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EXÁMENES DE JUNIO

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El recién implementado sistema de Bolonia (*) ha adelantado los exámenes de Septiembre a finales de Junio y principios de Julio. Con la cadena de preguntas realizada por sorpresa a sus discípulos parecería que Jesús participa de este nuevo plan de estudios en teología. Y, ciertamente, de cara al verano no estaría mal tomarse unos minutos para responderse. (*) [el plan Bolonia es un sistema de reforma universitaria a nivel Europeo]

En el texto encontramos dos preguntas explícitas y una implícita que, a mi modo de ver, están interconectadas. La primera, ¿quién dice la gente que soy yo? La segunda, ¿quién decís vosotros que soy yo? La tercera, que es implícita, ¿quién digo yo que soy? Aunque en el texto de Lucas se percibe menos que en el de Marcos, a través de este recurso hay una progresión y profundización en la identidad de Jesús.

La primera parte del "examen", ¿quién dice la gente que soy yo?, es una especie de precalentamiento para abordar la cuestión central: ¿y vosotros? El paso de Jesús por Galilea causó impacto y Él era consciente de que la gente le asemejaba a figuras como Elías, Juan o un profeta. Jesús busca establecer un contraste entre la visión que puede tener desde fuera la gente de él y la que tienen aquellos que viven con él. Sin embargo, quisiera revalorizar esta pregunta, ¿quién dice la gente que soy yo? Pues no es una mala pregunta para un examen de pastoral y ponernos el termómetro de si sabemos por dónde anda la gente y qué piensan nuestros coetáneos de Dios y de Jesús. Y es que más que examinar su cultura o su incultura o "lo mal que está el mundo", debería también ser una especie de "espejo" de lo que estamos transmitiendo de Jesús.

La segunda pregunta, ¿y vosotros quién decís que soy yo?, por una parte está relacionada con la primera, en cuanto que se busca poner en contraste ese conocimiento más superficial con un conocimiento que se presume más profundo. Y, por otra parte, está en relación con lo que a continuación dice Jesús de Él. De hecho, Pedro da una respuesta de diez en teología. Sin embargo, Jesús no se da por satisfecho y responde él mismo a una tercera cuestión: ¿quién digo yo que soy? "Sí, soy el Mesías y el Hijo de Dios, pero un Mesías que va a padecer y morir para entrar así en su gloria".

Aunque en el texto de Lucas no se indica la reacción de Pedro, en cierto modo, se halla implícito en lo que viene a continuación sobre "el que se avergüence de él y de sus palabras" (vv. 24-26). El segundo mandamiento del decálogo recoge también esta intuición. Pues, si el primero manda "no tener otros dioses", el segundo ordena "no hacerse imágenes ni crearse otras divinidades". Parecería que sendos mandamientos buscan corregir la desviación de la idolatría. En cambio el segundo afina más, pues puede entenderse que renunciar a hacerse una imagen es que el creyente renuncie a hacerse un Dios a su manera, que es la tentación típica del hombre religioso; hacerse un Dios a su imagen y semejanza, interpretando a su manera su voluntad y tergiversando su querer. Y esto sería también una forma de idolatría, aunque se saque un diez en teología.

En cierto modo, corrigiendo a Pedro, Jesús apunta más allá: el creyente no es tanto el que da respuesta correctas doctrinalmente como aquel que vive abierto y acoge la imagen que pueda descubrirle Dios, por desconcertante que sea como aquí. La trama de libro de Job reside precisamente en esto. Pues los tres amigos son los representantes de la teología oficial de Israel y desde ella dan respuestas teóricamente correctas. Job, por el contrario, llega a decir barbaridades. Sin embargo, y para sorpresa de todos, al final del libro Dios dice que su siervo Job ha hablado bien, mientras los amigos mal.

¿Por qué? Los amigos, razonando así, muestran una religiosidad interesada y un total desprecio por la verdad, pues prácticamente llegan a decir; si es verdad o mentira da igual, tú conviértete para que Dios te premie. Lo cual es un argumento similar al que proponía Satán. Job, sin embargo, no salva a Dios a costa de mentir y a costa de acusar al hombre. En este sentido, se manifiesta como un titán de la fe, ya que va en busca de la verdad cueste lo que cueste y, no se casa con teorías que, si bien correctas, no responden a la realidad.

¿Cómo es posible que Job haya hablado bien si ha dicho que Dios es como una fiera salvaje que busca engullirle, como un soberano déspota que abusa de su poder y le tiene oprimido y un largo etc que a los oídos de un israelita piadoso debería sonar como una serie de aserciones blasfemas e irreverentes? Pues bien, Job ha hablado bien y los amigos mal, porque Job ha ido en busca de la verdad y no ha temido poner en crisis las viejas teorías ni siquiera la misma idea de Dios, cuando la realidad las ha desmentido o las está desmintiendo. Es más, Job no se conforma con el implante ideológico retributivo sostenido por los amigos, porque un Dios que responde bien a los que hacen bien y mal a los que hacen mal, es un dios incapaz de perdonar. La respuestas, por tanto, teóricamente correctas, muestran en cambio una imagen de Dios tremenda.

No es este el caso de Pedro, pero sí la ocasión para preguntarnos si ser creyentes es tener la respuesta correcta sobre Dios o más bien vivir abiertos a sus respuestas por desconcertantes que sean.

 

Marta García Fernández

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