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AL ESCUCHAR A DONALD TRUMP HE SENTIDO MIEDO...

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Acabo de escuchar el discurso de Trump y tengo que reconocer que he sentido miedo, miedo porque quienes esperaban un Trump presidente distinto del candidato, habrán visto que nada ha cambiado y que su discurso excluyente de todo lo que no sea la “gran América” que el sueña, es sumamente peligroso, ni una mención al ex-presidente Obama, ni un agradecimiento a sus conquistas. Sólo él será el salvador de su pueblo, el que velará por los pobres de su pueblo, él un multimillonario rodeado de multimillonarios…da risa si no fuera trágico.

Y tanto miedo o más los aplausos y proclamas de quienes lo apoyan.

Al experimentar esta emoción me he puesto a profundizar en ella, de la que daré un taller este fin de semana: el miedo es muy importante en el proceso evolutivo, gracias a él animales y seres humanos nos hemos podido proteger de los peligros reales, presentes, que a lo largo de la historia nos han amenazado. El miedo nos avisa de un peligro y su objetivo es prevenirnos para ver el mejor modo de protegernos: bien afrontándolo,  bien huyendo de él. El miedo nos alerta también para que, con discernimiento, calculemos nuestras fuerzas para no someternos imprudentemente a riesgos para los que no estamos capacitados.

Pero el miedo puede convertirse también en una emoción peligrosa porque nos paraliza, nos inhibe, nos dificulta afrontar retos, arriesgar, abrirnos a lo nuevo.

Cuando sentía miedo al oír el discurso de Donal Trumn me preguntaba si era un miedo funcional o disfuncional, si me avisaba de una amenaza real o de un fantasma. Es pronto para ver datos, pero las palabras que hasta ahora ha pronunciado yo sí las reconozco como un peligro real. La xenofobia, el racismo, el machismo, el exclusivismo, dogmatismos, la violencia de la que hace gala, y que además algunos le aplauden, no hacen presagiar nada bueno.

¿Qué hacer? En relación a él al ser yo española, poco o nada, pero sí alertarme y alertar ante los peligros de un discurso así, ayudar a discernir cuando un discurso tiene credibilidad (porque va avalado con hechos) o es pura falacia, cuando ayuda a crecer en humanidad o divide y rechaza a quienes son distintos…

¿Qué hacer ante esa amenaza? 

Trabajar cada persona dentro de sí misma la consciencia de que somos una humanidad interconectada, que somos unidad, que cada vez más necesitamos descubrimos como familia que vive en una casa común, que tenemos que cuidar y proteger. 

Generar más vínculos y crecer en una consciencia holística, igualitaria en derechos, solidaria, pacífica. 

“Enredarnos” con tantas personas, grupos, colectivos, movimientos, partidos que apuestan por el Bien Común, que defienden a los excluidos del sistema, que quieren abrir puertas y ventanas, derribar barreras para que todas las personas puedan vivir dignamente sean de dónde sean y del color que sean. 

Empeñarnos en generar una cultura del cuidado, del cuidado mutuo, del cuidado de los colectivos más vulnerables, del cuidado de la tierra y sus recursos. 

No dejarnos paralizar por el miedo y buscar protegernos solas y aisladas. 

No olvidar que los “poderes” económicos, políticos, religiosos…nos quieren meter miedo para tenernos controlados. 

El miedo ha sido y sigue siendo el gran arma para paralizar todo camino hacia el cambio. Personalmente miedo a “perder” reconocimiento, valoración, amor, aplauso, dinero, bienes, trabajo…Ese miedo nos esclaviza muchas veces, nos impide arriesgar, crecer, liberarnos, ser lo que queremos ser.

Socialmente el miedo nos dificulta abrirnos a lo nuevo, a lo distinto, a otras culturas, valores, creencias, a otras cosmovisiones religiosas, éticas… a más inseguridad más miedo y claro los poderes establecidos utilizan esa emoción para inmovilizarnos, para asustarnos de todo lo malo que nos puede pasar si elegimos vivir de otra manera, votar a partidos que buscan el cambio de modelo económico, si protestamos reclamando nuestros derechos, si decimos no a leyes injustas, excluyentes. Tenemos miedo a denunciar porque ya sabemos que eso nos saldrá caro, algunas personas les ha costado la vida física o la vida mediática, son vilipendiadas, calumniadas, apartadas, excluidas… de eso tenemos muchos ejemplos en nuestra patria, no necesitamos irnos muy lejos.

¿Hay que buscar un antídoto contra el miedo? No, no se trata de no tener miedo sino de no dejarnos paralizar por el miedo, de no tenerle miedo al miedo, de saber unir nuestras manos con tantas personas que también van creciendo en libertad y deciden no dejarse manipular por ningún poder establecido y siguen caminando abriendo futuro nuevo, luchando por un mundo más justo, por una sociedad más pacífica, por una cultura del cuidado, por una denuncia profética, por unas protestas con propuestas…. 

Sólo así el miedo será un aliado que nos avise para no cometer el error de elegir presidentes no idóneos que en vez de ayudarnos a trabajar por la justicia, la solidaridad y el cuidado sólo se cuidan de ellos, de su negocios y de los “suyos”, olvidando que eso es una falacia porque la realidad es que somos “una red de relaciones en todas las direcciones” y que nada de lo que vivimos es ajeno a la vida de todas las personas y de todo el planeta.

Que el miedo a la toma de posesión del presidente de Estados Unidos sea una señal que nos alerte de que eso también nos puede pasar a nosotros… o de que quizá ya nos está pasando.

Bienvenido un miedo sano, que nos alerta y nos prepara para defender nuestra dignidad humana, en lenguaje cristiano, la dignidad de ser hijas e hijos de Dios y toda la realidad creatura amada suya.

Con este deseo dejo aquí por hoy mi reflexión.

 

Emma Martínez Ocaña

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