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CARTA A LOS 50 AÑOS DE CURA

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He vivido con suerte. He ascendido. He subido. En Ortigosa, 1040 metros y en Pazuengos, 1140. He pasado por 20 parroquias. Comencé una pastoral –casi de carrera– pero luego el sentido común y el Espíritu pusieron las cosas en su lugar.

Y he recorrido muchos pueblos dando charlas. Y he participado en muchos colectivos eclesiales, sociales, humanitarios… Soy un suertudo. Experimento ahí a Dios. Como también en lo demás.

He sido cura de pueblo. Y con un espíritu inquieto, un poco revolucionario. Vamos a decirlo claro “un poco mosca cojonera”. Porque no he estado en cargos de mando y cuando lo estuve, creé muchos interrogantes. Así que de nuevo a recorrer barros en los pueblos.

Me he sentido metido en el anuncio fresco del evangelio, rebatiendo la religiosidad y anunciando la fe cristiana. Todo en camino de búsqueda…

Suerte de estar en la vida. Asistí como actor a la creación de la Unión de Agricultores, al Proyecto Hombre, a las ferias de la alubia y de la nuez. Colaboré en la creación de Rioja Acoge. Ayudé a surgir la cooperativa del mejor foie-gras del mundo… Y así me he sentido animador de la fe, porque el Espíritu soplaba. Y se iba creando comunidad.

Vivo con suerte. Por circunstancias de la vida, he estado 30 años viviendo en casa con otras personas: prostitutas, presos, toxicómanos, transeúntes... Y han tenido mucha paciencia conmigo. Igual me dedico a escribir siete u ocho novelas con esa experiencia. Una de mis grandes alegrías es cuando alguna de estas personas me sigue llamando desde su tierra o su trabajo. Y también he metido mucho la pata y he pasado dificultades.

Disfruto –toda la vida– celebrando la eucaristía y trato de hacerla cada vez nueva. Igual en una asamblea de tres personas que en la cárcel. Lo mismo la predicación. Le dedico mucho tiempo y procuro que sea algo vivo, activo, creativo. Llevo toda la vida renovándome en teología. Es un privilegio, aunque cuesta y choca. Soy amigo de muchos teólogos de hoy día.

Me encanta escribir: en las hojas parroquiales, en el periódico, Militante Rural, revistas., Fe Adulta... Me relajo y expreso.

Tengo recuerdos de todo tipo en cada uno de los veinte pueblos en los que he vivido. He cambiado mucho cada 8 años, más o menos, según lo que quedamos en la diócesis, por el bien de ellos y mío. Me ha supuesto creatividad, búsqueda, anuncio. E ir quitando libros. Sé que no he sido una persona que haya pasado desapercibida: para bien o para mal. Pero Dios sigue creando. Y Jesús se implicó y se complicó hasta la cruz y la resurrección.

He querido y pedido toda ni vida estar en una unidad pastoral. Pero no ha podido ser. Ahora estoy lejos de la curia. En la montaña.

Preparando y trabajando el aprender a vivir el cristianismo con nuevas formas. Participo en varios grupos en los pueblos y en Logroño, abriendo horizontes de diálogo fe- sociedad. Me encanta dialogar con los no creyentes.

Y aprendiendo a ir desapareciendo. Porque vivo que Jesús está en mi y en todo. Y eso es para vivirlo y celebrarlo Me cuesta ir envejeciendo e ir desapareciendo. Aprender a perder, para Ganar.

No quiero ir al hogar sacerdotal. Tengo la suerte de estar con mi familia y si no, buscaré una Residencia normal. Es por ver si aprendo a jugar al mus... tantos años en los pueblos y aún no sé.

Y un deseo grande: Estoy de jubileo. Y según dice el Levítico: “era año de devolver, de perdonar”. Por eso, me gustaría que devolviésemos a los pobres y necesitados. ¿Qué? Dos habitaciones en el seminario, para que pueda dormir algún preso que lo necesite, alguna persona con problemas. Mientras tenga salud, yo me ofrezco a acompañarlo. Tenemos el ejemplo maravilloso de los Salvatorianos.

Y ya como el anciano Simeón: la alegría de haber encontrado a Jesús. Aunque con muchas dudas y muchos fallos. Pero suelo decir en los entierros siempre: “Tú has acogido ya a tu hijo”. Es que Dios no tiene Alzheimer y no necesita que me recordéis ante Él. Que sea una acción de gracias. Porque está claro en el salmo 36: “Tú salvas, Señor a los hombres y a los jumentos”. Si no es por una cosa, por la otra. Mejor dicho, porque Dios me inunda. Jesús vive en mí, en Él vivo, me muevo y existo.

 

Gerardo Villar

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