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CENTINELA DE HISTORIA

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“Llámanse y son tiranos quienes poseen el poder a perpetuidad en una nación que fue libre”  (Cornelio Nepote)

2 octubre, domingo XXVII del TO

Lc 17, 5-10

Lo mismo vosotros: Cuando hayáis hecho cuanto os han mandado, decid, somos siervos inútiles, sólo hemos cumplido nuestro deber

Habacuc (600 a.C.), un profeta sin apellido y sin patria. Son tiempos de opresión y violencia. Ningún profeta se ha asomado como él a la escena de las grandes potencias, preguntándose por la justicia de la historia.

En la primera parte de su libro expone un diálogo con Yahvéh: el drama de los poderes humanos, políticos y económicos, ansiosos por conquistar pueblos, territorios y riquezas. Como consecuencia, víctimas tiranizadas, saqueadas y masacradas. El profeta lanza, pues, al pueblo hacia un nuevo horizonte, más allá de las expectativas coyunturales del momento histórico. La segunda parte es una colección de condenas a los explotadores y opresores. Su gesto desafiante es patente en la escultura barroca, del brasileño Antonio Francisco Lisboa (1730-1814), en el Santuario do Bom Jesus de Matosinhos.

Desde luego que poco tiene esto que ver con el consejo de Jesús al exponer en Lc 17 los deberes del discípulo: “Cuando hayáis hecho cuanto os han mandado, decid, somos siervos inútiles, sólo hemos cumplido nuestro deber”.

Se trata de una tarea comprometida para luchar contra las estructuras opresoras. En esta línea está la obra del dramaturgo alemán Bertolt Brecht. En Tambores en la noche, lamenta el protagonista: “Los tambores en la noche, hablan. / ¡Y es su voz una llamada / tan honda, tan fuerte y clara, / que parece como si fueran sonándonos en el alma!”

La anquilosada nomenclatura vaticana puede ser una de esas fuerzas opresoras que impiden que el Evangelio, ahogado dentro de sus muros, se manifieste fuera. Todavía resuenan en nuestros oídos estas proféticas palabras del entonces cardenal Bergoglio al iniciarse el Cónclave que le llevó a ocupar la silla de Pedro: “Tengo la impresión de que Jesús estuvo encerrado en la Iglesia y golpea la puerta porque quiere salir”.

Y si por desgracia esos tambores del dramaturgo dejaran de sonar, la humanidad estaría avocada al cumplimiento en ella de este trágico pronóstico de George Orwel, con el que cierra su novela La Granja de los Animales; una lamentable sociedad, sometida a todo tipo de opresiones: “Los animales, asombrados, pasaron su mirada del cerdo al hombre, y del hombre al cerdo; y nuevamente del cerdo al hombre; pero ya era imposible distinguir quién era uno y quién era otro”.

Siempre hubo, hay y habrá valientes que se rebelan contra la historia de semejantes atropellos. En Roma lo hicieron los Graco contra las sacrílegas leyes del estado, y Espartaco contra la opresión de los esclavos. Hoy es el pueblo quien demanda más justicia social a los gobernantes.

“Llámanse y son tiranos quienes poseen el poder a perpetuidad en una nación que fue libre”, escribió Cornelio Nepote, notable historiador romano.

 

LA FOCA

Ayer me fui de urgencias a Tu clínica
con dolor en el alma y en el cuerpo.
La encontré clausurada. Y una foca,
con su sangre punzada de lamentos,
regresaba con su piel en las manos
cansada de esperarte tanto invierno,
inocente, poluta y desollada.

En Tu sala de espera, en otros tiempos
Aguardaban su turno los clientes:
el cedro malherido y los helechos,
el explotado asno y las abejas.
Con muletas, los leones y renos,
y el pino con su rama en cabestrillo.      

¿Era ficción tu clínica? ¿Era sueño?

Ni la foca ni yo te vimos nunca,
así que no supimos si eras cierto.
Los que entraban a verte no volvían.

Yo regresé a mi mismo para verlo.

(NATURALIA. Los sueños de las criaturas. Ediciones Feadulta)

 

Vicente Martínez

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