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(Resúmenes de prensa)

Poco más de la mitad de los españoles se definen católicos, menos de un tercio de los niños se bautiza y sólo un 13,98% de los matrimonios se celebran por la Iglesia.

Potenciar «el primer anuncio y la catequesis», dar un mayor papel a los laicos y «hacerlo bien» en la educación católica son algunas de las propuestas que los obispos plantean para revertir la situación.

«De la crisis de hoy surgirá mañana una Iglesia que habrá perdido mucho. Se hará pequeña, tendrá que empezar todo desde el principio. Ya no podrá llenar muchos de los edificios construidos en una coyuntura más favorable. Perderá adeptos, y con ellos muchos de sus privilegios en la sociedad». Aunque podría pasar por la definición de lo que está viviendo la Iglesia católica española en 2022, en realidad se trata del pronóstico de un joven teólogo bávaro en 1970 sobre cómo sería la iglesia en el siglo XXI.

Una descripción que coincide en buena manera con la radiografía que ofrece el análisis de los datos que la Conferencia Episcopal presenta cada año en su memoria anual: una Iglesia sumida en un proceso de secularización, con una pérdida continuada de fieles y de efectivos (sacerdotes, religiosos y catequistas) y donde la celebración de los sacramentos se ve abocada hacia lo residual.

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La secularización y el Covid-19 redujeron significativamente el número de comuniones en 2020 – Foto: Maya Balanya

La Iglesia multiplica su acción social durante la pandemia pero baja la celebración de los sacramentos.

La pandemia del Covid dejó en 2020 una Iglesia más social y asistencial pero menos sacramental. Mientras la institución desplegaba 680 nuevas acciones asistenciales y su labor social llegaba a más de cuatro millones de españoles, los bautizos y matrimonios en las parroquias alcanzaban su mínimo histórico. Menos de un tercio de los nacidos en 2020 (100.222 bautizos de 341.315 nacidos, un 29,36%) fueron bautizados en la iglesia y solo 12.679 parejas optaron por celebrar su matrimonio en los templos católicos, un 13,98% de los 90.670 enlaces que se produjeron en España en ese año.

Los datos han sido ofrecidos este miércoles por la directora de la Oficina de Transparencia de la Iglesia, Ester Martín, y el secretario de la Conferencia Episcopal, monseñor Luis Argüello, dentro de la Memoria de actividades de la Iglesia, que cada año presenta como uno de los compromisos con «la sociedad para dar cuenta de su actividad y del destino que se da a los recursos recibidos de la Asignación Tributaria».

La declaración del estado de alarma en marzo de 2020 cerró los templos durante tres meses, pero no la actividad de la Iglesia. Diócesis, congregaciones religiosas, parroquias y grupos de laicos pusieron en marcha 680 nuevos proyectos para atender a las necesidades derivadas del covid-19. Una acción que se unía a la labor habitual de entidades eclesiales como Cáritas y Manos Unidas. En 2020 un total de 4.030.871 personas fueron acompañadas y atendidas en alguno de los 9.222 centros de la Iglesia, 246.000 más que en el año anterior.

La crisis generada por la pandemia llevó a la Iglesia católica a crear fondos de emergencia y solidaridad para desarrollar 359 acciones que ayudaron en diversos campos como familias, inmigrantes, ancianos, enfermos y afectados por los ERTE. Además, se desarrollaron 175 iniciativas para mantener la catequesis en los hogares y la atención espiritual a través de nuevos canales, como internet y las redes sociales. Las celebraciones online sustituyeron a las presenciales.

En el campo sanitario, las diócesis desarrollaron 89 proyectos con la cesión de espacios para asistencia, la compra de material sanitario, y el establecimiento de asistencias 24h de capellanes hospitalarios y sacerdotes. Dentro de la educación y la formación, 57 proyectos buscaron dar formación on line, talleres virtuales, ofrecer la apertura virtual del patrimonio cultural o procesiones de Semana Santa virtuales. También se cedieron buena parte de los espacios parroquiales para áreas educativas, entrega de material educativo y ordenadores.

Un esfuerzo que tuvo un alto coste para la Iglesia. Casi la mitad de las diócesis españolas (34 de 69) entraron en déficit. «2020 fue un año especial para gastar», ha explicado la directora de la Oficina de Trasparencia, que ha añadido que «la Iglesia no puede dejar de hacer y de ser lo que es». El cierre de los templos provocó una disminución del 7% de las aportaciones de los fieles, aunque la cantidad recibida a través del IRPF fue de 297 millones, la segunda más alta de la historia.

Un presupuesto que se multiplicó, según ha explicado Ester Marín, porque «la Iglesia devuelve a la sociedad el doble de lo que recibe, sólo en actividad asistencial». «La Iglesia genera un valor económico para la sociedad de 589,6 millones de euros, un presupuesto mayor que la tercera comunidad autónoma en el ranking de gastos de actividades asistenciales», ha añadido.

Por otra parte, en los últimos años la Iglesia lleva experimentado una crisis en cuanto a efectivos y la celebración de los sacramentos que la pandemia ha contribuido a acelerar. Por un lado, el número de sacerdotes se ha reducido en 392 desde 2019, hasta situarse en 16.568. Más abultado ha sido el descenso en el número de religiosos, que perdieron 1.779 efectivos en 2020, para quedar en 35.507. La mayor parte de este descenso se debe a fallecimientos, y es que los religiosos, dada su elevada edad y la vida en comunidad, fueron uno de los colectivos más afectados por el covid-19.

Descenso en la celebración de los sacramentos

En cuanto a la celebración de los sacramentos, la reducción también llama la atención. En 2007, el primer año en que la Conferencia Episcopal facilitó datos de este tipo, fueron bautizados 325.271 niños, un 66,04% de los nacidos ese año. Sin embargo, en 2019, último año sin efecto pandemia, la relación de bautizados con respecto a nacidos bajó por primera vez del cincuenta por ciento, para quedar en un 48,76% (175.844 bautizos frente a 360.617 nacimientos). Los efectos de la pandemia redujeron en 2020 los bautizos a menos de un tercio de los nacidos. Hay que tener en cuenta en cuenta que el dato de bautizados ofrecido por la Iglesia también incluye a los adultos, por lo que los porcentajes serian ligeramente inferiores.

Mucho más significativa ha sido la reducción en las bodas celebradas en la Iglesia. En 2007 más de la mitad de las parejas seguían optando por la Iglesia para celebrar su matrimonio. Así, 1113.187 de las 204.772 bodas que se celebraron ese año fueron en un templo, un 55,27%. El porcentaje se fue reduciendo progresivamente hasta 2019, cuando sólo el 22,13% de los matrimonios fueron por la Iglesia (36.650 de 165.578 totales).

El confinamiento, y las restricciones de movilidad y reunión impuestas por la pandemia, redujeron drásticamente el número de matrimonios en España en 2020, hasta los 90.670, casi setenta y seis mil menos que en el año anterior. Un descenso que en los matrimonios religiosos fue todavía mayor, pues supusieron poco más de un tercio de los celebrados en 2019. Sólo 12.679 parejas confiaron en la Iglesia para celebrar su boda, un 13,98 del total.

Preguntado por este diario, monseñor Argüello ha explicado que «el descenso que se aprecia tiene que ver con la pandemia, lo cual no quiere decir que sea el único motivo». En ese sentido ha recordado que «estuvimos varios meses con los templos cerrados y era 'temporada alta' de algunas celebraciones eclesiales», como la Semana Santa, las primeras comuniones y las bodas, por lo que muchas personas «tomaron la decisión de aplazarlo para el año siguiente». Una decisión motivada no solo porque «estuvimos cerrados, sino porque cuando se abrió fue con reducción de aforo y las lógicas prevenciones de seguridad». Sin embargo, el secretario de la Conferencia Episcopal ha reconocido que aquella situación «no quita que si miramos la serie histórica veamos un proceso de secularización».

La pandemia también provocó que el único sacramento que aumentó su celebración en 2020 fuera la unción de enfermos. 29.627 creyentes participaron en este sacramento que se suele administrar a personas enfermas, ancianas o en peligro de muerte. En 2019 habían sido 25.122 los que acudieron a la unción. Las primeras comuniones también se redujeron, 161.950 en 2020 frente a las 204.618 de 2019, al igual que las confirmaciones, que bajaron de 124.258 en 2019 a 79.447 en 2020.

En cuanto a las eucaristías, el número no disminuyó ya que, como ha explicado Ester Martín, frente al fenómeno de las iglesias cerradas, «la actividad celebrativa no presencial tuvo un crecimiento exponencial gracias a las retransmisiones online y por televisión». Como dato ha explicado que «13 millones de personas distintas vieron y se conectaron a Trece TV [la televisión de la Conferencia Episcopal] para seguir alguna celebración», durante los meses de confinamiento.

 

José Ramón Navarro-Pareja

ABC, 23 de mayo 2022