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(Resúmenes de prensa)

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Congreso de Laicos

"Los laicos hace tiempo que han dejado de ser 'clase de tropa' y piden paso"

"La sensación generalizada y, además, publicada en los medios de comunicación es que la Iglesia española languidece y agoniza, sin capacidad de reacción, apegada a las derechas, sin influencia social y con olor a rancio y casposo, que ya no dice nada a las generaciones futuras, a las que sus posicionamientos repelen"

"En los medios de comunicación nunca salen las bases eclesiales. Sólo las élites, los líderes, la jerarquía, los obispos"

"Como acaba de demostrar el Congreso de Laicos, celebrado este fin de semana en el palacio de cristal de la Casa de Campo de Madrid, la Iglesia no son sólo los obispos y los curas, las bases eclesiales gozan de muy buena salud, son numerosas y están preparadas y listas para la misión"

"Desclericalizar la Iglesia significa que la casta clerical (obispos, curas y frailes) dejen de creerse superiores y elegidos, compartan tareas y asocien a los laicos a la misión"

Pocas organizaciones (quizás sólo las del universo futbolístico) pueden presumir de la capacidad de convocatoria que tiene la Iglesia católica española. Y eso que la imagen de la institución está por los suelos (una de las menos valoradas, junto a los políticos), está perdiendo gente a borbotones que se va camino de la indiferencia y hasta está perdiendo el control de los 'ritos de paso'.

Antes, la institución se aseguraba la presencia en los momentos vitales y fundamentales de la vida de toda persona: el bautismo, la primera comunión, la confirmación, la boda y el entierro. Todo el ciclo vital cubierto. Los bautizos han caído en picado, las primeras comuniones las mantiene el Corté Inglés, la confirmación ha desaparecido del mapa, los novios ya prefieren casarse por lo civil y cada vez hay más incineraciones y funerales laicos y sin presencia eclesiástica.

La sensación generalizada y, además, publicada en los medios de comunicación es que la Iglesia española languidece y agoniza, sin capacidad de reacción, apegada a las derechas, sin influencia social y con olor a rancio y casposo, que ya no dice nada a las generaciones futuras, a las que sus posicionamientos repelen.

Entre otras cosas, porque en los medios de comunicación nunca salen las bases eclesiales. Sólo las élites, los líderes, la jerarquía, los obispos. Con lo cual, la jerarquía contamina a las bases y lo que hace o no hace, dice o no dice la jerarquía se convierte en lo que hace o no hace, dice o no dice toda la Iglesia española.

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Pero la realidad, como acaba de demostrar el Congreso de Laicos, celebrado este fin de semana en el palacio de cristal de la Casa de Campo de Madrid, la Iglesia no son sólo los obispos y los curas, las bases eclesiales gozan de muy buena salud, son numerosas y están preparadas y listas para la misión.

Participaron en el congreso un total de 1.867 personas – 973 mujeres y 894 hombres–, de las cuales 1.521 son laicos, 101 laicos consagrados, 83 religiosos, 150 sacerdotes y 12 diáconos. La edad media de los congresistas es de 52 años, con una significativa representación de jóvenes. A este número, hay que añadir a nivel organizativo, un total de 200 personas que intervendrán, como parte del programa, con ponencias, charlas y la presentación de experiencia.

¿Qué partido político, asociación o sindicato puede presumir de una movilización así de casi 2.000 afiliados durante todo un fin de semana? Y los representantes representan a una enorme masa de gente que participa activamente en sus parroquias, movimientos y asociaciones, dando gloria a su Dios y amando a su prójimo. Porque en eso consiste el sentido de sus vidas. El motor de sus existencias es el seguimiento de aquel que les mandó: “Amarás al prójimo como a ti mismo”. Y eso intentan hacer a diario, con sus fallos, errores y pecados. Porque, como dice el refrán español: “A la puerta del rezador, no pongas el trigo al sol; pero a la del que no reza nada, ni trigo ni cebada”.

Vidas entregadas al servicio a los demás en todos los ámbitos y sectores. Con una presencia extraordinaria (y reconocida socialmente) entre los más desfavorecidos. Ahí están, para demostrarlo, Cáritas, Manos Unidas, los misioneros o tantos curas, frailes y monjas, que dedican sus existencias a curar las heridas de los parados, drogadictos, discapacitados, sintecho y pobres de todo tipo y condición.

En la Casa de Campo se reunió, pues, una representación pequeña del enorme movimiento laical español, listo para pasar revista. Los laicos hace tiempo que han dejado de ser “clase de tropa” y piden paso. Se saben Iglesia, se sienten Iglesia, están bien formados y dispuestos a arrimar el hombro y comprometerse incluso más a fondo.

Sólo esperan la orden, para ponerse en marcha o, como dicen siguiendo a Francisco, “en salida”. Porque, en una institución tan clericalizada como la católica, los mandos-servidores mandan y ordenan. Y, en estos momentos, la institución (tanto en España como en otras muchas partes del mundo) se está estremeciendo y se está viendo sacudida en profundidad por las ondas expansivas que vienen de Roma. Porque el Papa quiere que, de una vez por todas y como ya pidió el Concilio Vaticano II hace más de 50 años, la Iglesia sea una institución de comunión. Que se haga realidad esa máxima, de la que hasta surgió un movimiento en los años 80, de que “Todos somos Iglesia”.

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Es decir, que se ponga fin al clericalismo, contra el que despotrica el Papa un día sí y otro también, porque sabe que es el gran cáncer del catolicismo. Desclericalizar la Iglesia significa que la casta clerical (obispos, curas y frailes) dejen de creerse superiores y elegidos, compartan tareas y asocien a los laicos a la misión. Pero de verdad, con menos palabras y más hechos. Y que esa misión compartida se vea y se plasme en hechos concretos.

La estructura de mando-servicio eclesial no puede seguir copada por los clérigos. Eso no es democrático y, mucho menos, evangélico. Los laicos (hombres y mujeres) tienen que tener voz y voto en la Iglesia. Tanto a la hora de planificar, como a la de dirigir o tomar decisiones.

Empezando por las parroquias, siguiendo por las curias diocesanas y llegando hasta la sede de la Conferencia episcopal.

¿Por qué los delegados de economía, medios de comunicación, familia, misiones...no son laicos/as? ¿Por qué la mayoría de los secretarios de comisiones episcopales no son laicos/as? ¿Por qué no hay más mujeres y laicos y en las curias diocesanas? ¿Por qué en las parroquias no se les da un mayor protagonismo a los laicos? ¿Por qué no se recuperan en las parroquias los consejos parroquiales deliberativos y no meramente consultivos, lo que permite a los curas seguir siendo dueños, amos y señores del cotarro parroquial? Y así, sucesivamente...

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Otro ejemplo, ¿por qué la portavocía de las diócesis y de la propia Conferencia episcopal no está en manos de laicos/as? ¿Por qué la Iglesia no promueve la presencia y la imagen de los laicos en la esfera pública? ¿Por qué el único laico conocido de la Iglesia española es el gerente del episcopado y presidente de la Cope y Trece TV, Fernando Giménez Barriocanal?

Queda mucha tarea, pero la Iglesia católica española puede presumir de contar con unas bases numerosas, preparadas, comprometidas y listas...para la misión. Sería pecado no contar con ellas. Y si la casta clerical las sigue marginando, es la hora de rebelarse, para que la institución pueda seguir siendo sal y luz...y en salida. Y no una Iglesia enrocada, rancia y en blanco y negro. Son los signos de los tiempos del Concilio y de la primavera de Francisco.

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16.02.2020 José Manuel Vidal, Religión Digital.