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EL CURA CASADO JULIO PINILLOS

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Un día en el Congreso Internacional de Curas Católicos Casados

Julio Pinillos lleva ejerciendo en Vallecas casi toda la vida. Cura obrero en las grandes fábricas. Cuando cerraron aquello tuvo que buscar trabajo como profesor y esto le dio más tiempo para dedicarse a la pastoral de barrio. Entonces le reclamaron en la parroquia. Primero fue cura célibe y más tarde se casó y siguió ejerciendo como sacerdote. Fue presidente de la Federación Internacional de Sacerdotes Católicos Casados durante una década. Treinta años después, sigue trabajando en favor del celibato opcional y, sobre todo, por una Iglesia más abierta.

P-Julio Pinillos, sigues en Vallecas, ya son muchos años. 

-Sí, al principio en la Parroquia María Mediadora, y desde el año 97 hasta hoy en El Alto del Arenal. Treinta años en total.  

P- Cura casado y uno de los representantes de MOCEOP (Movimiento pro Celibato Opcional). Habéis celebrado recientemente vuestro congreso en Guadarrama. 

-Es un congreso de final, porque tenemos una historia de cuarenta años, (también los grupos equivalentes a MOCEOP en otros países europeos y americanos) y hemos cumplido el objetivo central que formulamos en el IV Congreso Internacional en Brasilia: acumular experiencia que muestre que las comunidades aceptan presbíteros que no son célibes. Ese paso ya lo hemos dado y lo que queda ya no es sólo nuestro, le corresponde a la Iglesia. 

P-¿Crees que ya está aceptado? Porque excepto algunos ejemplos parece que hay mucha cerrazón en este campo. 

-Está aceptado lo que es nuestro itinerario, nuestra forma de marchar. Son pequeños gestos. Tanto en pequeñas comunidades cuanto en parroquias. Hubiese sido fácil emigrar de las parroquias porque es una institución más conservadora y es más difícil. 

Sin embargo hemos apostado por estar ahí, sabiendo que es una tarea lenta. Compartida desde las dudas a los pequeños pasos. Alegrándote de que es la comunidad la que lo va construyendo. 

Se van dando pasos en ese sentido de aceptación, sí. En Madrid en concreto el nuevo obispo está facilitando el encuentro y el diálogo. 

Ese tono va a hacer mucho bien. Hasta donde se pueda llegar, no lo sé. Pero la receptividad es alentadora, tengas el pensamiento que tengas, lo importante es poder dialogar. Gente como Josito (José Luis Segovia) es una garantía de diálogo. Él dice:"sepamos dialogar, vosotros vais a hacer lo que creáis que debéis hacer, pero permitidme que dialoguemos afondo donde yo veo límites que en este momento se deberían de respetar". 

P-Dices que ha sido un congreso conclusivo. Eso significa un cierre a una etapa. ¿Y después qué? 

-Creo que yo no debería hablar de ese después. Me gustaría comentarlo más tarde. 

Nos hemos abierto a una Iglesia que yo llamo franciscana. En esa iglesia, ¿qué tenemos que hacer ahora? Es importante centrarnos en esto. Lo otro es una etapa cerrada. 

El propio Papa este sábado ha hablado de potenciar las individualidades. De cambiar el concepto de papado, de poder y de autoridad. 

Ya que me has preguntado hacia el futuro, me gustaría comentar qué nos ha llevado hacia el futuro. Tengo que subrayar que durante cuarenta años hemos trabajado cuatro ejes muy importantes. 

P-¿Cuáles son? 

-El primer eje: Qué significa el celibato. El segundo: Qué significa ser cura. El tercero: Cura, en qué tipo de comunidad. Y el cuarto: Comunidades evangélicas, cristianas. ¿En qué sociedad? ¿Cómo se relaciona la Iglesia franciscana con el pueblo, con su cultura y con su historia? 

En cada eje hemos ido poniendo una reflexión. 

Del celibato, concluimos que era una menudencia de cara a la Iglesia. Tan santo, tan pecador o tan servidor puede ser un cura casado como uno célibe. 

Lo importante es que sea una opción, no una imposición. 

Eso es, decir que el celibato es un don y el que no lo tenga no puede ser pastor, eso es otra cuestión. El que opte porque su psicología marche próxima a los votos, perfecto. Pero no se puede imponer. El Evangelio no dice nada. Pablo no dice nada. Lo contrario, dice: "hay que abrirse a que el obispo sea honesto, sea esposo de una sola mujer, sepa administrar su casa". 

Yo no entiendo cómo, desde esa claridad que tiene Pablo en este caso, se puede llegar a dar tanta magnitud al no-celibato. A mi juicio por una influencia tremenda de los monacatos que es cuando se configura la Iglesia. Y por el concepto de santidad: es más santo el que no tiene relación corporal. 

P-Estás hablando de muchos conceptos que se llevan repensando durante mucho tiempo. Los que critican esos cambios piensan que eso llevaría a la destrucción de la razón de ser de la Institución. ¿Cómo trabajáis esa pulsión de los que piensan de una manera diferente? 

-Me encanta. Yo creo que se debe saber compartir dentro del pluralismo. Exige oídos y tenacidad. Un ejemplo para mí es el Papa. Él querría cambiar muchas más cosas estructurales, sin duda, y el tema del celibato, también. No solamente lo creo, lo sé, porque conozco de cerca todo esto. 

Lo puede hacer ahora, pero con toda la tensión que hay, ¿construiría, o produciría un parón a ciertos caminos? Si se va demasiado deprisa y no se entra en diálogo, no se confronta y por lo tanto, no se enriquece desde la actitud evangélica profunda: el que habla y el que escucha. Claro que puede haber ese riesgo. Yo quiero evitarlo. 

He preferido estar cuarenta años y seguir en esa onda, sabiendo estar. Si el grano de trigo no sabe estar en esa tierra, no dará el fruto. No hay que tener prisa. Esto es clave. Si se cierra el diálogo, hemos desperdiciado la oportunidad. 

Hoy es una cosa admitida, incluso por el Papa, que el celibato es una cosa secundaria. 

P-En la sociedad sí, pero la Iglesia aún se mantiene reacia. 

-Doctrinalmente es una cosa secundaria. Hay una pugna entre una teología que lo tiene claro y lo reivindica, y otra más cauta, más retardatoria, que lo vende como más espiritual. 

P-Tú defiendes que hay que construir y huir del enfrentamiento. Pero si el otro sector se niega a dialogar y amenaza con un cisma. ¿Cuál es la postura para cambiar las cosas? 

-No quiero ser ingenuo. Es lo que estamos demostrando. Dentro de la federación hay diferentes corrientes. Unos optan por un camino mucho más rápido que admite la confrontación y otros que optamos por un camino más lento, que exige una escucha permanente, pero tenaz. Y no renunciar a aquellas cosas que las comunidades te están pidiendo.  

¿Cómo saber estar? Una tenacidad tremenda, y una inteligencia a la escucha. Así que, de cara al celibato hay mucha más claridad porque sabemos cómo actuar. 

En cuanto a qué significa ser cura, la federación se hace esta formulación: al cura lo que se le pide es que sea fiel. Que huela a evangelio, que es la fuerza que debemos llevar dentro. Que comparta con el pueblo y que luche con el pueblo, esto es central. Estar como uno de tantos, como dice Pablo. 

Y el tercer eje, de la comunidad. Un cura es para la comunidad, desde ella y para ella. Tenemos que devolverle las palabras. En las pequeñas comunidades es fácil, pero en las parroquias ¿es posible? Me encanta que una comunidad me llame para compartir con ellos, porque esto significa que ha tomado las riendas. Que hay una corresponsabilidad. 

P-¿Y el cuarto aspecto? 

-Resaltar que una comunidad debe estar con el olfato de lo que acontece en el barrio y que eso sea tratado democráticamente en un consejo. El talante democrático porque percibe la fuerza de dónde está el espíritu. Esa parroquia, en mi caso me ha permitido estar compartiendo con doce curas el arciprestazgo. Ellos han formulado una carta al Papa demostrando que hay experiencias que ya están cerca de ser asumidas. 

Y vuelvo a nuestro lema de mostrar que es posible, que está llegando el momento de que las comunidades dicten ya su palabra en este campo de celibato o no celibato. Pero celibato libre, tan libre y tan bonito como el matrimonio. 

Igualmente este tipo de curas que saber estar con una raíz evangélica, que sabe que la comunidad es fundamental, que son pequeñas iglesias en medio de la Gran Iglesia, que el génesis. 

P-Hablábamos de que este congreso está para cerrar una etapa y soñar otras cosas de futuro. ¿Qué esperas de cara a ese futuro? 

-Estoy participando en Madrid en el foro de curas. ¿Qué estamos esperando?, pues lo dicen los documentos que estamos haciendo. Que la Iglesia como institución sepa estar atenta a la sociedad que se está construyendo. Otra Iglesia es posible y es real. Lo que hay que hacer es salir a la melé de la historia con las fuerzas que permite el Evangelio y construir juntos. Será más lento, pero más consistente. 

P-¿Crees que es posible que se vaya cumpliendo ese sueño de construir entre todos en una realidad?  

-Me lo creo desde el alma. Pero esto exige una simplicidad de espíritu y un saber estar y escuchar. Es posible, lo creo y apuesto por ese camino. 

Después de la Federación voy a seguir buscando la posibilidad de que se empiecen a reconocer públicamente cosas que hasta ahora pertenecían al silencio o al rechazo de la Iglesia. Y pienso que es posible. O construimos en un diálogo permanente con la pluralidad que está representada o la dispersión es absoluta. 

Creo que hay intuiciones que son proféticas y tienen el derecho de reivindicar su patente de nacimiento, si no pasan enseguida a ser patrimonio de otras gentes. Muy peligroso. Ruptura, engreimiento, apasionamiento inmediato. No es teología es sociología.

 

Jesús Bastante

Religión Digital

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