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PERDÓN

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Para qué sirve el arrepentimiento si eso no borra nada de lo que ha pasado. El arrepentimiento mejor es sencillamente cambiar (José Saramago)

17 de septiembre. Domingo XXIV del TO

Mt 18, 21-35

No te digo que perdones hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete

El perdón, tema primordial del evangelio de este domingo, es uno de los centros neurálgicos de la Buena Nueva, y el mejor termómetro de la sinceridad y de la madurez de nuestra fe. Y lo es singularmente cuando lo vemos, no sólo como una obligación sino, sobre todo, como una conversión, un cambio de corazón y de mente. En el fondo de todo esto, como afirma el teólogo José Antonio Galarreta “está sin duda en una disposición interior, en un deseo de ser hermano de todos y de portarse como tal”.

Pero lo que habitualmente sucede es, que la gran mayoría de nosotros padecemos lo que los técnicos llaman estrabismo natural de los sentidos. Es decir, una desviación de la línea visual normal de uno de los ojos, o de los dos, de forma que los ejes visuales no tienen la misma dirección. Una desviación que, elevada al plano de las ideas, perturba la visión objetiva, y hace que malinterpretemos el Evangelio, como hizo el criado malo en la parábola sobre el perdón. En estos casos lo mejor es acudir al oculista, y corregir el defecto mediante el uso de unas buenas lentes. Será la única manera de evitar la indignación del rey, y el estricto cumplimiento de sus severas amenazas.

El perdón humaniza al que generosamente perdona, y siempre que los perdones se hagan sin prejuicios, sin acuses de recibo. Cosa no fácil y que no siempre sucede. En la película americana Alta sociedad (1956), dirigida por Charles Walters, Trace le dice a Mike Connor: “Usted ha venido a mi cena con una idea preconcebida. Y es evidente que es un error juzgar a la gente de antemano”. (Trace a Mike Connor)

Cuando alguien escucha las notas del laúd del Evangelio pulsadas por sus dedos, suenan

las notas de las cuerdas, en la orquesta de la vida. Notas de singularidad, acordes unas veces, y a veces en particular desarmonía, que nos hacen tomar conciencia de nuestros particulares defectos. 

En su obra Hacia una paz interior, Thich Nhat Hanh escribe que: Nuestros sentidos son ventanas abiertas al mundo, y a veces el viento sopla a través de ellas y trastorna nuestro interior”. Dejémosle que entre y salga como dueño.

Antoine de Saint Exupéry dijo en El pequeño príncipe“Si alguna vez te sientes mal contigo mismo, busca en lo más profundo de tu ser, date cuenta de que nadie es perfecto, tampoco tú, pero aún con todos tus defectos y cualidades, eres una persona única en el universo, por eso eres especial…”

En el Acto I de la ópera de Bizet, Los pescadores de perlas, Nadir dice a Zurga: “Como se consuela mi corazón con el tuyo”. Es decir, que el perdón se torna realmente verdadero cuando se hace de corazón a corazóny desde una perspectiva comunitaria.

En el himno Cerca de Ti, Señor (Nearer my God, to Thee), compuesto por la poetisa inglesa Sarah Flower Adams (1805-1848), basado en el pasaje del Génesis 28, 11-19 (historia de la Escalera de Jacob), se canta esta preciosa estrofa: 

“Cerca de Ti, Señor quiero morar
Tu grande, tierno amor, quiero gozar.
Llena mi pobre ser, limpia mi corazón.
Hazme tu rostro ver, en comunión”.

Común-unión, que nos mete de lleno en la idea de Cuerpo Místico, al que San Pablo se refiere en su Carta primera a los Corintios, y Pío XII escribió en 1943 su Encíclica Misticy Corporis Christi. El Papa Francisco ha insistido varias veces en ello.

(NOTA: Extraordinaria la versión musical del citado himno, que los más de quinientos miembros de la orquesta Johann Strauss, de André Rieu, interpretaron en uno de sus conciertos al aire libre en Amsterdam. Puede visionarse en Internet. Lo tocaron los músicos del Titánic mientras se hundía).

Cuatro minutos y medio de auténtica emoción en los que una comunidad se une para cantar y sentir. El perdón no lo otorga Dios ni ninguna autoridad establecida. Lo confiere dicha comunidad. ¿Y esto en virtud de qué? Porque, como dice el evangelio del día: “donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo, en medio de ellos” (Mt 18, 20).

Con las palabras del versículo 22: “No te digo que perdones hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete”, Mateo quiere significar que hay que perdonar siempre. Perdonar, y alegría por ello, como nos dice el Poema: ¡…tú eres la fiesta / que al Gran Compositor tributa honores!  

 

EL CANGREJO VIOLÍN

¡Cangrejo Violín! sueñas amores
cuando la Orquesta Universal, abierta
a todos los sonidos, te contesta
zurciendo notas altas de tambores.

Sueñan quimeras griegas los tenores
y ataca en allegretto la celesta.
¡Cangrejo Violín! tú eres la fiesta
que al Gran Compositor tributa honores!

Reza con él al dios que te dio vida,
que te espera y te abraza en las alturas…
Que nos despierte el arpa, si dormida. 

La Sinfonía de las Criaturas
-¡Cangrejo Violín!- ya concluida,
¿por qué tu fiesta y mía no clausuras?

(NATURALIA. El sueño de las criaturas. Ediciones Feadulta)

 

Vicente Martínez

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