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Libro de la biblia

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ABRIR LA PUERTA

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Estamos en una temporada en que la Iglesia llama “año de la misericordia”. Para eso, el Papa en Roma y el obispo en las catedrales, abre simbólicamente la puerta para que descubramos que la comunidad cristiana es lugar de acogida.

Bonito gesto si lo llevamos a la vida: abrir puertas:

- Abrir la puerta de nuestra casa a quienes lo necesiten.

- Abrir las puertas de nuestro diálogo a los que quieran hablar.

Siempre recordamos que en casa de nuestros padres entraban los pobres y se les ofrecía comida. ¿Quiénes llegan hoy a las puertas de nuestras casas?

- El vecino para pedirme un favor.

- El que me trae algo: fruta, dulces…

- El que me llama por teléfono, whatsapp… para comunicarse.

- Los inmigrantes y refugiados que nos piden sitio y acogida.

Qué humano y qué cristianos son:

- Pasar la puerta de la habitación de un enfermo.

- Pasar la puerta de la cárcel para visitar o acompañar a un preso.

- Pasar la puerta del Proyecto Hombre para apoyar la recuperación.

- Pasar la puerta de tantas personas que sufren para llevarles un poco de consuelo

Menos mal que no tenía puerta

Siempre he visto que las Cuevas de Belén, del Nacimiento de Jesús, están sin puertas. Eso facilitó el que José y María pudiesen entrar y dar a luz a Jesús.

Las demás casas, se ve que tenían la puerta cerrada.

De nunca me han gustado las puertas cerradas. Hay refranes curiosos, como el que dice: “de la puerta cerrada el diablo huye”, defendiendo el cerrar las puertas.

Hay quien cuenta que en algún momento le han entrado a robar a casa. Pero eso que es cierto, es una anécdota. Miles de personas entran en nuestras casas y nos aportan alegría, compañía, amistad,… Yo quiero tener la puerta de mi casa siempre abierta. Y eso significa que podéis entrar siempre en ella. Lo malo es que por la puerta principal, hay que tocar timbres, escaleras, (timbre 9) pero por los salones parroquiales, se puede entrar. Siempre que estoy aquí, las puertas están abiertas.

Una puerta abierta ofrece acogida, ayuda, cercanía.

Lo peor es poner murallas vallas, paredes, trincheras.

Los habitantes de Belén se quedaron sin Jesús por tener la puerta cerrada.

Demos al botón del amor

Estamos tan modernizados que simplemente con presionar un botón, se abre una puerta para entrar en casa o meter el coche.

Pues demos al botón del amor para dejar paso a los demás y acoger a quien lo necesita.

Abrir puertas, pero sobre todo, abrir corazones.

Acoger a las personas, sean como sean, piensen de una forma u otra.

Escuchar y no imponer mis opiniones. Ofrecer ayuda, pero no imponerla.

Facilitar la vida.

¿Sería muy bueno el que entre las cinco personas más queridas mías, estuviese alguien que sufre, lo pasa mal, resulta incómodo...?

¿Quién inventaría las fronteras, los cercos, la división entre países y pueblos y vecinos...? Campo abierto para todos. Que todos cabemos.

¡Qué triste es la casa donde nadie entra!

Nuestro corazón es muy grande y en él caben cientos y miles de personas.

Hoy día muchas casas tienen timbre o portero automático. Que siempre escuchemos y abramos a quien llega.

Y como propuesta concreta: ¿Qué tal estaría si entre todas las parroquias de la zona abrimos un piso en Santo Domingo para acoger a los que no tienen vivienda? Sería una forma preciosa de celebrar la Navidad: abrir las puertas a Jesús que se disfraza de transeúnte, de pobre…

 

Gerardo Villar

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