comentario editorial

La voluntad de ganar, el deseo de triunfar, y la necesidad de alcanzar tu máximo potencial, esas son las claves que abrirán la puerta a la excelencia personal (Confucio)

16 de agosto. DOMINGO XX DEL TIEMPO ORNINARIO

Mt 15, 21-28

Entonces Jesús le contestó: Mujer, ¡qué fe tan grande tienes! Que se cumplan tus deseos (v 28)

Un relato que ilustra las enseñanzas de Jesús, y que trata de una mujer pagana, que según la mentalidad religiosa judía, estaba excluida y era impura.

El escenario se sitúa en la zona de Tiro y Sidón, tierra extranjera.

Tras los gritos de angustia de la cananea:

¡Ayúdame, Señor!

Expresión de una fe que surge de la pureza del corazón, se entabla un diálogo entre Jesús y la mujer en presencia de los discípulos, que querían despedirla como a una intrusa que no merecía la atención del Maestro.

Un episodio que plantea un dilema: a Jesús, no parece interesarle la suerte de quienes no pertenecen étnicamente al pueblo israelita.

Sin embargo, esta escena hay que interpretarla que interpretarla desde las claves misioneras y culturales que nos proporciona el evangelio.

Las aparentes objeciones de Jesús a realizar el milagro, reflejan en realidad las objeciones de la comunidad de la comunidad cristiana. Representada aquí por los discípulos, y que no acababa aún de digerir la presencia de su seno consentido de creyentes convertidos del paganismo; es como si Jesús pusiera objeciones para negarlas después con el milagro.

Jesus y la mujer cananea

El exclusivismo racial de su herencia judía pesaba mucho aún sobre aquellos judeocristianos de las primeras generaciones.

Pero el don de la fe no conoce fronteras de raza, cultura o condición social de ningún modo.

Con este milagro y la alabanza pública de esta mujer, Jesús está señalando la nueva comunidad universal, que ha venido a inaugurar como alternativa, a todos los exclusivismos de su tiempo y del nuestro.

En nuestra Iglesia de hoy, como en la israelita, sigue habiendo malévolos deseos de condenar a quienes no creen como ellos, y mandarlos a la hoguera: eran los mejores tiempos de la Santa Inquisición.

Han perdido la memoria de aquellos tiempos lejanos, y no tienen en su mente, que quienes merecían ser condenados a la misma penitencia, debían haber sido ellos.

Como tampoco recuerdan, o ni tan siquiera conoce a Sigmund Freud, que dejo escrito en una carta esto:

“En tanto que se haga a los hombres buenos y felices, con o sin religión, Dios dará su aprobación a esta obra sonriendo.

Y todos sabemos muy bien, que Freud no era cristiano.

Dijo Confucio: “La voluntad de ganar, el deseo de triunfar, y la necesidad de alcanzar tu máximo potencial, esas son las claves que abrirán la puerta a la excelencia personal”.

Entonces Jesús le contestó: “Mujer, ¡qué fe tan grande tienes! Que se cumplan tus deseos” (Mateo 18, 28)

En este Poema lo cantó un gran poeta español llamado “Fénix de los ingenios y Monstruo de la Naturaleza”.

 

LUCINDA

Deseando estar dentro de vos propia,
Lucinda, para ver si soy querido,
miré ese rostro, que del cielo ha sido
con estrellas y sol natural copia;

y conociendo su bajeza impropia,
vime de luz y resplandor vestido,
en vuestro sol, como Faetón perdido,
cuando abrasó los campos de Etiopia,

Ya cerca de morir dije «Tenéos,
deseos locos, pues lo fuisteis tanto,
siendo tan desiguales los empleos».

Mas fue el castigo, para más espanto,
dos contrarios, dos muertes, dos deseos,
pues muero en fuego y me deshago en llanto.

Lope De Vega

Vicente Martínez