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PEDRO CASALDÁLIGA: 90 AÑOS DE CAMINADA. RETRATO EN CATORCE IMÁGENES

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Una Iglesia en conflicto con el latifundio

Cataluña es la patria de Pedro Casaldàliga y Balsereny (Barcelona) el pueblo donde nació hace 90 años en el seno de una familia campesina. En 1968 su vida dio un giro copernicano: partió como misionero claretiano a Brasil y nunca más volvió a su tierra natal, ni siquiera con motivo del fallecimiento de su madre. Así lo prometió cuando se embarcó camino de América Latina y, fiel a su promesa, lo ha cumplido. Pero lleva a Cataluña en el corazón y en la cabeza. Allí tiene sus raíces, su familia, sus amigos y amigas, organizaciones solidarias con sus proyectos de promoción y liberación. 

Patria suya es también Brasil, donde llegó como misionero claretiano en 1968. Tres años después era elegido obispo de São Félix do Araguaia, en el Mato Grosso. Todo en aquella ordenación episcopal fue distinto, nuevo, original, heterodoxo, revolucionario, pero entonaba perfectamente con el paisaje y el paisanaje, con las personas que acompañaban a Pedro y participaban en la celebración. 

Sus insignias episcopales fueron un sombrero de paja que le entregó un líder campesino, un remo-borduna hecho de ‘pau-brasil’ por un indio tapirapé, ofrecido por el jefe de la tribu, a guisa de báculo pero con un significado distinto, un anillo donado por amigos españoles, que devolvió a España para su madre. “No tengo ningún capisayo ni pienso llevar ninguna insignia”, confesó. Y lo ha cumplido

El mismo día de su consagración episcopal publicó una Carta Pastoral subversiva titulada Una Igreja da Amazônia em conflicto com o latifundio e a marginalizacâo, que puso en guardia a los detentadores del poder: dictadura militar, terratenientes, políticos. Su difusión fue prohibida por el director de la policía federal. De entonces para acá no ha cesado de sufrir persecución por parte de los poderes que se han aliado para atentar contra el “profeta de los pobres”. El Mato Grosso era una región con un elevadísimo grado de analfabetismo y marginación social y donde reinaba el más salvaje latifundio. “En esta zona –escribía– se mata y se muere más que se vive. Matar o morir es más fácil aquí, más al alcance de todos, que vivir”.  

El propósito de Casaldàliga era construir una Iglesia comprometida con las aspiraciones reivindicaciones de las comunidades indias, afrodescendientes, de los posseiros y peones, sin honras ni poder, en lucha contra el latifundio y toda forma de esclavitud. Una Iglesia, por ello, perseguida por los dueños del dinero, de la tierra y de la política, sin ‘tiburones’ ni explotadores del pueblo, formada por pequeñas comunidades de base desparramadas por las calles y sertâos, con una estructura participativa, corresponsable y democrática. 

Iglesia popular y teología de la liberación

Ese modelo de Iglesia no se quedó en el papel de la Carta Pastoral, sino que pronto se hizo realidad en São Félix, como estaba sucediendo en otras iglesias de América Latina, dando lugar al nacimiento de la iglesia de los pobres, que durante los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI fue siendo desmantelado poco a poco por el Vaticano. Es esta iglesia popular la que se encuentra en la base de la teología de la liberación -guía ideológica de Casaldáliga-, que él mismo cultiva creativamente a través de sus libros de gran hondura espiritual, sentido místico, inspiración poética, denuncia profética, carácter social, actitud revolucionaria y, sobre todo, con su ejemplo de vida. 

Una teología que, a pesar de las permanentes sospechas y condenas de Roma, sigue viva y activa en el nuevo y ahora poco esperanzador escenario latinoamericano, y se reformula en los nuevos procesos históricos con la incorporación de nuevos protagonistas: comunidades indígenas, campesinas, afrodescendientes, movimientos feministas, ecologistas, interreligiosos, LGTBI, y de nuevas categorías: interculturalidad, diálogo interreligioso, feminismo, ecología, territorio, agua, vida, martirio, etc. 

Fue en el Mato Grosso donde se despertó en él la conciencia global e internacionalista, hasta convertirse en el obispo más “católico” en el sentido etimológico del término: “universal”. Una conciencia global que ha desarrollado a través de la defensa de las causas de los perdedores de la historia y del apoyo a los movimientos de liberación del mundo entero. 

En ese sentido, Pedro es, un ejemplo de globalización desde abajo, desde las víctimas, en otras palabras, de la alterglobalización de la esperanza frente al pesimismo instalado en la sociedad. O mejor dicho, ejemplo del movimiento glocalizador, que compagina las causas y las luchas de emancipación de los pueblos locales y las globales   

Por todo ello no tardaron en llegar las persecuciones de los diferentes poderes confabulados: militares, terratenientes y políticos protectores de los latifundistas, incluido el Vaticano, tras la muerte de Pablo VI –que siempre le protegió-. “Quien toca a Pedro toca a Pablo”, decía el Papa. Se sucedieron las amenazas de muerte y los atentados contra su vida, en uno de los cuales fue asesinado el sacerdote João Bosco.

16 de febrero, efemérides para festejar y mirar al futuro

El pasado 16 de febrero Pedro cumplió 90 años. Una efemérides para celebrar, conmemorar, festejar, para hacer memoria subversiva de una vida igualmente subversiva, como él mismo reconoce: “Me llaman./Me llamarán subversivo./ Y yo les diré: lo soy./ Por mi pueblo en lucha vivo./ Con mi pueblo en marcha voy./ Tengo fe de guerrillero/ y amor de revolución./ Y entre Evangelio y canción/ sufro y digo lo que quiero”. Una vida comprometida con las causas de liberación de los pueblos oprimidos que, según su humilde decir, “son más importantes que mi vida”. 

Pero es también una efemérides para mirar al futuro con esperanza en medio de la oscuridad del presente y de los nubarrones que se ciernen por doquier, y muy especialmente en Brasil, donde una cuádruple alianza entre la oligarquía –principal blanco de sus críticas-, el neoliberalismo –al que llama la gran blasfemia del siglo XXI-, una parte de la judicatura y la “bancada parlamentaria evangélica” ha derrocado a Dilma Rousseff, presidenta elegida democráticamente, ha colocado al frente de la República a un presidente que está al servicio de la oligarquía y quiere impedir a Lula ser candidato a las elecciones presidenciales de 2018.

Durante varias décadas he mantenido una fluida comunicación epistolar con Pedro. He leído sus textos. He seguido su itinerario vital e intelectual. He escuchado testimonios de amigos comunes. Le he enviado mis libros, el último Teologías del Sur. El giro descolonizador (Trotta, 2017) hace escasamente una semana. En 2012 le dediqué Invitación a la utopía con estas palabras: “A Pedro Casaldáliga, profeta de la utopía-en-acción con la mirada puesta en Otro Mundo Posible”. Su respuesta agradecida y con sentido del humor fue: “me has canonizado en vida, cuando soy un pecador”  

En sucesivos artículos de este blog desarrollaré, en catorce imágenes, la originalidad de su pensamiento, la ejemplaridad de su vida y las causas por las que ha luchado y han dado –y siguen dando- sentido a su fecunda y larga existencia: 1. Poeta. 2. Revolucionario internacionalista. 3. Intelectual crítico. 4. Ecologista. 5. Defensor de las causas indígena y negra.  6. Defensor de la causa de las mujeres. 7. Opción por el diálogo intercultural, interreligioso e interétnico. 8. Obispo en rebelde fidelidad e insurrección evangélica. 9. Profeta. 10, Místico y contemplativo en la liberación. 11. Teo-poeta de la liberación. 12. Misionero al servicio de la liberación. 13. Obrero de la utopía en construcción. 14. Espiritualidad contrahegemónica.

1. Poeta, esteta de la palabra encarnada

Pedro Casaldáliga cultiva la poesía desde su juventud. Sus poemas “cambian según va cambiando el poeta” afirma la filósofa polaca Zofía Marzoc, especialista en la teología de la liberación. He aquí algunos de los títulos de su amplia creación poética: 

-Clamor elemental (1971), donde podemos leer el siguiente poema: “No tener nada./ No llevar nada./ no poder nada./ No pedir nada/ Y, de pasada/ No matar nada./ No callar nada./Solamente el Evangelio/ como una faca afilada”.

Tierra nuestra, libertad (1974), prologado por Ernesto Cardenal.

Me llamarán subversivo (1988), con poemas a los revolucionarios latinoamericanos Augusto César Sandino, Carlos Fonseca Amador, a los mártires cristianos: Oscar Arnulfo Romero y Enrique Angelelli; teólogos de la liberación: Gutiérrez y Boff;.el poema “A Reagan”, que recuerda a “Oda a Roosevelt”, de Rubén Darío. 

Todavía estas palabras (1990), con el poema “Maldita sea la cruz”, que acabo de citar.

Sonetos neobíblicos precisamente (1996), prologado por el poeta José Valverde.

Pedro es maestro del bien decir, esteta de la palabra “encarnada”. Yo le considero uno de los mejores poetas latinoamericano. Me parece literariamente injusto  que no tenga ese reconocimiento. En España ciertamente no lo tiene. En América Latina, quizá algo más, pero no el que merece. Juega con el lenguaje que en sus versos se torna canción. Muchos de sus poemas han sido “musicados” por prestigiosos cantantes

La palabra es su verdadero hogar; la poesía, su gran pasión. A través de ella expresa la estética de la existencia, de la vida, de la fe, y desvela la belleza del mundo, pero también su miseria, las dichas de los humanos, pero también sus desdichas, las esperanzas de los pobres, pero también su indignación y su protesta; alivia los sufrimientos, pero sin recurrir a bálsamos engañosos sino al ungüento de la com-pasión y la com-pañía, de la solidaridad y la solicitud, de la ternura y la protesta. 

Ética y estética son inseparables en su poesía, que se convierte en palabra-en-acción, profecía-en-acción, palabra-en-esperanza, palabra-para-el-camino, voz de las voces silenciadas, bálsamo para las heridas, aliento revolucionario, grito contra la injusticia, palabra indignada contra la negación de la dignidad de los pobres., instrumento no violento contra la pobreza y las causas que la generan. Su poesía nunca se torna discurso que llame a la resignación ante la desdicha ni a la humillación impuesta por los poderosos, sino que llama a la rebelión.

2. Revolucionario internacionalista

“Nada humano me es ajeno”, escribió el dramaturgo latino Terencio. Ninguna causa popular que se juegue en la esfera internacional le es ajena a Pedro. Tampoco ninguna revolución. A todas ellas ha acompañado, visitando a sus líderes, poniéndose del lado de los pueblos en lucha y celebrando con ellos la liberación una vez que esta se ha producido y cantando a sus héroes y libertadores.

Pedro demuestra su internacionalismo solidario no haciendo turismo por el Norte Global, sino recorriendo las tierras y los pueblos del Sur, del Sur Global, que como dice Boaventura de Sousa, es la metáfora del sufrimiento sistémico e injusto de los pueblos oprimidos por el colonialismo, el capitalismo, el patriarcado, los fundamentalismos, el racismo, la depredación de la naturaleza, sistemas de dominación más poderosos que la democracia.

3. Intelectual crítico

Pedro Casaldàliga no figura entre los analistas políticos e intelectuales más renombrados. Sin embargo lo es y de muy alto nivel, como demuestran sus escritos en que los que ofrece rigurosos y lúcidos análisis políticos, económicos y religiosos. La presentación que cada año hace de la Agenda latinoamericana es la mejor prueba de su excelente información, del profundo conocimiento de la realidad, de su sensibilidad a flor de pie para detectar los problemas, responder a los desafíos globales y locales y proponer alternativas. Es analista crítico, sí, pero no iconoclasta.

Casaldàliga no acepta la realidad tal como es, ni se instala cómodamente en ella, sino que se pregunta cómo debe ser y busca su transformación a través de la praxis. Ofrece narrativas alternativas a los relatos oficiales, construye espacios de convivencia y diálogo y argumenta en favor de los binomios paz y justicia, libertad e igualdad. Critica a todos los poderes: religioso, político, económico, a los poderes oscuros del Vaticano,  al imperialismo, al colonialismo, el capitalismo, al patriarcado. 

No quiere ser cómplice de la negatividad de la historia, pero tampoco catastrofista. Sus análisis rezuman esperanza. 

4. Ecologista  

Pedro reclama el derecho de los pueblos originarios –verdaderos ecologistas- a su territorio, a sus tierras, ocupadas ilegal e injustamente  por terratenientes sin entrañas que las explotan, y exige el reconocimiento de los derechos de la Madre Tierra (Pacha Mama) que esos pueblos consideran sagrada y con la que forman una comunidad eco-humana.  

Pedro hace suya la causa de la tierra. En diciembre de 2012 se sucedieron nuevas amenazas de muerte, a las que ya venía sufriendo tiempo atrás. Fueron las más serias y las que le llevaron a alejarse de la residencia donde vive desde hace cinco décadas y a contar con protección policial. El desencadenante de las amenazas fue la sentencia judicial que obligaba a la retirada de los ocupantes no-indígenas de las tierras de Maraiwatsèdè, que se encuentran en el territorio de la diócesis de Sâo Félix, y a su devolución al pueblo Xavante, cuyos derechos garantiza la Constitución Federal de Brasil. Una causa que Pedro viene defendiendo desde hace décadas. Contó con el apoyo de la presidenta de Brasil Dilma Rousseff, la solidaridad del Parlamento brasileño y la protección de la policía Federal. 

5. Misionero al servicio de la liberación

Casaldàliga no fue a Brasil a convertir a “infieles”, ni a colonizar a indígenas, sino a llevar a cabo una evangelización liberadora con solo el Evangelio como buena noticia para los pobres y mala noticia para los causantes de la pobreza estructural. Allí tuvo lugar su conversión al Dios de los desposeídos y al Cristo liberador. Los primeros meses en el Mato Grosso le transformaron, y enseguida surgió una complicidad indestructible con los condenados de la tierra de ese lugar tan castigado por el latidundio. Al poco de llegar allí describía así la realidad con la que se encontró: 

“Vivo en una zona de latifundios escalofriantes, destinados a la explotación agropecuaria y a la explotación del hombre por el hombre. Tierra sin ley, aún ahora con frecuencia. Una especie de Far-West amazónico, muy semejante al norteamericano en la violencia y en la voluntad de “desbravar tierras vírgenes”. 

En medio de esta realidad el misionero catalán vive la experiencia de la fe, del amor y de la justicia en dos direcciones: hacia Dios y hacia el prójimo, siguiendo el mensaje de Jesús de Nazaret, que pone en el mismo plano los dos amores y establece la más radical incompatibilidad entre el amor a Dios y el amor al Dinero, convertido este en ídolo. 

6. Profeta, despertador de conciencias adormecidas

Pedro Casaldáliga vive la experiencia de la misión no construyendo templos ni creando una potente administración eclesiástica, sino ejerciendo el profetismo. Como los profetas de Israel, Jesús de Nazaret y Bartolomé de Las Casas, despierta las conciencias adormecidas, revoluciona las mentes instaladas y denuncia las injusticias del sistema. Anuncia el reino de Dios que traduce como Otro Mundo Posible en sintonía con los movimientos sociales e intenta hacerlo realidad en la historia con la gente marginada, con quien comparte hambre y pan, vida y muerte. Muerte a la que desafía con lenguaje lorquiano:

Que me rondarás en mí, / o en los pobres de mi Pueblo, / o en las hambres de los vivos, / o en las cuentas de los muertos. / Me rondarás, bala, / me rondarás, noche, / me rondarás, ala, / me rondarás, coche. / Me rondarás, puente, / me rondarás , río,/ secuestro, accidente, / tortura, martirio”. 

El latifundio ha sido permanente blanco de sus críticas, de sus denuncias proféticas, y las instituciones legitimadoras de ese mal endémico en Brasil, la causa de su indignación. Con motivo de los conflictos de Santa Teresinha lo expresaba poéticamente en 1972: “Maldito sea el latifundio / salvo los ojos de sus vacas/. Maldita sea la Sudam,/ su amancebada”. Se refiere al corrupto organismo estatal Sudam (Superintendência de Desenvolvimento de Amazônia), que fue clausurado por el presidente Fernando Henrique Cardoso el 2001.

7. Místico y contemplativo en la liberación

Pedro vive la experiencia religiosa no evadiéndose de la realidad, pero tampoco instalándose cómodamente en ella, sino ubicándose en ella críticamente de la realidad para transformarla. No hay en él separación entre teoría y práctica, como tampoco entre espiritualidad y compromiso. La espiritualidad es la fuente de su compromiso; el compromiso da contenido histórico a la espiritualidad. Encuentra a Dios en los rostros de los empobrecidos y habla con él en el silencio meditativo.  

Su oración no es evasiva, sino radicada en la Tierra, cual los salmistas Israel, a quienes tan bellamente recreara en sus Salmos neobíblicos precisamente, como antes lo hiciera otro poeta místico latinoamericano, el nicaragüense Ernesto Cardenal. En su experiencia de creyente-orante-militante hace presentes ante Dios Padre y Madre los sufrimientos y las angustias de los seres humanos y revela a los pobres al Dios liberador de todos los éxodos de la humanidad peregrinante, al Dios de Justicia, al Dios compasivo y misericordioso, al Dios de la vida que lucha contra los ídolos de muerte.

8. Teólogo de la liberación  

Pedro piensa la fe liberadoramente, la vive esperanzadamente, la practica a través de la solidaridad, que él mismo llama “la ternura de los pueblos”, se pone del lado de las teólogas y los teólogos de la liberación represaliados y da razón evangélica de las razones de los pobres.  

No se reconoce teólogo, pero lo es, aunque con otro modo de pensar y de decir, más parecido al lenguaje simbólico con que comenzó la teología cristiana en la voz del Nazareno, que al empleado por los profesionales del discurso sobre Dios en sus tratados teológicos. Es un teólogo que no utiliza el lenguaje dogmático porque sabe muy bien que en el principio fue el Evangelio y no el dogma, la Buena Noticia y no los anuncios catastrofistas. Recurre a la parábola, al símbolo, que son el lenguaje propio de las religiones, a la narración y a la poesía, que le permiten expresar no las verdades del “depósito de la fe”, sino los sentimientos de “fraternura” y las prácticas liberadoras. 

Es el teólogo siempre presto a dar razón de la fe-esperanza y a solidarizarse con las teólogas y los teólogos perseguidos. Y lo hace no por medio de largas cadenas de argumentos, sino con un lenguaje que brota de la experiencia compartida, de la lucha por los derechos de la tierra y de los pobres, de la indignación por la negación de la dignidad de las mayorías populares. Junto con Ernesto Cardenal y Rubem Alves ha creado una nueva tendencia en la teología de la liberación: la teo-poética de la liberación1.

9. Obispo en rebelde fidelidad e insurrección evangélica

Desde el primer día de su actividad como obispo, Pedro revolucionó el ministerio episcopal y le dio un giro copernicano: del poder al servicio, la retaguardia a la vanguardia de la justicia, de la defensa de la ortodoxia al ejemplo de vida y a la praxis liberadora, de la alianza con los poderosos a la opción por los pobres. La pastoral que publicó el día de su consagración episcopal hizo temblar a los fazendeiros y abrió esperanzas de liberación entre los posseiros

Desde entonces ido siempre por delante, pero no con el báculo de mando, que nunca ha utilizado, sino con el cayado de pastor, acompañando a las comunidades campesinas, indígenas, negras de toda América Latina por el camino de la esperanza, que algún día puede desembocar en la utopía de la “Tierra sin Males”, muy presente y actuante en las tradiciones milenarias de Amerindia.

Pedro, defensor la vida de los empobrecidos, de los posseiros, de los excluidos del banquete neoliberal, de los indígenas, que mueren antes de tiempo, antes de haber vivido, es amenazado de muerte a diario. !Qué paradoja!  Su respuesta es el canto a la vida. Cercado por la violencia de los poderosos, ejerce su tarea pacificadora a través de la no-violencia activa, siguiendo la estela de los grandes pacifistas de ayer y de hoy:

Buddha, Confucio, Sócrates, Jesús de Nazaret, Francisco de Asís, los místicos y las místicas de todas las religiones, Gandhi, Luther King, Juan XXIII, Helder Cámara, Teresa de Calcuta, Enrique Angelelli, Rutilio Grande, Oscar Arnolfo Romero, Ignacio Ellacuría, sus compañeros mártires y Elba y Celina, las religiosas estadounidenses Dorothy Kasel, Ita Ford, Maura Clark y la colaboradora seglar Jean Donovan asesinadas en El Salvador, Dalai Lama, Chico Mendes, Rigoberto Menchú, Berta Cáceres, Vandana Shiva, Wangari Maathai, Sirin Ebadi, Amina Wadud, Fátima Mernissi, y defensores y defensoras de derechos humanos, sindicalistas, ecologistas,  etc. 

Sometido a la vigilancia vaticana por espías del “sistema eclesiástico”, mantiene su radicalismo evangélico sin romper los puentes de comunicación multidireccional. Desde la fidelidad al Evangelio ha logrado la síntesis entre revolución y canción, evangelio y subversión. 

Es muy consciente de que su modo de ejercer el episcopado escandaliza y lo justifica de esta guisa: “Si escandalizo, primero/ quemé el propio corazón/ al fuego de esta Pasión,/ cruz de Su mismo Madero”. Pero, ¿qué cruz? Hay una cruz que no puede ser bendecida, ni adorada, una cruz ante la que ninguna persona puede arrodillarse sumisamente en un acto de humillación indigna del ser humano. 

Es la cruz en la que son clavados los crucificados de la tierra a diario. ¿Qué hacer ante ella? Maldecirla, como hace el propio Casaldáliga en otro bellísimo poema de tono iconoclasta y subversivo, que algunos considerarán blasfemo, pero que, en realidad, es una denuncia contra la Iglesia que justifica la cruz y contra las humillaciones a las que son sometidos los seres humanos:

Maldita sea la cruz/ que cargamos sin amor/como una fatal herencia./Maldita sea la cruz/ que echamos sobre los hombros/ de los hermanos pequeños./ Maldita sea la cruz/ que no quebramos a golpes/ de libertad solidaria,/ desnudos para la entrega,/ rebeldes contra la muerte./ Maldita sea la cruz/ que exhiben los opresores/en las paredes del banco,/ detrás del trono impasible,/ en el blasón de las armas,/ sobre el escote del lujo,/ ante los ojos del miedo./ Maldita sea la cruz/ que el poder hinca en el Pueblo,/ en nombre de Dios quizás./ Maldita sea la cruz/que la Iglesia justifica/- quizás en nombre de Cristo-/cuando debiera abrasarla/en llamas de profecía./ ¡Maldita sea la cruz/ que no pueda ser La Cruz!

Cita: 

1 He analizado la Teo-poética de la Liberación en Juan José Tamayo, Teologías del Sur. El giro descolonizador, Trotta, Madrid, 2017, 195-205.

Con este artículo completo el retrato en catorce imágenes de Pedro Casaldáliga que inicié con motivo de su 90 años de caminada -cumplidos el 16 de febrero de este año-, como reconocimiento a su compromiso ético-evangélico, estético-literario, y político-librador con los pobres de la tierra, con quienes, haciendo realidad el poema de José Martí, su suerte quiere echar. 

Gracias, Pedro, desde la ciudad de Salvador de Bahía (Brasil), donde estoy participando en  el Foro Mundial de Teología y Liberación y el Foro Social Mundial, bajo el lema: “Resistir es crear; resistir es transformar”, que tú ejemplificas a diario.

10. Defensor de la causa negra e indígena 

Pedro fue compañero, amigo y cómplice de José María Pires, primer obispo negro de Brasil recientemente fallecido. Participó en la Romería a la Sierra de la Barriga, antigua sede del Quilombo de los Palmares, donde vivió, luchó y fue sacrificado el líder negro Zumbi1, A petición de Helder Cámara, compuso con Pedro Tierra la Misa de los Quilombos, a la que pusieron música Milton Nascimento y su grupo. Se celebró por primera vez en la plaza del Carmen de Recife, en el mismo lugar donde fue expuesta la cabeza de Zumbi, decapitado por las fuerzas del gobierno portugués. En el cartel anunciador de la Misa de los Quilombos aparece una mano negra empuñando una cruz. Los próximos días será representada en las ciudades españolas de Madrid y Palencia.

La Misa de los Quilombos tradujo, en estilo afro, este mensaje de monseñor Pires: “luchar por la liberación es compromiso evangélico porque Dios no acepta que sus hijos sean esclavos”.   

Uno de los mayores significados del texto y de la realización de la Misa de los Quilombos, afirmaba Pires, es “mostrar la originalidad de la cultura afro y su gran potencial de acogida; todos entran en danza, todos cantan, todos celebran, no solo con los labios, sino con la integridad de la persona: cuerpo y alma”.

Desde su llegada a Brasil Pedro abrazó la causa indígena: “Los pueblos indígenas están siendo, en algunas iglesias, una prioridad. Te aseguro  -le dice a su compañero y amigo Teófilo Cabestreros en una entrevista-, que, en mi sensibilidad pastoral, lo son. Porque es la prioridad más evangélica. Por dos motivos. Primero, porque son los más pobres como personas y como pueblos. No digo que sean lo menos felices. Como personas y como pueblo tienen sobre sí la sentencia de muerte más inmediata, la muerte más lógica a partir del sistema. Estorban. Sus tierras, su floresta, su casa, su hábitat maravilloso, este lago Tapirapé, que estás viendo, son estímulo, pasto, de la codicia de los grandes, de los poderosos, del latifundio, de las famosas carreteras, de la integración nacional, del tristísimo desarrollo (maldito sea el desarrollo en estas circunstancias mortíferas!) y del turismo…”. 

La Misa de la Tierra sin Males es la expresión de la solidaridad, mejor, de la identificación de Pedro con la causa indígena. Se celebró por primera vez en la catedral de la Seo de Sao Paulo, el 22 de abril de 1979. Era la más radical denuncia del proceso genocida y etnocida del proceso colonizador  de los pueblos originarios. Rememora ese pasado destructivo de pueblos enteros y de la naturaleza, pero también de la actualidad caracterizada por las múltiples y más sutiles formas de opresión de los pueblos indígenas .Hace autocrítica de la actividad misionera, a la que acusa de complicidad con la colonización.

11. Defensor de la causa de las mujeres 

Calificar a Pedro de feminista me parece oportunista. Presentarlo como defensor de la causa de las mujeres creo que responde a la realidad. Cuenta Ivone Gebara que Pedro ha sido de los pocos obispos que invitaban a mujeres a dar retiros y cursos de formación, sin asustarse de las críticas que estas hacían a la jerarquía eclesiástica por su actitud misógina, patriarcal y androcéntrica, y aceptando de buen grado la reformulación feminista de las figuras de  Jesús y de María. Él mismo, a la hora de hablar de Dios y de dirigirse a Él, renunció al lenguaje patriarcal y utilizaba habitualmente el lenguaje incluso llamándolo Padre y Madre. 

No ha dudado en abrazar la causa de las mujeres campesinas, indias, negras, prostitutas y profesionales en las diferentes áreas del saber. Ha continuado la tradición de las bravas mujeres catalanas, tiernas y valientes a la vez en la defensa de la vida; en él viven sus ancestros sus madres y hermanas de ayer y de hoy, afirma  Ivone Gebara, quien le da las gracias  por su “feminismo fuerte y tierno, próximo y comprometido, hermano y amigo”.  

En un lenguaje desmitologizador, rompedor, diría más, iconoclasta, hace suya la causa de María de Nazaret liberada de advocaciones que la subliman y alejan de sus hermanos y hermanas, e identificada con las mujeres de las diferentes étnicas, culturas y religiones sometidas a la opresión del patriarcado, el colonialismo y el capitalismo:  

“María de Nazaret, esposa prematura de José el Carpintero,

Aldeana de una colonia siempre sospechosa,

Campesina anónima de un valle del Pirineo,

Rezadora sobresaltada de la Lituania prohibida.

Indiecita masacrada de El Quicé,

Favelada de Río de Janeiro,

Negra segregada en el Apartheid,

hariján de la india,

gitanilla del mundo,

obrera sin cualificación,. Madre soltera, monjita de clausura,

niña, novia, madre, viuda, mujer…”.

12. Opción por el diálogo inter-cultural, inter-religioso e inter-étnico. 

Pedro Casaldàliga no impone su fe a los otros, ni afirma que su religión sea la única verdadera. Nombra al Dios de todos los nombres. Pone en práctica el poema de Antonio Machado: “¿Tu verdad? No. La verdad; y ven conmigo a buscarla. La tuya guárdatela”. 

13. Obrero de la utopía en construcción

Pedro practica la esperanza como principio ínsito en  la realidad y como virtud del optimismo militante en dirección a la utopía. En el discurso de recepción del doctorado honoris causa que le concedió el año 2000 la Universidad de Campinas (Brasil) proclamó su “pasión por la utopía. Una pasión escandalosamente desactivada, en esta hora de pragmatismo, de productividad, de mercantilismo total, de posmodernidad escarmentada” y se declaró “obrero de la utopía en construcción” y a rehabilitar críticamente a contratiempo. Utopía como lugar “donde quepamos todos”,  como piden los zapatistas mayas. Su mensaje fue entonces “de esperanza en esperanza caminamos esperanzándonos”.

14. Espiritualidad contra-hegemónica 

A sus 90 años, con el hermano párkinson a cuestas, goza de momentos de lucidez intelectual que expresa con gestos fraterno-sororales y en el silencio meditativo. Mantiene un insobornable compromiso liberador. Propone el reino de Dios como alternativa al Imperio, a cualquier Imperio, pasado presente o futuro:

“Cristianamente hablando –afirma-, la consigna es muy clara (y muy exigente) y Jesús de Nazaret nos la ha dado…: Contra la política opresora de cualquier imperio, la política liberadora del Reino. Ese Reino del Dios vivo, que es de los pobres y de todos aquellos y aquellas que tienen hambre y sed de justicia. Contra la ‘agenda’ del impero, la ‘agenda’ del Reino”. 

Su “Oda a Reagan” comienza con la excomunión del presidente de los Estados Unidos: “Te excomulgan conmigo los poetas, los niños, los pobres de la tierra”. Y termina declarándole “el último (grotesco) emperador: “Yo juro por la sangre de su Hijo,/ que otro Imperio mató/ y juro por la sangre de América Latina/ -preñada de auroras hoy- que tú serás el último (grotesco) emperador”.   

Esa es la espiritualidad de Pedro: anti-imperial, contra-hegemónica, con la que, cual David contra Goliat, desnuda a los Imperios que, por muy poderosos que se crean y aparenten ser, tienen los pies de barro.

Citas:

Francisco Zumbi (1655-1695) fue un líder negro que, junto a su esposa, dirigió el mayor grupo de resistencia anti-esclavista y de liberación en Brasil: el Quilombo de los Palmares, por el que pasaron en torno a 20.000 personas y que resistió más de un siglo. El 20 de noviembre de cada año, fecha en que fue decapitado en 1695, se celebra en Brasil el Día Nacional de la Conciencia Negra.

 

22 de Febrero de 2018

Juan José Tamayo (Blog Amerindia)

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