comentario editorial

Quien me ha visto al Padre (Juan 14, 9)

19 de enero. SEGUNDO DOMINGO DEL TO

Jn 1, 29-34

Yo le he visto

Todos en Nazaret preguntaban quién era aquel hombre que tan sabiamente hablaba, y todos querían verle.

Es un profeta, respondían, y querían saber qué era lo que profetizaba: unos dijeron que todo, otros dijeron que nada.

Y contestó el evangelio un tanto molesto por la falta de conocimiento de la gente: Muchas cosas ¡y todas ellas se cumplieron! La mayoría de ellas en su vida y las restantes luego”.

La gente dijo: ¿Cuáles?

Y el evangelio respondió airado, citando Juan 21,18-19:

Te aseguro que cuando eras joven tú mismo te vestías e ibas a donde querías. Pero cuando seas viejo, extenderás tus brazos, y otro te atará y te llevará a donde no quieras.

Y dándose por aludidos huyeron asustados, como en cierta ocasión hizo también Pedro. 

Los fariseos estaban entre ellos y se atrevieron a decir a Jesús y al evangelio: 

Di a tus discípulos que se callen

Y otro y uno respondieron:

Si estos se callan, hablarán las piedras. 

Y un grupo de griegos, ajenos al pueblo judío, le piden a Felipe: 

Queremos ver a Jesús.

Y fueron con él a verle

Queremos ver a Jesus

Y, vieron que aquel Jesús de Nazaret era, como apunta José Antonio Pagola en uno de sus libros:

Un galileo fascinante, que ha marcado decisivamente la religión, la cultura, y el arte de Occidente hasta imponer incluso calendario

¿Y qué se necesita para ver a Jesús? En primer lugar, mirarle a los ojos fija y confiadamente, después seguirle, para colaborar en su tarea, para estar en lo que él estaba, para ocuparse de lo que él se ocupaba, para tener las metas que él tenía.

Un hombre como nosotros, partícipe de nuestras flaquezas. Un regalo del amor que no se compra, ni se vende, y que basta con recibirlo con el corazón abierto

Y como le buscaron, le encontraron y le vieron, como le ocurrió a Santa Teresa.

 

ALMA, BUSCARTE HAS EN MÍ

Alma, buscarte has en Mí,
y a Mí buscarme has en ti.

De tal suerte pudo amor,
alma, en mí te retratar,
que ningún sabio pintor
supiera con tal primor
tal imagen estampar.

Fuiste por amor criada
hermosa, bella, y así
en mis entrañas pintada,
si te perdieres, mi amada,
Alma, buscarte has en mí.

Que yo sé que te hallarás
en mi pecho retratada,
y tan al vivo sacada,
que si te ves te holgarás,
viéndote tan bien pintada.

 

Vicente Martínez