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HECHOS 9, 26-31 / JUAN 3, 18-24

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HECHOS 9, 26‑31

Pablo llegó a Jerusalén e intentaba juntarse con los discípulos; pero todos le tenían miedo, no creyendo que fuese discípulo. Entonces Bernabé lo tomó y lo presentó a los apóstoles y les contó cómo había visto al Señor en el camino y qué le había hablado y cómo había predicado con valentía en Damasco en el nombre de Jesús.

Andaba con ellos por Jerusalén, predicando valientemente en el nombre del Señor. Hablaba también y discutía con los helenistas; pero éstos intentaban matarle. Los hermanos, al saberlo, lo llevaron a Cesarea y lo hicieron marchar a Tarso.

Las Iglesias por entonces gozaban de paz en toda Judea, Galilea y Samaria; se edificaban y progresaban en el temor del Señor y estaban llenas de la consolación del Espíritu Santo.

Este texto refleja un tiempo muy posterior respecto a los textos de anteriores domingos.

Se ha presentado ya a Pablo, que era un fariseo radical, muy conocido como perseguidor de los seguidores de Jesús. Camino de Damasco se ha convertido de una forma milagrosa. Ahora, tras un largo retiro, viene a Jerusalén a ver a los Apóstoles. En Jerusalén no se fían de él, y Bernabé tiene que salir como fiador.

Luego, "los helenistas" le quieren matar. Estos helenistas son judíos de cultura griega: muchos de ellos, precisamente por contraste, son más ortodoxos que nadie y se oponen firmemente a todas las innovaciones, entre ellas evidentemente, a la nueva "secta" de los seguidores de Jesús. Y los hermanos le llevan a Cesarea y luego a su tierra, Tarso, donde estará por un tiempo, antes de empezar sus trabajos apostólicos.

Vemos que el primer nombre de los cristianos es el de "los hermanos". Todavía no ha aparecido el nombre de "cristianos", que se inaugurará en Antioquía después de la predicación del mismo Pablo y otros "apóstoles", es decir, enviados.

JUAN 3, 18‑24

Hijos míos, no amemos de palabra ni de boca, sino con obras y según la verdad. En esto conoceremos que somos de la verdad, y tranquilizaremos nuestra conciencia ante Él, en caso de que nos condene nuestra conciencia, pues Dios es mayor que nuestra conciencia y conoce todo.

Queridos, si la conciencia no nos condena, tenemos plena confianza ante Dios, y cuanto pidamos lo recibimos de él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada.

Y este es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo, Jesucristo, y que nos amemos unos a otros tal como nos lo mandó.

Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios y Dios en él; en esto conocemos que permanece en nosotros: por el Espíritu que nos dio.

Se insiste en un tema básico de Juan, importante en sus comunidades. Estas comunidades tienden a lo carismático, a dejarse llevar del espíritu. Juan insiste en que si esto no se traduce en obras, es mentira, y la piedra de toque es el cumplimiento del mandamiento del amor. Ese es el Espíritu de Jesús, y en eso conocemos que permanecemos en él.

Estas comunidades están fuertemente tentadas por desviaciones de todo tipo: como toda comunidad más carismática que jerárquica, tienen un serio peligro de dispersión, de que cada uno dé por bueno lo que personalmente siente. Juan pone una piedra de toque válida y sólida para todos: las obras, el cumplimiento de amarse como Él amó, para verificar el espíritu de Jesús.

José Enrique Galarreta, S.J.

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