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Fecha de Creación (Inicio - Fin)

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CORREO ABIERTO A JESÚS DE NAZARETH

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Querido amigo Jesús:

Escribo este correo, no sé si a ti, a mí o más bien a ti en mí, único lugar donde, con seguridad, te puedo hallar. Y lo hago desde esta nueva orilla de mí mismo, construida tras un profundo y largo carenado -doloroso a veces- de tantas impertinentes y fastidiosas adherencias sobrevenidas al casco original de mi navío.

La confianza en los términos, entrañable Jesús, me la da el hecho de haber buceado en la "Historia Universal del Sentido Común" –inscrita, en épocas, en el Índice de Libros Prohibidos por los tuyos- y haberte descubierto nacido como yo de hombre y de mujer.

También tu estás necesitando un intenso carenado de toda la parafernalia con la que, no tú sino tus seguidores de antaño –y de hogaño-, te han transfigurado: falsedad en documento público –tu partida de nacimiento-, milagrosos poderes jamás soñados por ti, resurrección carnal soñada por otros, transubstanciaciones inciertas, títulos gratuitamente otorgados: los cetros y las coronas jamás te han sentado bien. ¡El verdadero milagro es que un navío tan magníficamente diseñado como el tuyo se haya podido mantener a flote a pesar de tanta tropelía!

Tuviste siempre los pies –y también el corazón y la cabeza- razonablemente clavados en la tierra. (Lo de la cruz fue otra historia que todavía hoy cruje viva en cada hora sexta sobre la conciencia de todo el universo).

Antes de alcanzar ese "nacer de nuevo" que un día propusiste a Nicodemo, te consideraba infinitamente lejano, inalcanzable en un mundo exterior que ni la fe me permitía honradamente vislumbrar. Ahora, desde ese tu otro horizonte –y desde el otro mío-, te veo hijo de Dios por creación. Circunstancia ésta no baladí, que me hace hermano tuyo y nos hermana a cuantos seres vivos muertos han sido llamados un día a la existencia.

El bautismo que tú también recibiste de Juan, no es otra cosa que una evocación de ese nacer a la VIDA: la divina y la humana. Tú nunca te sentiste responsable de un pecado, sospechosamente llamado original que, procedente de ancestrales relatos míticos, nadie sabe realmente qué es, ni quién lo cometió. Además, ¿no te parece, Jesús, que aquello de "hijos de Dios por el bautismo" es poco cristiano –y perdón por las alusiones- puesto que une a unos separándoles de todos los demás?

Sí, en cambio, pudiste llamarte con toda propiedad Hijo de Dios porque un día descubriste en los entresijos de ti mismo esa chispa trascendente –incontestablemente divina y que todos compartimos- que te hacía ser parte del Padre: y a Él totalidad de todo lo existente ¡Cómo te agradezco esa revelación! Con ella me has permitido entender que yo también puedo serlo, como tú! Y por eso te tuteo, claro.

De esta manera -y aunque no lo entiendo del todo- tu eres más yo, y yo puedo ser más tú. En tu caso, porque lograste ya la plenitud divina en tu plenitud humana. Y en el mío, porque caminando hacia ti dentro de mí, me siento peregrino con voluntad de alcanzarla.

Tu humanidad se fue hace dos mil años ignominiosamente atravesada por los clavos y la lanza de unas leyes cuya letra encadenaba, pero tu espíritu, en cambio, se quedó salvador y libre con nosotros.

Te agradezco de veras el detallazo del pan y del vino para que lo compartiéramos con los demás en memoria tuya y a modo de sacramento.

Tuyo para siempre, entrañable amigo Jesús, desde mi desnudez y en la tuya,

Vicente.

 

Vicente Martínez

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