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¿QUÉ NOS DESPIERTAN LOS MAGOS HOY?

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Mt 2, 1-12

¡Pobre evangelista Mateo, no podía imaginar en lo que se acabaría convirtiendo este texto de su evangelio veinte siglos después! Quiso acercar a los judíos a Jesucristo resucitado y escogió aquellos símbolos que podrían ayudarle en esta tarea, pero no nos hizo una crónica histórica de algo que difícilmente sucedió.  El texto está lleno de incongruencias, por ejemplo:

¿Puede mostrar una estrella el camino hacia un establo?

Si se hubiera producido esa visita ¿por qué no habla de ella más que Mateo? No hacen mención ni los historiadores ni  los otros evangelistas?

¿Es lógica la reacción de Herodes ante los magos, si realmente temía que hubiera nacido un rival? Este rey fue cruel y sanguinario, pero no hay datos históricos sobre la matanza de menores de dos años.

Es mejor que quitemos al texto el envoltorio supuestamente histórico y busquemos “la perla preciosa” que el evangelista ofrece tanto a las primeras comunidades cristianas como a los judíos que se acercaban  para conocer a Jesús a través de su testimonio. ¿Cómo podían situarse ante el nacimiento de Jesús? El evangelista nos presenta dos actitudes diferentes:

En primer lugar nos presenta la de algunas autoridades políticas y religiosas de Jerusalén. En esa ciudad tenían lugar los grandes acontecimientos. El rey tenía que estar al tanto de lo que sucedía en su territorio. Los sumos sacerdotes conocían bien la ley judía y sabían lo que suponía Belén para la corriente profética. En teoría todo estaba controlado. Pero las autoridades no supieron leer los signos de su tiempo y no pudieron encontrar a Jesús.

En segundo lugar el evangelista nos presenta la actitud de unos magos ante el nacimiento. El termino magos no era sinónimo de hechiceros, porque en Israel tenían unas connotaciones tan negativas que nunca hubieran sido presentados como ejemplo. Más bien pensemos en la figura de unos hombres que tiene algo de sabios y astrólogos, al estilo de la casta sacerdotal persa.

En el camino que recorren para acercarse a Jesús están representadas las actitudes de quienes buscaban a Jesús y se acercaban a las primeras comunidades cristianas para conocerle. Y está representada nuestra búsqueda:

- Los magos ven el signo de la estrella y se ponen en camino, pero no sabían a dónde les conduciría y el camino entrañaba riesgos. ¿Sería una pérdida de tiempo? ¿Merecía la pena el viaje? ¿Merecía la pena bautizarse y hacerse cristiano, tras un largo catecumenado?

Hoy también estamos viendo signos. Podemos tumbarnos y quedarnos embobados mirando las estrellas, pero los signos no se nos dan para quedarnos pasmados, sino para dejarnos interpelar y responder. Unas veces nos invitarán a la interioridad y otras a ponernos en camino, pero siempre nos sacan de la instalación y nos abren horizontes. Los signos nos comprometen y nos dinamizan.

- Preguntan a quienes pueden ayudarles. Hoy necesitamos dialogar con más profundidad. Necesitamos que en las comunidades cristianas podamos leer e interpretar a dónde conducen “las estrellas” que aparecen en medio de la noche.

- Tras un viaje con incidencias y riesgos, encuentran a Jesús. Hacerse cristiano era y es un encuentro que transforma radicalmente. Algunos encuentros son fundantes, son como una piedra angular sobre la podemos empezar a construir algo nuevo, otros encuentros reavivan los fundantes.

Esto es evidente en la vida de los santos y santas; ellos releen muchas veces su vida, a la luz de las experiencias que han tenido, y toman conciencia de cómo cada encuentro les ha ido configurando, hasta llegar a ser iconos del Abbá.

También nosotros tenemos encuentros similares, pero la prisa y la inconsciencia nos hacen anhelar otros encuentros que idealizamos, pasando de puntillas sobre los que hemos recibido como don y podrían transformar nuestra vida.

- Se postran y lo adoran. La imagen es poética y un tanto absurda. ¿Unos magos de oriente postrados ante un bebé que está en un establo?

¡Genial! De este modo Mateo nos ayuda a romper nuestros esquemas mentales. Los que conocían las escrituras de memoria y sabían interpretarlas no van al encuentro de Jesús. Los  que saben leer las estrellas son capaces de ver más allá de las apariencias. Y lo que ven en ese Niño es tan profundo que caen rendidos,  sacan  sus tesoros, se vacían y los entregan.

El evangelio nos presentará muchas más veces a hombres y mujeres que saben leer los signos y entregan a Jesús lo que tienen; por ejemplo el niño que sacó los panes y peces de su zurrón y se los dio a Jesús para que comiera la multitud hambrienta. O la mujer que ungió a Jesús con el perfume. También hizo algo similar san Francisco, cuando entregó sus ricos ropajes y se quedó desnudo,  tras recorrer  el camino que le mostraba “su estrella”.

Hoy tenemos ante nosotros signos evidentes: la pobreza crece y la brecha entre ricos y pobres aumenta. Tenemos multitud de contactos superficiales a través de las redes sociales, pero las experiencias de soledad ahogan a mucha gente. Los viajes se han multiplicado pero… ¿le damos la prioridad que se merece al viaje al interior de nosotros mismos?   ¿Cómo son nuestros “viajes” para responder a las necesidades de los más pobres?

- Los magos vuelven a su país por otro camino. Para volver cada uno de nosotros por otro camino, tras la celebración de esta fiesta, podemos preguntarnos: ¿Qué signos hemos descubierto durante el año 2015? ¿Hacia dónde vemos que nos guían esos signos en 2016, como si fueran estrellas? ¿Qué sentido tiene el montaje que hemos hecho de esta fiesta? ¿Nos atrevemos a desmontarla para recuperar su sentido profundo?

Finalmente, como curiosidad, incluimos algunos datos de los apócrifos sobre los magos; nos muestran cómo unos datos que proceden de la imaginación han ido adquiriendo fuerza con el paso del tiempo y se han mezclado con el texto evangélico hasta la confusión.  

El Evangelio del Pseudo Mateo, también llamado  Libro sobre el nacimiento de la beata Virgen y la infancia del Salvador, dice que los Magos fueron a ver al Niño dos años después de su nacimiento, por eso Herodes mandó matar a los menores de esa edad. Le regalaron una moneda de oro cada uno, además de oro, incienso y mirra.

En el Evangelio árabe de la Infancia, los magos persas ofrecen los dones del oro, el incienso y la mirra. A su vez María les entrega como regalo lo que tiene a mano: uno de los pañales recién usados por Jesús. Cuando los magos volvieron a su palacio echaron el pañal al fuego, pero no se prendió porque era sagrado. Lo cogieron de nuevo, se lo pusieron en los ojos y en la cabeza, en señal de respeto y adoración y lo consideraron un valioso tesoro.

Otros evangelios apócrifos presentan a los tres magos como hijos del rey de Persia que tardaron solo unas horas en ir desde allí  a Jerusalén, guiados por un ángel. Por eso con el paso del tiempo en lugar de camellos les hacen viajar en dromedarios, que son más veloces.

 

Marifé Ramos González

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