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NAVIDAD: NOS HA NACIDO UN NIÑO CON OLOR A PESEBRE Y A OVEJA

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Nadie podría haberlo sospechado: todo un Dios que se hace hombre, pero hombre pobre, débil y pequeño, con olor a pesebre, porque no había lugar para él en la posada, nos dice Lucas. Con olor a oveja: los pobres pastores son los primeros en reconocerlo acostado en un pesebre, y anunciaron a María lo que el ángel les había dicho del niño y ella guardaba este mensaje y lo meditaba en su corazón. Sorpresa: los pastores, como el ángel Gabriel, evangelizan a María. Ella se deja evangelizar por los pobres. Pobreza, humildad, ternura, sencillez son los ingredientes de la Navidad. Pero hoy tenemos que afirmar con sinceridad: la Navidad sigue siendo una fiesta cristiana que se ha paganizado tanto que ha perdido casi todos sus significados originales, por no decir todos.

El papa Francisco quiere que vivamos el mensaje de la Navidad, pero no durante unas semanas sino durante todo el año. Jesús nos invita a todos, laicos, curas y obispos a oler a pesebre, a oler a oveja. Nos dan que pensar unas palabras pronunciadas por el arzobispo de Florencia, cardenal Betori sobre las dificultades que tienen los obispos y los curas para seguir al papa Francisco en su cercanía a las ovejas. Cuando estuvo hospedado en Florencia hace unos meses, nos comenta: “He estado con Francisco todo el día, me ha admirado su dedicación a todos, a los niños, a los ancianos, a los pobres, a los enfermos, a los presos. La gente no se cansa de querer a un hombre de esas características, pero nosotros los obispos (y los curas) tenemos un problema: el listón del ejemplo a seguir se ha puesto demasiado alto”.

No obstante, hay obispos y curas, pocos todavía, que van cambiado su estilo pastoral. Podríamos poner muchos ejemplos, pero no quiero cansarles. Podéis leer en la prensa digital especializada las actuaciones de varios obispos italianos, como el de Palestrina, Domenico Sigalini; o el de Novara, Julio Brambilla; el de Bolonia, Matteo Zuppi; la actuación de Lauro Tisis, arzobispo de Trento; de Douglas Regattieri obispo de Sisemna; o los cardenales Montenegro, Monichelli o el cardenal filipino Luis Tagle, cuyo libro autobiográfico que lleva por subtítulo “He aprendido de los pobres”, resulta provocador y hasta escandaloso para algunos purpurados. Todos, de alguna manera, han renunciado a sus títulos, a sus palacios y sobre todo han comenzado a hacer una vida sencilla con la gente del pueblo. Han sido capaces de leer -y esto me parece muy importante- los documentos y las directrices de la Santa Sede, no desde la teología de Trento sino desde la teología del Vaticano II y desde las sabias, evangélicas y novedosas directrices del papa Francisco.

Sirva de ejemplo este detalle ocurrido en una diócesis española hace dos años. El papa envió a todas las diócesis una encuesta para que los laicos respondieran a diversas cuestiones sobre los problemas matrimoniales para preparar los sínodos sobre la familia. Un cura le preguntó al obispo de esa diócesis por qué no animaba a sus diocesanos a realizar la encuesta. Sorprendentemente el obispo contestó, ante el asombro de todos: “No hace falta, ya la Conferencia Episcopal dará las respuestas que crea más oportunas”. Craso error: ese obispo leyó la encuesta del papa desde la teología de Trento y no desde la del Vaticano II. Desgraciadamente existen todavía algunos curas que se niegan a dar la comunión en la mano. Afirman que lo prohibió el papa en el año 2008. Formateados en la disciplina del “antiguo régimen” les cuesta cambiar de chip. No quieren oler a oveja ni oler a pueblo. Pero “aunque corten todas las rosas, nadie podrá detener la primavera” que ha comenzado con Francisco. Nadie podrá detener el soplo del Espíritu ¡Pero da la impresión de que desgraciadamente hay algunos obispos y curas que llevan cuatro siglos de retraso!

No obstante, gracias a Dios y al esfuerzo de muchos, cada vez va habiendo más laicos, curas y obispos que se esfuerzan por estar en la longitud de onda propuesta por Jesús de Nazaret y por el sucesor de Pedro. Deseamos que el Niño que nació con olor a oveja y a pesebre, nos estimule a todos a la conversión, al compromiso, a la opción por los pobres y marginados, a la ternura y la fraternidad, a descubrir “el asombroso poder de los abrazos”. Felices y solidarias Navidades para todos.

 

José Sánchez Luque

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