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CULTURA DEL SER Y DEL DAR

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La pobreza no la hizo Dios, la hacemos tu y yo cuando no compartimos lo que tenemos” (Teresa de Calcuta)

31 de Julio, domingo XXIII del TO

Lc 12, 13-21

Uno de lagente dijo: Maestro, di a mi hermano que reparta la herencia conmigo

Una demanda, a modo de ruego, con la que aquel “uno de la gente” se acoge el amparo de Jesús en sus necesidades. En proyección evangélica, lo que se nos demanda es un pasar de la cultura del saber y tener a la cultura del ser y dar. Un presupuesto clave y fundamental para generar la convivencia y la vivencia de relaciones justas entre todos los seres humanos. El ser sin el dar, por otro lado, carece de sentido.

La Iglesia así lo ha interpretado. Ya las primeras comunidades cristianas entendían el dar como expresión de su ser, compartiendo bienes con los necesitados. Una melodía gregoriana medieval de autor desconocido y muy utilizada en la liturgia de Semana Santa -lavatorio de pies e institución de la Eucaristía-, lo expresaba en esta antífona: “Ubi caritas et amor Deus ibi est”.

Gérard Lairesse (1640-1711), artista holandés polifacético y de amplia cultura, escribió refiriéndose a la institución eucarística:“La Iglesia no es una colección de edificios de gran belleza; es una fuerza viva y activa que realiza obras admirables a lo largo y ancho de nuestro paías: cuando la gente carece de hogar allí está la Iglesia porporcioando alimentos calientes y cobijo; cuando la gente es aplastada por la adicción o está deshauciada; cuando la gente sufre o está desolada, ahí está la Iglesia”.

El Papa Francisco hizo su versión propia de esta vivencia eclesial en la Sala Regia del Vaticano ante jefes de estado y de gobierno de diversos países con motivo del 66 aniversario de su fundación de Europa: “Sueño con una Europa donde ser emigrante no sea un delito, sino la llamada a un mayor compromiso a favor de la dignidad de cada ser humano”.

El Evangelio está jalonado de joyas de este compromiso. “Jesús vivió por nosotros”, reza el título de uno de los libros de Fray Marcos. Es decir, vino a enseñarnos una manera de vivir. Un vivir plenamente volcados en la atención a las necesidades del prójimo. Y joyas son el “deja la ofrenda delante del altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano” (Mt 5, 24), “da a todo el que te pide, al que te quite algo no se lo reclames” (Lc 6, 30), “dijo al hombre: Extiende la mano. El hombre la extendió y su mano quedó sanada” (Mc 3, 5).

Nuestra sociedad padece egotitis aguda, y no parece hoy preocupada por encontrarle eficaz remedio. Un deplorable ejemplo de lo que ya Epicuro de Samos (341-270 aC) predicaba: “Comamos y bebamos que mañana moriremos”. San Pablo recuerda en (1 Cor 15, 32) sus palabras.

La pobreza no la hizo Dios, la hacemos tu y yo cuando no compartimos lo que tenemos”dijoTeresa de Calcuta. Y Verdi recordaba a los poderosos en el Acto I de Un ballo in maschera que “Es indigno del poder el que no enjuga las lágrimas de sus súbditos”.

 

PRIMERO ESTÁ LA TIERRA

Primero está la Tierra,
luego el Cielo.
Lo del Infierno… un mito,
infierno de conciencias.

La Tierra está en el Cielo
y en el Cielo la Tierra.

-“¡De Potosí y las minas
prudente habla a los mendigos!”,
aconseja el poeta.

La Tierra está en el Cielo
y en el Cielo la Tierra,

pero…el estómago del pobre
urge terrenal respuesta.

¡Cielo¡ ¡Infierno!

Granizo en primavera
sobre el pobre.

(EN HIERRO Y EN PALABRAS. Ediciones Feadulta)

  

Vicente Martínez

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