al calificarlo Begoña Carrasco, portavoz del PP en el Ayuntamiento, dijo que “el sectarismo de PSPV y Compromís no conoce límites. Lo primero que hicieron nada más llegar fue reducirles la subvención que recibían del Ayuntamiento, despreciando la encomiable labor social que realizan las hermanas que gestionan el centro. Y ahora, Amparo Marco se saca de la manga unas condiciones que las monjas no pueden cumplir y, por tanto, dejarán de percibir una ayuda de 30.000 euros”. En esas fechas, el Asilo de Castellón tenía 140 ancianos y 40 empleados.

Yo viví directamente hace años dos situaciones que sufrieron las Hermanitas de los Ancianos Desamparados en Valencia y tuve que lidiar en campañas de prensa para que se les respetara. Cuando el PSOE por primera vez tocó poder les redujo las subvenciones que percibían en el Asilo con 400 ancianos residentes. La excusa en que se basaron fue que las Hermanitas se quedaban con las pensiones de los asilados, pensiones vergonzantes si es que algunos las tenían. A base de presión, se pudo recuperar un poco la situación. En otro momento, como continuasen con su política de quitarles cualquier ayuda por ser religiosas, las Hermanitas necesitaban comprarse una lavandería, pues ellas a mano lavaban y planchaban la ropa de los ancianos. Como no hubo subvención, a través de donaciones particulares se consiguió comprar la maquinaria de la lavandería.

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