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OBRAS ESPIRITUALES

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1.- Enseñar a quien no sabe

Lo que palpo en la vida, son personas con unas necesidades integrales, totales. NO veo mucho la diferencia entre cuerpo y espíritu. Jesús sanaba a las personas: perdonaba y daba salud. Nosotros llamamos corporales a ciertos aspectos más visibles.

Por eso, decimos: aprender juntos porque todos somos profesores y aprendices.

El otro y yo somos personas que sabemos y que necesitamos aprender. Eso de “enseñar al que no sabe.”..... Ayudar a que aflore en él todo lo que sabe, todo lo que lleva en su interior.

Me ha pasado varias veces. Al intentar, ayudar a aprender a leer en castellano a personas de otros países, me ha sido muy fácil haciendo a través del recorrido visual por los objetos. Como a las personas les interesan esas cosas concretas porque con ellas trabajan, usan, viven, enseguida han aprendido a leer y a escribirlas. Debe ser el sistema de Pablo Freire.

Hay una actitud en muchas personas de pensar que no saben. Y no saben posiblemente de cosas que se valoran hoy en la sociedad, pero lo que es saber de cosas profundas, de humanidad, saben un montón. Dicen en mi pueblo que cuando hay que trazar una carretera se cuenta con el arquitecto, pero cuando es muy difícil ver el trazado mejor, se llama a un pastor, que es quien mejor acierta.

Ya me decían “doce años estudiando para no saber aparejar un burro”. Una obra de misericordia o mejor de justicia, sería el descubrir, hacer florecer en las personas lo que saben y ayudar a poner nombres a las cosas.

Enseñar. Mejor aprender juntos. Porque lo importante está en el corazón y en la mente de cada persona. No puedo imponer ni meter por un embudo, conocimientos. Mejor es poner elementos ante las personas para que pensemos y descubramos.

Sí que es cierto que conocimientos que hemos adquirido o puesto en la historia, es bueno transmitirlos a los demás. Pero nunca el imponer juicios morales, científicos, sociales.

Qué bueno si no damos interpretaciones del Evangelio, sino ayudamos a las personas a leer el Evangelio. Que cada uno irá profundizando.

Quizás tenemos oxidada la capacidad de analizar, pensar... Se trata de engrasar. Enseñar a quien no sabe. Mejor: aprender juntos porque todos sabemos e ignoramos.

2.- Dar buen consejo a quien lo necesita

Ojo. Que puedo pensar que mi consejo es necesario para la otra persona y en el fondo, lo que voy buscando, es imponer mi forma de pensar, de actuar, a los demás. Ayudar a pensar, a reflexionar, a enfrentarnos a la verdad que llevamos dentro.

Hoy todas las personas intentamos imponer nuestras categorías, nuestras opiniones. Es maravilloso el abstenernos de dar nuestros criterios y ayudar a encontrarlos. Dar elementos de reflexión. Una obra de caridad muy grande es que las personas aprendan a no dejarse llevar por los medios de comunicación, incluidos los eclesiásticos Sino que bebemos de las fuentes frescas del Evangelio., de la vida y de los empobrecidos.

Qué cosa más grande. Viene alguien a pedir opinión y con mi empatía lo único que hago es devolverle sus preguntas, sus planteamientos. Y después de un rato largo no he hecho más que acompañarle a entrar dentro de sí, a buscar su solución. Al final dice: “ya me lo has resuelto”. No, solamente he hecho escuchar y devolver. Los remedios solo se dan directamente en las farmacias. Y lo importante es hacer personas que piensen y tomen sus decisiones aunque corran el riesgo alguna vez de equivocarse.

3.- Corregir al que se equivoca

Y ¿estoy seguro que se ha equivocado? Quién me dice que yo estoy en lo seguro y en lo cierto? Busquemos entre los dos. Y veremos si aquello que el otro ha hecho está mal en sí o según mi criterio. No puedo controlar el Espíritu ni la conciencia ajena.

Hay una tendencia enorme a confundir mis pensamientos, mis opiniones con las del Espíritu. Si juntos escuchamos al Espíritu, a los pobres, en el silencio... podemos llegar a acertar el camino.

Criterios que ayer nos parecían de maravilla y obligatorios en el cristianismo, hoy los vemos como opiniones y prácticas de un momento, de una cultura, de una interpretación determinado. A todas horas se me quejan las mujeres porque en su juventud les prohibían el baile público en cuaresma.

Depende mucho de nuestra interpretación de la moral cristiana, para llegar a imponer costumbres, prácticas que dentro de unos años, las veremos como evangélicas. Y al revés. Obligaciones morales que ahora vemos como exigencia cristiana, las veremos contrarias al evangelio. Mucha humildad y dejarnos inspirar por el Espíritu.

4.-Perdono y hasta me olvido

Una faena que me han hecho. Si me manchan el suelo puedo, limpiarlo con agua y lejía. Así ocurre en las ofensas que me han hecho. Puedo echar mucho cariño, perdón....para barrer esa injuria.

En principio, yo creo que hay una posibilidad sicológica: descubrir la ofensa en su justa medida, verla en la realidad, sin hacerla crecer.

 En mi pueblo pasa un rio y estos días lleva mucha corriente. Ayer un grupo de personas escribimos en un papel una ofensa, alguna faena que nos han hecho, el sentimiento d dolor que tenemos por ello, y nos fuimos al puente. Escribimos la ofensa y sobre todo el sentimiento que teníamos y lo echamos al rio. El agua rápidamente se llevó el papel. Es un camino, para perdonar y olvidar Repetirlo, puede producir su efecto.

Siempre me ha chocado la frase de Jesús “si alguien te hiere en la mejilla derecha, ponle la izquierda”. Y lo entiendo a mi manera. Pero es efectivo. Cuando una persona me hiere -así lo siento yo- lo mejor es con voz muy baja, con serenidad, ofrecerle algo positivo, ponerme de su parte... Y se deshace la ofensa. Cuanto mayor es el trozo de hielo, más calor necesita para derretirse. Si una persona me ofende, le desbarato si me pongo a su altura física y me presento menor que ella. La mayor victoria es no darle importancia y sobre todo, ser asertivo a la hora de responder. Manifestar mi sentimiento más que intentar derribar y vencer. Corazón sereno y ánimo equilibrado. La leche en tetrabrik si la abrimos poniendo la boca por debajo, sale muy suave la leche. Si la ponemos con el agujero arriba, sale a borbotones, pero no da de sí lo que puede y es realmente.

Manifestar serena y empáticamente mis sentimientos sin buscar herir. Sino como oportunidad para que la otra persona mejore, crezca...

5.- Te acompaño en el sentimiento. Consolar al triste.

No me gusta dar el pésame. Prefiero estar en silencio junto al que sufre. Es muy fácil decir palabras de ánimo. Pero muchas veces son palabras huecas. Hay que ponerse en el lugar de quien sufre para poder compartir el dolor y la esperanza.

Se trata de curar, de acompañar a encontrar motivaciones para vivir con ánimo. A veces es preciso que duela primero la herida y que se descubra bien para poder luego aportar curación.

No puedo ni escarbar ni echar polvos de talco. Hay que dejar que se vaya curando. Eso sí, estando junto a quien sufre con serenidad, con lloro, con compartimiento y constancia.

Parece difícil, pero me resulta más difícil acompañar a quien lo vive disfrutando que estar con quien sufre. Porque ambas cosas me exigen profundidad. Los chistes son una forma, muchas veces vacía, de despistar.

Y algo que no me gusta hacer es preguntar, indagar, en las causas de la tristeza. Que quien sufre, se desahogue, cuente, narre. Pero que no haya por mi parte un interrogatorio, Una curiosidad. Yo lo veo sobre todo como ejercicio de silencio, paciencia y cariño. Y suele ser doloroso.

6.- Vivir las deficiencias ajenas como oportunidad.

Cada uno tenemos nuestras debilidades, nuestros fallos. Y muchas veces, resultan molestos a los demás. Nos pasa a todas las personas. Lo grande es llegar a un momento en que ya no sea un sufrimiento, sino una gozada: acompañar a otra persona y sacar fruto de esa flaqueza. Claro que si ronca mucho y o me deja dormir, puedo marcharme a otra habitación. Hay realidades que no sé superarlas. E incluso a veces, eso requiere la ayuda técnica de un profesional

Paciencia no quiere decir callarme y no darme por enterado. Paciencia es trabajar por estar con quien lo necesita y recurrir con él a ejercicios físicos, ayudas médicas, apoyos sicológicos...una y otra vez sin cansarme. Sin pretender resolverlo sin más.

Y una ayuda necesaria, es salir de vez en cuando, a otro ambiente, descansar de esa dificultad, para reponerme, para respirar otro ambiente. Los cuidadores de enfermos hacen una gran obra de misericordia, descansando y cambiando de lugar y ocupación.

Hay personas que nos cuentan miles de veces la misma desgracia. Podemos con sicología ir desviando la conversación, introducir acciones o temas distintos, enfocar las cosas en otra dirección. Un trabajo de maestría.

Pero una forma preciosa de vivir la caridad y la misericordia.

Ocasiones especiales son hoy el acompañamiento a las personas enfermas, a los afectados por el Alzheimer o la demencia senil. Cuánto bien hacen muchas personas acompañando, estando con quien vive esas enfermedades. Y no digamos nada, las personas que dedican horas y horas a servir a los enfermos. Y especialmente cuando se ponen raritos.

7.- Descubrir a Dios en los vivos y en los difuntos

Todas las realidades son presencia de Dios. Hay que sondear, hay que detectar su presencia. Y vivirla como tal. No para que me escuche, que ya lo está haciendo sino para compartir y dialogar con El, sobre estas realidades, para darle gracias, manifestarle nuestros sentimientos, sentir su voluntad

Ya no es “rezar cinco padrenuestros o tres salves “. Es estar a solas, hablando con quien sabemos nos ama” Y nos lo está demostrando en cada realidad, aunque nos parezca positiva o negativa.

Por mucho que nos empeñemos, no podemos cambiar el curso de la naturaleza. Pero sí podemos vivir la presencia salvadora de Dios en cada realidad. Y empalmar con ese sentimiento. Una vez más es necesario el silencio, la escucha, la Presencia. Y caminar en la dirección salvadora que la vida nos marca, aunque no nos guste.

Lo que sí puedo hacer es ofrecer a los demás mi experiencia, mi colaboración, mis pistas. Pero, sobre todo mi escucha de Dios. Y siempre con los grandes deseos y metas de Jesús: pan para todos, un mundo nuevo que sea sociedad de Dios, un perdón y un mundo nuevo experimentado desde ya aunque inicialmente.

Me encanta pensar, cuando quiero orar recordando a los difuntos, que es Dios Padre quien me los recuerda, como un buen padre no se olvida, no tengo que recordarle a sus hijos, sino que es El quien me indica las necesidades de su familia que somostodos y quiere y me indica cómo echar una mano.

 

Gerardo Villar

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