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ADVENIMIENTO ECLESIAL

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“El budismo, como el cristianismo y otras tradiciones, debe renovarse a sí mismo a fin de responder a las necesidades de la gente de nuestro tiempo” (Thich Nhat Hanh)

29 de noviembre, domingo I de Adviento

Lc 21, 25-28. 34-36

Cuando comience a suceder todo esto, erguíos y levantad la cabeza, porque se acerca vuestra liberación

Jesús nos pide no caer en la apatía y la desesperanza. Nos insta a ser “actores positivos” en acción de la construcción de una nueva cristiandad. Esta construcción debe empezar dentro de uno mismo, pues la verdadera libertad es la que nos otorgamos a nosotros. Jesús vino a nuestra historia personal para rectificar nuestra religiosidad. Para lo cual, como sugiere José Mª del Castillo, “primero hay que acabar con el culto a los ídolos o falsos dioses que se nos imponen en la vida; y segundo, no tolerar que nada ni nadie nos embote la mente y el corazón”.

El apocalíptico libro del profeta Daniel anuncia en términos escatológicos la necesidad de un cambio que ya anteriormente había sido profetizado también por Isaías: “mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis? (Is 43, 19). El Evangelio de Lucas nos oferta en este primer domingo de adviento un proyecto de humanidad al que hay que abrirse, como condición previa para alcanzar la liberación propuesta.

El budismo, como el cristianismo y otras tradiciones, debe renovarse a sí mismo a fin de responder a las necesidades de la gente de nuestro tiempo. Muchos jóvenes de todo el mundo han abandonado su Iglesia porque los líderes de esas Iglesias no han percibido los cambios de esa sociedad”, escribe el Dalai Lama vietnamita Thich Nhat Hanh en Buda viviente, Cristo viviente.

Es un trabajo que como los de Hércules, el héroe mitológico griego, se necesita fuerza de semidioses para llevarlos a cabo. La Historia Religiosa de la Humanidad relata que cada vez que surge, el hombre se despierta y la lleva a cabo. Son incontables los héroes de esa historia. El Papa Francisco y tantos otros, son hoy ejemplo.

Derribar murallas celestiales de Doctrinas verdaderas, Sacramentos santos, divinos Mandamientos y sagradas Normas y abrirnos a quehaceres más humanamente terrenales después de veinte siglos de encerrona… ¡qué titánica tarea!

Que hay que hacerlo con prudencia, pero hay que hacerlo, es obvio, y lo contrario no sería cristiano. Hasta un ateo honradamente convencido como Comte-Sponvile lo aconseja. En su obra El alma del ateísmo dice: “Me avergonzaría hacer perder la fe a quienes la necesitan, o sencillamente a quienes viven mejor gracias a ella”.

Un Advenimiento Ecclesial que Roma particularmente necesita, que toda la liturgia de este domingo pide. En Jeremías, suscitando a David un vástago legítimo. Levantando al Señor el alma, con el salmista. Pablo solicitando fortaleza interior. Y Lucas anunciando que está cerca nuestra liberación.

De este modo podremos sumar nuestro al grito de “¡Libertà!” al de Don Carlo y Rodrigo en la ópera de Verdi.

 

EL FUEGO

En ti vio a Dios Moisés
cuando en la zarza ardía
la llama del amor
y las espinas de las leyes.

En el Antiguo Testamento
quedaron clavadas las espinas,
el amor en el Nuevo.

El Evangelio enciende Amores,
y con su luz se extinguen Leyes.

¡¡Yo quiero ser Hombre-Evangelio!!

(Naturalia o el Sueño de las Criaturas)

 

Vicente Martínez

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