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EL PAPA PIDE NO REDUCIR A MUJERES Y LAICOS A "SIERVOS DE NUESTRO RECALCITRANTE CLERICALISMO"

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"Es un imperativo superar el clericalismo que infantiliza a los laicos y empobrece la identidad de los ministros ordenados". Algo más cansado –prácticamente no tuvo tiempo ni para comer–, el Papa Francisco se reunió con el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), momentos antes de la que será primera misa al aire libre de este viaje a Colombia.

Y lo hizo con una cerrada defensa del papel de los laicos, y de las mujeres. "Si queremos una nueva y vivaz etapa de la fe en este continente, no la obtendremos sin las mujeres. Por favor, no pueden ser reducidas a siervas de nuestro recalcitrante clericalismo; ellas son, en cambio, protagonistas en la Iglesia latinoamericana", subrayó el Pontífice.

Ante los principales líderes de la Iglesia latinoamericana, Bergoglio llamó a la "unidad" y la "misión", teniendo siempre al lado la imagen de Jesús. Con el espíritu de Medellín y Aparecida en el recuerdo, Francisco señaló que "no forma parte de la misión ceder al desánimo", incluso cuando "tocar la carne de Cristo se hace muy duro". "Si queremos servir desde el CELAM, a nuestra América Latina, lo tenemos que hacer con pasión. Hoy hace falta pasión", resumió el Papa al término de su discurso.

"¿Qué significa concretamente salir hoy con Jesús en América Latina?", se preguntó el Papa, quien proclamó que "el Evangelio es siempre concreto", criticando el "bizantinismo de los Doctores de la ley". "Salir con Jesús es la condición esencial para la misión", proclamó.

"La Iglesia debe reapropiarse de los verbos que el Verbo de Dios conjuga en su misión: salir para encontrar, sin pasar de largo; reclinarse sin desidia; tocar sin miedo", pidió el Papa a sus hermano obispos latinoamericanos, a quienes invitó a "que se metan, día a día, en el trabajo de campo, allá donde vive el pueblo de Dios que les ha sido confiado".

"No nos es lícito dejarnos paralizar por el aire acondicionado de las oficinas, por las estadísticas y las estrategias abstractas. Es necesario dirigirse al hombre en su situación concreta; de él no podemos apartar la mirada. La misión se realiza en un cuerpo a cuerpo", recordó Francisco, quien pidió una Iglesia latinoamericana "capaz de ser sacramento de unidad" frente a las "dinámicas de disgregación".

"La Iglesia no está en América Latina como si tuviera las maletas en la mano, lista para partir después de haberla saqueado, como han hecho tantos a lo largo del tiempo", denunció, recordando a quienes "repiten iguales recetas matando al paciente mientras enriquecen a los médicos que los mandan; ignoran las razones profundas que habitan en el corazón de su pueblo y que lo hacen fuerte exactamente en sus sueños, en sus mitos, a pesar de los numerosos desencantos y fracasos; manipulan políticamente y traicionan sus esperanzas, dejando detrás de sí tierra quemada".

La Iglesia latinoamericana, en opinión de Francisco, "debe trabajar sin cansarse para construir puentes, abatir muros, integrar la diversidad, promover la cultura del encuentro y del diálogo, educar al perdón y a la reconciliación, al sentido de justicia, al rechazo de la violencia y al coraje de la paz".

"No se puede, por tanto –precisó el Papa– reducir el Evangelio a un programa al servicio de un gnosticismo de moda, a un proyecto de ascenso social o a una concepción de la Iglesia como una burocracia que se autobeneficia, como tampoco esta se puede reducir a una organización dirigida, con modernos criterios empresariales, por una casta clerical".

"Para hablar a la Latinoamérica profunda, a la Iglesia no le queda otro camino que seguir el lenguaje de Jesús" y "salir en misión" para ser "sacramento de esperanza". "No nos está consentida la quejumbrosidad", sino la esperanza. Una esperanza que tiene rostro joven, y ahí el Papa pidió a los obispos que "no se conformen con retóricas u opciones escritas en planes pastorales jamás puestos en práctica".

Una esperanza con "rostro femenino", pues "sin las mujeres, la Iglesia del continente prerdería la fuerza de renacer constantemente. Son ellas quienes con meticulosa paciencia encienden y reencienden la llama de la fe", las que acompañaron a Jesús, "no se retiraron del pie de la cruz" e "inundaron al mundo" con la Resurrección. "Si queremos una nueva etapa de la fe en este continente, no la vamos a obtener sin las mujeres. Por favor, no pueden ser reducidas a siervas de nuestro recalcitrante clericalismo. Ellas son protagonistas en la Iglesia latinoamericana".

Una Iglesia esperanzada con los laicos, pues es "un imperativo superar el clericalismo que nos empobrece". Y una esperanza que "debe siempre mirar al mundo con los ojos de los pobres, y desde la situación de los pobres".

Aparecida, concluyó el Papa Francisco, es un tesoro cuyo descubrimiento todavía está incompleto. Estoy seguro de que cada uno de ustedes descubre cuánto se ha enraizado su riqueza en las Iglesias que llevan en el corazón. "Y todo esto –afirmó el Pontífice– lo quisiera resumir en una frase que les dejo como síntesis y recuerdo de este encuentro: Si queremos servir desde el CELAM, a nuestra América Latina, lo tenemos que hacer con pasión. Hoy hace falta pasión. Poner el corazón en todo lo que hagamos, pasión de joven enamorado y de anciano sabio, pasión que transforma las ideas en utopías viables, pasión en el trabajo de nuestras manos, pasión que nos convierte en continuos peregrinos en nuestras Iglesias".

 

Jesús Bastante

Religión Digital 

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