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VOLVER A LEER EL EVANGELIO

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No lo veo claro. Veo que hay una gran conmoción en el mundo cristiano ante las actitudes, palabras y hechos del papa. Pero, siendo sincero, lo que yo estoy palpando, es que no estamos avanzando gran cosa en la vivencia cristiana. La participación en las celebraciones, los grupos de catequesis de jóvenes y de adultos, el compartir y la justicia con los empobrecidos, no la veo crecer.

Es más, sigue su curso de decaimiento. Todos decimos “¡qué papa más majo!” pero ahí se queda todo. Estoy notando en nuestro país que las orientaciones episcopales y pastorales no avanzan en línea de evangelio.

Quiero señalar varias causas que a mi me parece que habría que trabajar:

1. Anuncio del evangelio. No estamos cambiando el lenguaje y seguimos repitiendo los mismos conceptos y con las misas expresiones de hace muchos siglos. Ante el cambio enorme cultural, a mi entender, se requiere un lenguaje distinto y una insistencia enorme en la vida y hechos de Jesús. En el credo de la misa y en la catequesis, afirmamos expresiones muy abstractas, conceptuales y no recordamos la vida de Jesús. Una primera labor, sería poner la vida y el misterio de Jesús con palabras castellanas que tengan incidencia y entren en nuestras vidas (¿qué dice hoy eso “de engendrado, no creado”?) ¿No sería bueno una labor de traducción a nuestros días? Y recordar más dichos y hechos de Jesús, no filosofía, menos teología y más palabras y dichos de Jesús.

2. Hemos imaginado a Dios muchas veces a nuestra manera. Así estamos todo el día intentando conquistarle, conseguir su ayuda. Precisamos el salto de vivir a Dios, en quien estamos, existimos y vivimos. Y nuestras oraciones que no sean solo pedir, sino acoger, celebrar, vivir, agradecer. Hablamos mucho en la misa y contemplamos poco. Hay poco silencio, poca contemplación del misterio y de la vida.

3. Se precisa una revisión de signos de poder que en otro momento decían algo de evangelio. Cambiarlo por formas de hoy día, sacadas del evangelio: la custodia, el palio, los estandartes, las ropas… Son signos de poder y mando de otros momentos. Hoy contrastan con el Evangelio. He puesto en los altares, carteles, tales como “presos refugiados”…

4. Todas las oraciones acaban pidiendo la vida eterna. Si ya Dios nos la da en Jesucristo, ¿no sería preferible llevar esa salvación a las realidades de hoy en los hermanos que sufren?

5. Los fieles responden generosamente siempre que se trata de mejorar el edificio del templo, comprar nueva s imágenes, poner nuevos adornos… ¿No podríamos caminar hacia emplear ese dinero en crear fuentes de vida para los empobrecidos?

6. Partimos en nuestras celebraciones de una cosmogonía judía, cielo arriba… ¿No es preciso cambiar ese lenguaje y descubrir a Dios en lo santo de cada persona y de cada cosa, porque Él está ahí presente?

7. Es precioso partir de que hoy muchas personas no son creyentes sino religiosas. Eso requiere transmitir, contagiar las Palabras, hechos, vida, muerte y resurrección de Jesús. Aprender a vivir el silencio y la presencia de Jesús.

En el evangelio Jesús provocaba con su palabra y sus hechos. Siento que hoy es preciso el escándalo como lo hacia Jesús y como impacta. Los paños calientes dulcifican pero no sanan.

No entro en multitud de acciones que requieren un cambio radical. Pero sí quiero remarcar la necesidad de implicación de los seglares. Necesitamos una iglesia construida y edificada por seglares, donde no sean simplemente miembros obedientes sino donde sean parte activa, deliberante y comprometida. Bonita ocasión tenemos con la escasez de sacerdotes. Es una oportunidad para ser una iglesia de todos-as.

Nuestras parroquias se van quedando solamente con personas mayores. Lo considero una llamada. No pasa nada. Purifiquemos nuestra fe. Pasemos de la religiosidad a una fe cristiana.

Todos admiramos los gestos, los hechos, los dichos del papa, pero si la base no cambiamos, nos quedamos en la admiración, en el aplauso, pero no llevamos nuestras vidas al evangelio.

Sueño con una iglesia en la que todas las personas leyésemos de nuevo el evangelio letra a letra y lo aplicásemos a nuestra vida. Eso sí que nos va a transformar.

Los actos masivos, las declaraciones no acaban de cambiarnos.

 

Gerardo Villar

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