Estimados amigos, comparto con ustedes mis humildes impresiones al leer el artículo de José María Castillo, El Papa Francisco, un papa universal.

Si en muchas cosas el querido Francisco nos está dando enseñanza, una de ellas para mí, es el amor a la iglesia. Me explico. Desde la elección de Benedicto XVI, muchos de nosotros, (entre ellos yo), no quedamos conformes. Más aún, quienes nuestro camino espiritual y crecimiento humano nos llevaba por sendas de renovación personal y social, buscando despojarnos de enseñanzas poco evangélicas y liberadoras.

Para muchos coetáneos míos (estoy cercana a cumplir mis 30 años), Benedicto fue de alguna manera, (un poco por acciones y palabras inoportunas suyas, un poco por espectativas y exigencias nuestras), blanco de nuestra desilusión, y merecedor de no pocas críticas, y "encarnación" de esa iglesia no deseada, como cuando el adolescente se revela contra sus padres buscando liberarse de los mandatos impuestos, si vale el ejemplo.

Sin embargo, Francisco, por la formación jesuítica que tiene, ha venido a enseñarme algo que tantas veces leí, recé, y busco encarnar en mi vida, que es el sentir con la iglesia. Quien guste tomarse el tiempo, encontrará en el libro de los ejercicios espirituales de San ignacio de Loyola, las Reglas para sentir en la iglesia. Y creo que en esto radica el sincero respeto que Francisco expresa a su predesesor, cada vez que puede, ya desde la misa de comienzo de su pontificado, 19 de marzo, día de San josé, honomástica del papa emérito.

Me adhiero al comentario de José María Castillo acerca de la Paternidad del papa sobre todos los cristianos. Así como la iglesia es madre de todos, también el papa es padre y pastor de todos, y respeta los procesos de cada persona.

Por último, comparto una frase que mucho me ayudó, de un sacerdote querido de mi parroquia "la iglesia tiene dos pies, uno derecho, y otro izquierdo; a veces se apoya en uno, a veces se apoya en el otro, y así es que podemos seguir caminando..."

Abrazo en Cristo de la Esperanza, Ornella