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EMILIO PINTO (1965-2016), NAVEGANTE DE LA FE, EN LA DERROTA DE DIOS

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Se pone rumbo al barco, se traza la derrota, y al cabo de unos días, incluso de unas horas, hay que revisar el rumbo, fijar de nuevo la derrota, pues los vientos, corrientes y mareas lo perturban y cambian: Había puesto la proa hacia Escila, te acercas a Caribdis. Habías puesto una derrota de mundo, desembarcas en Dios. Esa ha sido tu historia, Emilio.

Emilio ha sido un hombre de cambio de rumbos, siempre para mejor, siempre hacia el Norte del Amor, que es la verdad, que es la esencia de la vida. Por amor dejó el seminario, por amor creó y tuvo al fin que dejar su fundación O'Belen para educación de niños, buscó un camino en la política, pero cambió también de rumbo, le cambiaron.

Fue educador de iglesia, escribió un precioso libro Navegantes de la Fe, pero los obispos no le dejaron presentarlo y defender su contenido en Oviedo, en unas jornadas memorables de Educación Cristiana… Cambió de rumbo en el amor de familia, tras un primer matrimonio, del que ha dejado dos hijos mayores… Buscó apasionadamente el amor en su segundo matrimonio, del que ha dejado dos hijos (de siete y tres años, sus amores…).

Ha debido dejarlo todo y se ha ido, en silencio, tras larga agonía de amor, en un duro rumbo de vida y de muerte, con la proa hacia la Vida tal como aparece todavía hoy (9.9.16) en su Facebook (https://www.facebook.com/emilio.pinto.520?fref=ts)... con la vela de un barco en su portada.

Se ha ido, le ha llevado el barco de Dios, acaba de morir (de Vivir), en su ciudad de Sigüenza, el miércoles 31 de agosto de este año 2016.

La ruta de su vida está escrita en el blog personal que mantuvo largos años, y en los programas de su agencia de viajes Ainkarem (https://www.google.es/?gws_rd=ssl#q=ain+karen+viajes) desde la que ha organizado navegaciones de fe, caminos de amor y de vida, especialmente a Tierra Santa, tierra de Jesús… y a otros lugares de memoria cristiana, desde Armenia a Etiopía, desde los santuarios franceses o italianos hasta los de Polonia y Turquía.

Ha muerto Emilio Pinto, navegante de la fe.

Su última derrota (en el sentido de rumbo o derrotero) le ha llevado donde él quería ir siempre (sin quererlo por ahora), al gran brazo de mar de los mares de Dios a quien ha buscado siempre apasionadamente.

Mi relación con él no ha sido muy extensa, pero sí muy fuerte. Tomé una vez una imagen de su maqueta de Jerusalén para mi blog (el año 2012 o 2013…) y me puso una nota diciendo que era suya, pero que agradecía el hecho de que la hubiera publicada. Inmediatamente corregí la imagen y puso al pie su procedencia.

En ese tiempo descubrí su libro (Navegantes de la fe) y las “tribulaciones” de su Rumbo, allá en Oviedo, donde los obispos no le dejaron hablar de lo que él sabía.

Le pregunté el por qué, y me contestó que estaba bien, que los obispos tenían sus razones, que él se había divorciado por amor, en paz con su primera mujer, buscando el amor por segunda vez, y que lo estaba encontrando, con sus dos nuevos hijos, uno ya nacido, otro en camino… El amor le ha seguido llevando en la corriente de la vida. Y por amor ha muerto, en los brazos de Dios está, a Dios a su subido, desde su Sigüenza, con el Doncel famoso de su catedral.

Emilio

Le mandé unos libros, me mandó algunos suyos, he hicimos, con Mabel, mi mujer (su amiga) un viaje excepcional con Ainkarem a Tierra Santa (el año 2014). Él me dijo “tú háblanos de vez en cuando de las cosas de Jesús en esta tierra…, de cosas de la Biblia”. Y lo hice, como recordarán los compañeros de viaje... pero siempre con pudor, porque sus palabras en el autobús eran siempre más certeras, historias para tener el alma en vilo, cuentos de fortuna, de Dios, de la vida, narraciones de amor. En mi larga vida de estudiante y profesor no había escuchado a nadie que dijera las cosas como él las decía, con inteligencia, amor y cercanía.

Después he conocido mucho mejor su vida, por conversaciones, y en especial por su libro Mi Sargento de Cocina, que él quiso presentar y prestó al premio Planeta, que le debían haber dado, por el valor de su historia, por la actualidad de su recuerdo...

Le conocí, digo, por el libro, antes que el libro saliera, pues es lo mandó a Mabel, mi mujer, correctora profesional de estilo, para que lo corrigiera y presentara para la edición definitiva. Por pudor profesional, nunca leo los libros que Mabel corrige, pero en este caso hice una excepción, se lo dije a él, y conversamos varias veces sobre el tema.

Le prometí una recensión extensa sobre el libro… Pero no he cumplido todavía la palabra, pues tengo más de una docena de libros importantes sobre la mesa, esperando tiempo exterior e interior para escribir unas notas en mi blog… Entre ellos está esperando “Mi sargento de cocina”. Cumpliré mi palabra, escribiré esa nota, como escribí la de su otro gran libro, Navegantes de la Fe, que ahora quiero reproducir.

Emilio, no era muchísimo lo que nos conocíamos, pero sabes que te queríamos, sobre todo mi mujer Mabel, que descubrió en ti un “alma” inmensa. Hace unas semanas me mandaste por facebook una foto de tu casa…, pensaba contestarte, no lo he hecho hasta ahora. ¿Qué me querías decir?

Cuando estabas luchando con el rumbo (derrota) de tu dolor, Mabel te puso unas letras diciendo “ven a esta casa, unos días con nosotros”. Ella, como mujer, conocía mejor tu camino. Yo, en cambio, te dije (está por ahí, en tu facebook) “sigue trabajando, que el trabajo es terapia y camino para nuevos rumbos”. Evidentemente, mi consejo no era el bueno, bueno era el de Mabel.

Quizá teníamos que haber pasado por tu casa de Sigüenza, y llegar sin avisarte (¡y pasamos hace 25 días, por la autovía de cerca de tu pueblo…!). Yo pensé en ti, si hubiera tenido tiempo hubiera bajado… pero teníamos que llegar a San Mateo en dos hora y media… llevábamos amigos en el coche…, tiempo tasado... ¡Eran excusas, Emilio! Teníamos que haber ido a hablar de tu rumbo y del nuestro.

Así, con esta pena de no habernos despedido externamente, quiero dedicarte esta postal. Tu última derrota ha sido dura. Quedan los niños sin ti (los dos mayores tienen alas para volar y así lo hacen), quedan los niños (siete y tres años) sin ti en la tierra, en la calle, en la casa… Pero serás su ángel en el cielo. Estoy seguro de que lo serás, y ya lo eres.

Tu rumbo, derrota marina, ha sido un camino hacia Dios, en él estás, en nombre de todos nosotros, intercediendo de un modo especial por tus dos hijos pequeños, a los que habían llevado lejos de tí... ¡Ahora estás tan cerca de ellos!…

Todavía hace tres meses me habías invitado a tu nuevo viaje (¡qué emoción, descubrir contigo, con Mabel, las tierras de Dios: Armenia, Georgia, Etiopía…). Ahora nos estás invitando a tu último viaje, hacia el rumbo de Dios.

Aquí estamos, Emilio… Iremos contigo, espéranos. Tu recuerdo, tus palabras en los caminos de Galilea y Judea, tus reflexiones sobre el Sargento de Cocina, tus recuerdos de seminario y de vida…, tu rostro hecho alma, nos enriquecen y acompañan. Descansa en Dios amigo, te necesitamos en el cielo.

(Sigue mi postal del 20.06.13, acéptala de nuevo, como la aceptaste emocionado la primera vez, cuando me decías:

Comentario por Emilio Pinto 20.06.13

Xabier Pikaza acabo de terminar de leer tu artículo y tengo la necesidad de decirte tres cosas: La primera es que tengo que volver a leerlo, como las cosas buenas, hay que repetir. la segunda: Gracias. Me llena el corazón saber que, aunque tengamos opiniones distintas, podemos hablar sin enfrentar, hablar para convencer, hablar para curar, hablar para querer, hablar para buscar a Dios y tercero: Mi barco es pequeño pero siempre tendrás un sitio en él, aunque yo tenga que ir nadando. Un abrazo).

NAVEGANTES DE LA FE, EMILIO PINTO

Emilio Pinto Rodríguez (Sigüenza 1965), “maestro” y educador social cristiano, ha tenido y tiene una intensa vida pública, y todo el que quiera conocerla puede “pinchar” en Google, donde encontrará opiniones variadas, como suele ocurrir en estos casos, en personalidades de sello fuerte, como es el suyo (por favor, lean críticamente lo que de él se dice, no se dejen llevar por "opiniones" interesadas). Su "lugar" es https://www.facebook.com/emilio.pinto.520?fref=ts

Para ponerse en contacto con él, por el libro: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Su fundación de acogida, atención y formación a menores “O Belén” ha sido objeto de alabanza y de críticas de diverso tipo, como resulta normal en instituciones que quieren ser pioneras, en medio de un fuego cruzado de intereses ideológicos y políticos, sociales, familiares y económicos. Emilio Pinto tuvo que dejarla, pero no para abandonar su "tarea" educadora, sino para trazar nuevas "derrotas" (rutas marinas).

Su libro más vendido es: La educación de los hijos como los pimientos de Padrón (¿Se pueden comparar los hijos con los pimientos de Padrón: que unos pican y otros no?) (Gedisa, Barcelona 2007). Lo he leído con pasión y sentimientos encontrados, a favor y en contra. Se trata de un libro agresivo y propositivo, que nos sitúa ante uno de los temas centrales del momento social en que estamos, con intensas rupturas educativas y familiares. Es claro que los niños resultan distintos, cada uno un misterio, unos “pican más” otros menos, pero todos algo (gracias a Dios).

Se puede disentir en algunos puntos, pero Emilio Pinto pone el dedo en la herida y promesa de nuestro sistema educativo, una herida y promesa de niños y de padres, con problemas y valores cruzados de autoridad y de afecto, de ideales y de presencia humana, de religión y falta de religión. Y con esto paso a lo importante.

Navegantes de la fe: Un libro censurado

En ese contexto se sitúa este nuevo libro: Navegantes de la fe (Reflexiones de un maestro buscador de tesoros). Viene publicado por Dreamfish Comunicación, Diciembre del 2012, como edición privada (sin ISBN), es decir, sin venta pública, pensado (según creo) para el contacto directo del autor con los maestros y profesores, a través de las Jornadas de pastoral de escuelas católicas del año 2013.

Emilio Pinto había venido preparando a lo largo de un año este libro para presentarlo y presentar su plan educativo en las Jornadas de pastoral de escuelas católicas, a lo largo del año de la fe (2013), para ofrecer a la comunidad educativa católica una experiencia intensa de inmersión de fe. Pero la jerarquía episcopal (al menos la asturiana) vetó su presencia, y así el libro ha tenido que ir saliendo a través del boca a boca, por medio los contactos personales del autor.

Es un libro perfectamente editado, un lujo y belleza de texto, en papel de cuerpo, a dos colores, maquetación cuidada, distribución de texto bien estudiada, con divisiones y subtítulos perfectamente escogidos, con temática de fondo en la que el autor va insertando su experiencia, historias personales, recuerdos, narraciones y cuñas didácticas.

Navegantes, ante todo los maestros y profesores

Emilio Pinto es un hombre audaz y “discutido” (yo diría, incluso, discutible), y me sentiría inclinado a disentir con él en varios puntos, en algunas de sus formas de entender la fe y el magisterio y la misma función de la Iglesia. Pero es bueno que sea así, pues éstos son temas que pueden y deben decirse y discutirse, allí donde se trabaja en gesto solidario, para bien de los niños y de los jóvenes, la fuerte navegación o derrotero de la fe.

Emilio (¡deja que te llame así!) es un hombre discutido, porque ha puesto las manos en la “masa” de la educación, ha tomado con fuerza el arado y no ha querido mirar hacia atrás para renunciar, sino hacia adelante ya a los lados, para seguir abriendo surcos en el mar... como Jesús, que navegó con sus amigos ya aprendió con ellos en medio de la gran tormenta.

Emilio ha querido navegar desde el reverso social (niños problemáticos, quizá de familias problemáticas… o son familias). Sus métodos, como he dicho, han sido discutidos, pero él los fundamenta y presenta, con una inmensa dosis de asertividad creyente, de presencia humana, que impulsa a la “fe” de los niños y los jóvenes, fe un proyecto educativo humano, abierto a la experiencia superior del Dios que es estímulo, presencia y futuro.

No es un libro de tesis cerrada, de principio a fin, sino una ruta de navegación, abierta hacia los mares aún ignotos de la vida, pensando en lo que serán los niños de hoy cuando se jubilen, en torno al año 2070. ¡Me da vértigo el pensarlo! ¿Cómo educar para entonces? ¿Cómo abrir surcos en un mar que parece seguir impávido su fuerte movimiento, sus terribles tormentas y las, aún peores, calmas chichas?

Es un libro para “Navegantes en la fe”, es decir, para Mareantes, que son ante todo los maestros que buscan el “tesoro” de la fe en el corazón de los niños y jóvenes… Es un texto (indirectamente) para niños y jóvenes que son el tesoro, pues lo llevan en el corazón… Todos navegamos, en un mar donde sólo la “fe” nos orienta, como la brújula de la portada del libro: La fe de los padres y educadores, la fe de los mismos niños que pueden crecer sólo si creen en los ideales y caminos que les ofrece la sociedad, en los ideales de la vida.

Una reflexión personal, un libro abierto

Emilio habla (el libro está hablado más que escrito) de un modo personal, sembrando su texto con las memorias de su vida. Sus memorias no son las mías, su modo de entender algunos rasgos de la fe no es el mío (en política, en la forma de entender la excelencia educativa)… Pero me siento feliz de dialogar con él, de impulsar su proyecto, en un camino en el que sigo embarcado, por padre, por madre, por mí mismo.

Déjame, Emilio, que presente mis credenciales (pues empiezas diciendo que una persona tiene que empezar diciendo quién es, sin vanagloria, pero con confianza en su camino). Tu forma de unir las dos "vocaciones" (navegante y maestro), me viene de padre y madre. Es lo que he querido ser. Deja que te lo diga:

‒ En un sentido, mi mejor educador fue mi padre marino de muchos mares, gran cristiano católico (universal) que volvía tras meses de ausencia con la brújula admirada de la vida en los ojos, atento a las diversas culturas, respetuoso con la diversidad, para sentirse totalmente ajeno a la situación imperante en la España de entonces. La portada del libro podría ser la imagen de su vida.

‒ En otro sentido mi mejor educadora fue mi madre, sancionada por no franquista, gran cristiana desterrada, (y mis hermanos y yo con ella) en un pueblo de montaña en la Concha del Alto Riomiera, en tierra de pasiegos: Una escuela de bancos y mesas de tablones, sin sillas… Con más de sesenta niños y niñas a los que enseñaba todo, leer, unas cuentas, experiencia y compromiso cristiano de la vida.

‒ Después yo he sido educador, más de treinta años, en una Universidad de la Iglesia, navegando en teología, filosofía y estudios religiosos. Me he visto reflejado en muchas de las pautas que ofrece Emilio. He enseñado contenidos pero, sobre todo, creo que he querido (y a veces he podido) ayudar a los alumnos y amigos en la gran tarea de orientarse con Jesús en la gran derrota de la vida.

Conclusión. Gracias, Emilio

Verá el lector experto que utilizo la palabra “derrota” en el sentido náutico de rumbo… Un rumbo que se dirige hacia una meta, pero que hay que ir cambiando cada vez, pues vientos, corrientes y variaciones magnéticas hacen que vayamos tomando una deriva distinta de la propuesta.

En esa gran derrota de la fe nos ha situado Emilio con ese bellísimo libro. Tiene, como he dicho, algunos elementos que quizá no comparto… Parece que él quiere educar más en un tipo de excelencia (para el triunfo), con voluntad poderosa. Yo acentuaría más el aspecto afectivo, en la línea de los derrotados, de los excluidos, que tienen para Jesús los primeros derechos.

Ya sé que Emilio optó por ellos (y sufrió y sufre con ellos)…, pero me da la impresión de que avanza en su libro con un deseo de que los niños “triunfen” (con ejemplos de triunfadores…). Sin quitar un ápice a su propuesta, quizá yo acentuaría más la otra línea, la de “vendar los corazones rotos”, la de cuidar las heridas, desde abajo, sin grandes ilusiones de triunfo cercano. En este momento me siento más cercado al “cuidado” que al impulso triunfador. Pero ambos momento no se oponen, sino que se necesitan y enriquecen.

En esa derrota o travesía nos une la “fe” de Jesús (la de la Iglesia); pero una fe que, al mismo tiempo, y en el fondo es la fe en el don de la vida (el justo vive de la fe, todo lo que se haga sin fe se destruye, dice Pablo). En esa línea, allí donde Emilio acaba (navegantes de la fe), podríamos comenzar de nuevo, recuperando y recreando el camino de la vida humana (que es vida de fe que se centra para nosotros en Jesús, pero que supera los límites de la misma Iglesia), con la fe como agua y mar de nuestra navegación. Pero de eso quizá podremos hablar otro día.

Nada más. Gracias Emilio por el libro.

Que las “heridas” de la navegación, desde las más externas (desde la oposición a tu gran obra “O Belén”), hasta las más personales (prohibición de participar en las Jornadas de Educadores de la fe) y profundas (enfermedades de colon y de corazón) te hayan curtido y te sigan curtiendo en la tarea de la fe, que es tuya y es nuestra. Si tienes un lugar, déjame estar en tu barco; no podré ayudarte mucho, pero aprenderé contigo). Sabes que tienes un lugar en mi corazón de cristiano.

 

Xabier Pikaza

Religión Digital

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