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SALIÓ EL SEMBRADOR

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Si el árbol se echa a perder, aunque sea en el peor de los suelos, es porque no clava sus raíces lo bastante hondo. Toda la tierra es suya (Friedrich Hebbel).

16 de agosto Domingo XV del TO

Mt 13, 1-23

Otras cayeron en terreno pedregoso con poca tierra. Al faltarles profundidad brotaron enseguida; pero al salir el sol se marchitaron, y como no tenían raíces se secaron

En la primera lectura se compara la lluvia, que hace germinar la tierra, con la palabra que sale de la boca de Dios, que cumplirá su deseo y llevará a cabo su encargo. Dice el profeta Isaías en 55, 10 que “Como bajan la lluvia y la nieve del cielo y no vuelven allá, sino que empapan la tierra, la fecundan y la hacen germinar, para que de semilla al sembrador y pan para comer”.

San Pablo en Romanos 8, 18-19 viene a decir que no sólo la humanidad, sino toda la creación está expectante aguardando la manifestación de los hijos de Dios. Porque todos los seres de la Tierra son semilla que debe crecer y desarrollarse hasta dar el ciento por uno.

Cuando en el Deuteronomio 30, 15 dice el Señor. “Mira: Hoy te pongo delante la vida y el bien”nos está haciendo creadores de nosotros mismos, capaces de asumir y de expandir la vida, y delegando en nosotros el poder de creación.

Habitualmente escuchamos con atención la palabra que se siembra mediante la lectura de los textos bíblicos y la predicación, pero también habitualmente esa escucha se la lleva pronto el viento de las preocupaciones y las tormentas de los afanes cotidianos de la existencia. Para evitar que esto suceda no estaría de más pensar en lo que esa escucha nos puede deparar en el futuro, como canta el protagonista de la zarzuela de Jacinto Guerrero La rosa del azafrán, en la Canción del Sembrador: “Sembrador que has puesto en la besana tu amor: la espiga del mañana será tu recompensa mejor”.

Cuando el cielo está en calma, estamos en el camino correcto, y como dice Xabier Pikaza en La familia en la Biblia, Editorial Verbo Divino 2014: “Si queremos que exista futuro, debemos aprender a querernos y crear (crearnos), de un modo personal, de manera que los niños nazcan y maduren en humanidad, de forma que ellos y nosotros podamos ser al fin lo que somos, simplemente humanos (es decir, divinos), seres libres en comunión con el universo.

Un tipo de ser que el Vaticano II definió en Gaudium et Spes de esta manera: “No hay nada verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón (el de Jesús). La comunidad cristiana está integrada por hombres que, reunidos en Cristo, son guiados por el Espíritu Santo en su peregrinar hacia el reino del Padre y han recibido la buena nueva de la salvación para comunicarla a todos. La Iglesia, por ello, se siente íntima y realmente solidaria del género humano y de su historia… Tiene, pues, ante sí la Iglesia al mundo, esto es, la entera familia humana con el conjunto universal de las realidades entre las que esta vive; el mundo, teatro de la historia humana, con sus afanes, fracasos y victorias”.

La responsabilidad de crecer es nuestra. El dramaturgo alemán Friedrich Hebbel (1813-1863) lo dijo metafóricamente: “Si el árbol se echa a perder, aunque sea en el peor de los suelos, es porque no clava sus raíces lo bastante hondo. Toda la tierra es suya”.

 

EL LEÓN

 El Génesis te nombra como símbolo,
y vincula tu nombre al sol naciente.
Natura ha soportado tu realeza
por tu fuerza y tus garras sostenida.
Y pacientemente ha soportado
el ofensivo dolor de tus rugidos.

“El lobo y el cordero pastarán juntos,
el león como el buey comerá paja”,
escribió Isaías.

Qué diferente es la vida cotidiana,
¡¡de los libros!!

Quizás nos lo ha aclarado Alban Berg, hablando
de las manifestaciones de la naturaleza:
“¿Qué es la hierba?”,
me dijo un niño con las manos cargadas.
¿Qué podría contestarle, si tampoco yo lo sé?
Quizás sea la bandera de mi alma
tejida con sustancias de verdes esperanzas”.

O quizás tengamos que esperar eternamente
que el León de Judá abra el libro del Apocalipsis
y desate –no sabemos para qué- sus siete sellos.

(NATURALIA. Los sueños de las criaturas. Ediciones Feadulta)

 

Vicente Martínez

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