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Vivimos en una sociedad en blanco y negro que demasiadas veces no admite matices, ni color. La sociedad de Jesús también era así, con multitud de etiquetas que te colocaban dentro o fuera de la sociedad y te hacían o no digno de Dios. El amor de Dios no entiende ni de grises, ni de etiquetas. Es hora de pintar de colores la vida que Él pone en nuestras manos. Nosotros, ¿levantamos barreras o las destruimos?