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HACIA UNA CONCIENCIA DE VIDA HUMANA: LOS DERECHOS Y DEBERES SE EXIGEN, NO SE MENDIGAN

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¡Volvamos a la raíz!

Entre las pulsaciones internas del existir humano de hoy se vislumbran tendencias de reconocimiento que debemos ser más sujetos que objetos como sociedad. En 2002 se organizó en la ciudad de México un Congreso Mundial de Recursos Humanos el cual tuvo una asistencia de 4.000 personas. Su lema convocante: “Regreso a la Persona: Las personas hacen la diferencia”. Sus expositores fueron de nivel mundial durante cuatro días. En 2014, el Congreso se realizó en Santiago de Chile y su lema convocante fue: “Volver al Origen”. Debe reconocerse también que la inteligencia humana tiene sus propios despertares. Desde hace no pocos años surgieron las normas de Calidad ISSOS para el mundo productivo que implican rigurosamente normativas de perfección industrial, y, entre ellas garantizar una clima organizacional que dignifique tanto el ambiente laboral como sus trabajadores. Pareciera suponer que de ello ha nacido la filosofía de “Responsabilidad Social de las Empresas”. Son Paradigmas emergentes que aún no se globalizan plenamente. No siempre las acreditaciones al respecto se aplican verazmente en la realidad. Sin embargo estos destellos insuflan esperanzas aunque el alud depredador del planeta avanza y avanza.

Algunos científicos que detectan y evidencian las profundas crisis ecológicas, que el Papa Francisco en su Carta Encíclica: “Cuidemos nuestra Casa Común” se expresa que es una crisis “ECOSOCIAL”, ellos diagnostican: “De no revertir el sistema de vida que hemos generado, las catástrofes para este siglo serán devastadoras para la humanidad”. ¿Habrá que emigrar a Marte?, ¿empezar de nuevo, pero sin Caín?, ¿se considera ya irreversible orientarnos hacia una sociedad más coherente a su naturaleza?

Desde mi reflexión, nutrida desde varias interpretaciones, considero que especialmente desde el nacimiento de la era industrial los seres humanos nos convencimos que somos superpoderosos. El poder racional nos autodivinizó. Sólo los más capaces se merecen vivir. El conocimiento es el Poder. Recordemos el dicho cartesiano: “pienso, luego existo”. Su reverso: socialmente tal poder se identifica con el dinero. Se le llama “capital”. Su etimología corresponde a la palabra Caput que significa cabeza.

Por “el cambio de paradigma” o “el cable a tierra:

Si los pensamientos son conductores del vivir humano, ¿cómo revertir el paradigma entronizado del Poder como valor supremo y de dominio por el de la supremacía de la vida con su poiesis del amor?

La vida es un tejido de relaciones, de transformaciones.

Fuimos engendrados en un pleno abrazo de amor. Nacemos con el sol de la dignidad de la vida, de la filiación, de la fraternidad.

¿Existe algo más real que la vida misma?

Pero, al corto andar nos absorbe el mundo de la competencia, quién es “más” que otro, quién desplaza a quién. Sus afanes son excluyentes. Sin embargo, el mundo competitivo para que no se le funda su motor, se reviste de variadas formas de sociabilidad, de asistencialismos. Las empresas han concebido que se deben a una responsabilidad social que cumplir. Paulatinamente algunas empresas avanzan en mejorar sus relaciones humanas. Sin embargo, el febril mundo de los negocios comanda los climas organizacionales.

Se aserta como incuestionable que “nuestra vida es así”, “es la ley de la vida”. Desde los afanes del poder se ramifica una sociedad segregada, más aún, polarizada.

Cuestionamos que la vida “SEA ASÍ”: Todo depende desde qué paradigmas iniciaremos nuestras cartas de navegación.

Nos iniciamos desde el tejido de la vida, la vida recreándose en sus complementaciones.

Nuestro tronco parte desde el ser humano que nace y se desarrolla al abrigo de sus padres, y todas sus facultades internas, su corporalidad son para comunicarse, interrelacionarse. ¿Qué nos es más real: las pulsaciones íntimas para socializarnos, o, los sistemas creados donde “el hombre es lobo para el hombre”, quién domina a quién?

Vislumbramos que del círculo vicioso que nos encierra la competencia podríamos generar el círculo virtuoso “competencias entre equipos”. En todos los ámbitos se está llamando a personas con capacidades de integrarse a equipos, de forjar equipos. Desde la física a la biología es la cohesión, la unión que hace la fuerza. La pedagogía esencial es aprender a empatizar, dialogar, descubrir los valores desde “un legítimo otro” como advierte el Dr. Maturana, Premio Nacional de Ciencias. La riqueza infinita del aprendizaje la vemos en las raíces, se nutren de todo su alrededor, y, por ello realizan las más maravillosas transformaciones que superan toda fantasía.

En la Brújula de la Vida:

Ante una cultura de vida, sustentada en los estímulos externos que atrofian las propias capacidades humanas:

Recordamos que la madre naturaleza nos enseña que la vida se genera generosamente y siempre desde dentro hacia fuera: se inspira y espira. Post estado de inconciencia se dice que “volvemos en Sí” cuando respiramos. La semilla desaparece creciendo, el gusano que se oruga y renace en mariposa…. Es la vida respondiéndose a sí misma. ¿No nos balbucea que debemos responder desde nuestro propio corazón? Existe una sapiencia propia de la naturaleza que, si de ella extrajéramos sus leyes vitales para nuestro tejido social podríamos ser más colaboradores con la creación.

Las personas, hijas de la vida, desde el seno de la sensibilidad de nuestras conciencias podremos reeducarnos, sumarnos a la re-creación de la naturaleza. Hacer de nuestra libertad no sólo la capacidad de elegir cosas, que también se da en el fascinante reino animal, sino abrirnos, entregarnos a los desafíos de la vida; de amar y ser amados para ser partícipes del concierto social, de nuestro universo.

Si reconocemos afectiva y efectivamente, que la vida “no es sólo ese “bullicio” entre dos grandes silencios” como acotaba nuestra distinguida escritora Isabel Allende, y nos recentramos en sus fuentes, podremos retomar el camino de la vocaciónde ser persona, de forjar una sociedad con rostro humano.

Epílogo

Compartimos esta visión en aras de cimentar el Desarrollo Humano y de Nuestra Tierra. Civilizarnos es cernir los valores que nos humanizan y nos deshumanizan. Hay Cambios radicales de costumbres sociales que parecen ahuyentar valores fundamentales a partir del respeto consigo mismo, con mis próximos, el sentido de la responsabilidad, del sentido ético del bien común.

Una sociedad vertida a los estímulos externos, eclipsando las conciencias desde los senos educativos a la convivencia civil, estará socavando su propia sustentabilidad. Necesitamos crear simbiosis sociales para encontrar lo que nos pertenece como seres humanos. Se insta a ser innovadores en todos los campos, mas innovar que las personas se eduquen para convivir, crear estrategias de acciones involucrantes, requiere cambios profundos de paradigmas.

Se pontifica que estamos en la era del poder del conocimiento por el desarrollo científico-tecnológico. Miles de millones de dólares se invierten para descubrir qué hay o qué hubo detrás del Big Bang… Sin embargo el poder del conocimiento, hasta hoy es impotente para hacer de este planeta un hogar de feliz estadía para todos los seres humanos. El paradigma de la “Especialización” con sus lados claros de aciertos, pero su absolutización, su atomización, cegó la visión holística de la vida. Así la vida social no deja de ser casi esquizofrénica.

El 29 de Septiembre 2013, las Naciones Unidas dan a conocer un alarmante informe: Asegura que es inequívoco el calentamiento global y que existe el 95% de certeza que el hombre es su responsable. Nuestro País figura entre los emisores del CO2. Este hecho que se denominó como la “Verdad Incómoda” Junio 2012 – Septiembre 2013 – Octubre 2016, será una “Verdad Insoportable” para las próximas generaciones. La denuncia de la ONU nos enfrenta a plantearnos a un cambio profundo de vida. Un dicho aborigen australiano dice: “Todos estamos aquí de visita en este momento y lugar. Sólo estamos de paso. Hemos venido a observar, caminar, crecer, admirar, amar y volver a casa”. Y, pienso que tal casa comienza en la casa de mi corazón, la de mis prójimos para estar en la casa del corazón de Dios.

 

Pedro Aranda Astudillo

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