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ACOSADOS POR EL TERRORISMO Y OBLIGADOS A ENCONTRAR UNA SOLUCIÓN “RAZONABLE”

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Sensibles ante todo dolor humano

Es lógico que no vamos a dar en cada acontecimiento terrorista una respuesta contundente con gestos y declaraciones. Y es lógico que reaccionemos más fuertemente cuando los muertos están más cerca de nosotros o por cualquier otra razón pueda afectarnos algo más. Pero al mismo tiempo que en estas ocasiones de terrorismo más próximo nos soliviantamos contra la violencia, aprovechamos el momento para hacer lo mismo y levantar nuestra voz de repulsa contra todas las agresiones que día tras día se están sucediendo, dejando tras de sí muchísimo dolor, con el fin de aterrorizar a quienes son diferentes u obstaculizan la expansión de sus ideales.

No es justificable la islamofobia

Creo que es importante que todos seamos conscientes de que los terroristas, que son de una determinada confesión islámica, nos atacan no porque no seamos musulmanes, pues agreden también, y en proporción muchísimo más alta, a otros musulmanes. Sólo un simple dato como referencia: Irak es el país donde en el año 2013 más atentados terroristas se produjeron: 2.492 ataques con 6.362 muertes. Ello nos muestra que no es justificable la islamofobia. El terrorismo yihadista no es un ataque del Islam al cristianismo, no hay una guerra de religión entre ambos. Tampoco es posible decir que estamos ante un ataque del Islam a Occidente. Este terrorismo, que es el más cercano a nosotros, lo protagoniza uno de los grupos musulmanes salafistas. “El salafismo es un movimiento sunnita que reivindica el retorno a los orígenes del Islam. Pese a ser un movimiento fundamentalista, no está unificado sino que existen varias ramas de salafismo que se diferencian en la manera de poner en práctica su disciplina, desde la vía pacífica y pedagógica del salafismo de predicación, al movimiento yihadista que propugna el uso de la violencia para imponer el Islam de los orígenes”, tanto a los otros musulmanes como al resto que no lo son.

Rechazo de toda violencia

Nos encontramos a cada paso con violencias que derraman sangre a borbotones, que producen en un momento un cúmulo de muertes. Pero hay masacres que se convierten en tales en el continuo del tiempo. Muertes que se producen día tras día, como es la violencia de género. Tenemos las guerras, también mortíferas. Y violencias que matan sin derramamiento de sangre, siendo sobremanera importante la que ejerce el hambre sobre los más empobrecidos de la tierra, de la que conocemos bien sus causas. No olvidemos el terrorismo de Estado, que suele ser también incruento, fácil de ocultar o disimular, producido normalmente por dictaduras más o menos encubiertas que hay en países donde se conculcan derechos humanos fundamentales. Todos los Estados absolutistas se sostienen por la fuerza que se ejerce de mil maneras sobre los ciudadanos para mantenerles sometidos. Tenemos que añadir las violencias al medio ambiente, que terminan siendo también violencias contra el ser humano. Tenemos que sentirnos heridos como en propia carne por todas estas violencias. Pertenecemos todos a la misma familia humana, visión esta que vivirán con más fuerza quienes tienen una mística cristiana que integra a todos en una fraternidad universal.

Se ha de buscar y encontrar una solución razonable

Sobre el terrorismo yihadista se podrán decir muchas cosas para rechazarlo, pero lo importante es acertar en hacer lo que fuere necesario para llegar a la solución del problema deuna manera razonable, que lo será en la medida en que todo lo que se haga esté de acuerdo con los principios éticos que fundamentan los derechos humanos universales. No se trata de acabar con los yihadistas fanatizados, sino, yendo a la raíz, con su fanatismo y con todos los fanatismos del mundo que anatematizan todo lo diferente y pretenden aniquilarlo.

Para solucionar los conflictos es imprescindible un verdadero diálogo que implica acercarse al otro para conocerle. Luego hay que escucharle, analizar la situación con buena voluntad y buscar una solución en consonancia con el bien común de todos.

Creo que es importante que todos veamos la necesidad de un cambio de mentalidad: todos debemos comprender que no hay una única manera de ser persona, ni una única manera de estructurar y organizar una sociedad; todos debemos de ver que nuestras diferencias nos enriquecen.

La espiral de la violencia

¿Vivimos dentro de una espiral de violencia? No me cabe duda que algo, o mucho, tiene que ver el terrorismo de hoy con la explotación del “Tercer Mundo” llevada a cabo por los países occidentales durante más de un siglo, primero directamente y luego indirectamente a través de gobiernos títeres del sistema capitalista y financiero dominante. ¿No tendrá algo que ver en esta violencia, la violencia que supuso el acuerdo Sykes-Picot?

Creo que un mundo de ayer, tanto en Asia como en África, más respetuoso con los derechos individuales y de los pueblos, más equitativo, más libre, más solidario…, sería hoy un mundo donde habría menos violencias, sobre todo de estas con muertes masivas e indiscriminadas.

Necesitamos otra Europa

Además del discurso anterior, que podríamos calificar de “humanista”, hay otras propuestas políticas que parecen muy razonables.

Es verdad, como alguno dice, que para mejor afrontar el problema del terrorismo necesitamos más Europa: debemos estar más cohesionados y más unidos a la hora de analizar y actuar. Pero yo creo que sobre todo, como parte de la solución, hay que decir que necesitamos otra Europa. Ésta, la de los mercaderes, nunca buscará la solución de conflictos que favorecen sus intereses económicos, siendo además ellos mismos quienes los producen. Necesitamos otros políticos en la UE, políticos que no se rijan por los principios del mundo del dinero.

Son muchos los que lamentablemente no acaban de captar la importancia de las elecciones en todos los niveles administrativos. No se puede pasar tan irresponsablemente de votar. Hay que adquirir previamente una mínima información política para saber escoger a quienes deben representarnos en el poder legislativo y ejecutivo.

Necesitamos una Europa más justa. Asia y África no pueden ser simplemente el caladero donde los occidentales llegan a expoliar a sus habitantes, en muchos casos hasta agresivamente, empleando medios productivos de esclavitud, incluso infantil, y esquilmándoles sus bienes. El número de muertes que produce el hambre nos refleja el nivel de inequidad existente en estos continentes.

Necesitamos una Europa más solidaria. Es vergonzoso el panorama de rechazo a quienes nos llegan a Europa. Lo es la nimia y lentísima acogida. Les estamos dando con la puerta en las narices, dejándoles morir por miles en el mar. Estas muertes son fruto de nuestro violento rechazo. Como lo es el sufrimiento de quienes han sido hacinados en campamentos impropios para vivir seres humanos.

Necesitamos una Europa más coherente

Defendemos los valores democráticos, pero somos “muy comprensivos” con regímenes absolutistas, como, por ejemplo, el de Arabia Saudí, con una sociedad donde “la mayor parte de los derechos humanos y libertades fundamentales están prohibidos o seriamente restringidos. El ensañamiento de los bombardeos saudíes en el Yemen tan solo ha sido denunciado por las oenegés y, tardíamente, por el Parlamento Europeo. Pero claro, resulta que la monarquía saudí es un aliado vital tanto militar como petrolero para la Unión Europea, el Japón y especialmente para los Estados Unidos, sobre todo después de haber quebrado en enero de 2016 sus relaciones diplomáticas con Irán”. En muchos sitios podemos leer que Daesh “también recibe apoyo económico de individuos saudíes ante los que el régimen de Riad hace la vista gorda. Esas personas entregan dinero al Daesh y hacen lobby en su favor, presionando para que otros lo apoyen”. Es lógico que se pidan “medidas para neutralizar las vías de financiación del terrorismo internacional”.

Fracaso de la sola opción militarista

Viendo que la opción militarista no logra los fines deseados, “se deben emplear también los medios comerciales, financieros, diplomáticos, socioculturales y políticos”.

Sólo dos palabras recogidas sobre el comercio de armas y petróleo. Hay que controlar la venta de armas, para ello “Siria, Irak, Irán y otros tendrían que finalmente asegurar las fronteras y forzar a ISIS a luchar sin el apoyo turco, sin el de Jordania y de Arabia - un escenario difícil de aplicar ya que naciones como Turquía han creado zonas de exclusión de facto dentro del territorio sirio que requerirían una confrontación militar directa con la propia Turquía para eliminarlas. Habría también que controlar la compra de petróleo a ISIS”, en el mercado negro turco que ha sido “uno de los modos más eficaces de financiación para el Daesh, junto con el cobro de grandes sumas de dinero por el rescate de algunos secuestrados”.

Una solución que hemos de rechazar

Es evidente que la subida de la Extrema Derecha en Europa en parte se debe a la crisis económica y en parte al populismo de estas fuerzas políticas. Aprovechan las malas condiciones de vida de los más humildes de la clase obrera que habita en los suburbios. Los hacen insolidarios de los que están en condiciones aún peores que ellos culpándoles de su situación. Es así como acaban acogiendo el discurso xenófobo o islamófobo de la Extrema Derecha y se dejan captar por sus ideas nacionalistas excluyentes, que no están en consonancia ni con la libertad que todos debemos tener para vivir donde estimemos oportuno, ni con la igualdad de trato a la misma condición humana que todos compartimos, ni con la fraternidad, valor tan inherente a la clase obrera y siempre tan predicada en nuestra civilización occidental.

 

Jose Mª Álvarez

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