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ENTREVISTA A MARCELO BARROS

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Marcelo Barros es monje benedictino y desde joven siempre estuvo abierto al ecumenismo, a la relación entre las culturas, entre las religiones. Por causa de eso, consiguió una cierta autonomía en relación a la vida normal de un monje benedictino, que generalmente vive en el monasterio. Vivió así durante muchos años, pero hoy en día vive independiente, con su familia, y se define como “monje peregrino”, viajando como asesor de movimientos sociales, de las comunidades eclesiales de base (CEBs). Actualmente es coordinador latinoamericano de la Asociación Ecuménica de Teólogos del Tercer Mundo, creada en los años 70 para integrar teólogos y teólogas de la liberación.

En esta entrevista nos muestra su afán por establecer puentes entre el Evangelio y el pueblo de base, que se organiza en movimientos populares, CEBs… buscando caminos de liberación para aquellos que siempre fueron descartados por la sociedad y muchas veces por la propia Iglesia.

¿Qué es lo que hoy marca su vida?

Podríamos decir que el andamiento de los movimientos populares, del cual quiero participar, lo que hace que me sienta lleno de esperanza con los nuevos procesos sociales y políticos en América Latina.

Hablando de los movimientos populares, ¿qué ha significado para ellos el discurso del Papa en el Encuentro celebrado este año en Bolivia?

Pienso que la primera cosa es percibir el hecho de que un hombre que representa una institución como la Iglesia católica en su jerarquía, siente un profundo y sincero interés por una relación con las bases, con los movimientos sociales, que representan la base de una sociedad organizada. Y no sólo por ese contacto con las bases, sino por querer escuchar y aprender de los líderes sociales propuestas y perspectivas para una humanidad renovada y una nueva sociedad.

Pedro Casaldáliga dice que las CEBs es el modo de ser de toda la Iglesia. Como asesor de las CEBs, ¿por qué muchos no quieren asumir ese modo de ser Iglesia?

Toda novedad suscita interrogaciones e inquietudes, inseguridades e incómodos. Por ejemplo, las CEBs proponen un modelo de Iglesia que no es piramidal, vertical, y sí horizontal. En ese sentido, contesta una concepción de Iglesia muy jerarquizada, muy basada en el poder. Por eso tiene dificultad de ser aceptada por personas que fueron formadas con esa concepción y que muchas veces están ejerciendo el poder, que no quieren perder.

En uno de sus discursos en su reciente viaje a Estados Unidos, el Papa Francisco decía que el futuro de la Iglesia está en manos de los laicos, sobre todo de las mujeres. En las CEBs esa también es una característica, pues muchas comunidades eclesiales de base son organizadas por mujeres. Desde esta perspectiva, ¿pueden ser las CEBs el modelo a ser seguido en la Iglesia?

En mi opinión, no hay un modelo único a ser seguido por la Iglesia. Antiguamente, cuando empezamos a trabajar sobre la eclesiología de las CEBs, decíamos que las CEBs era el nuevo modo de ser Iglesia. Después de un cierto tiempo se pone de manifiesto que no es el único y que la Iglesia tiene muchos modelos. Lo importante es que la Iglesia venga de las bases, que sea un organismo horizontal, comunidad de base, se llame como quiera, pero dando a toda la Iglesia esa línea, esa orientación profética.

¿La llegada del Papa Francisco ha ayudado en esa visión de Iglesia, que viene del Vaticano II y que él asume en su vida y en su ministerio como obispo de Roma?

Sin duda cuando vemos ese hecho inesperado, en el momento en que él es escogido por los cardenales como obispo de Roma, venido, como él mismo dice, del fin del mundo, y que retoma el Concilio Vaticano II en su teología más fundamental, para nosotros es un gran aliento, un gran incentivo. Pero es fundamental no endiosar la figura del Papa, ni esperar toda la renovación de la Iglesia, simplemente de la acción de una persona. Es fundamental comprender que si las Iglesias locales no se envuelven, si las bases no lo asumen, la propuesta de renovación fracasa. Puede haber diez Papas Franciscos, que no va a servir para mucha cosa. Lo importante es que todo mundo lo asuma y sea un movimiento a partir de las bases. Siendo de esa manera, una figura como la del Papa Francisco es muy importante para nosotros.

Siempre fue próximo de Don Helder Cámara y de José Comblin, ¿qué aportaron a su vida, a su comprensión cristiana y teológica?

Es muy difícil resumirlo, pero en el caso de Don Helder, la primera cosa que aprendí fue que ser cristiano es sentirse hermano de todos, una persona común, igual a las otras, y que nuestro mirar es sobre la vida y no sobre la religión. Él era un obispo, un hombre de Iglesia, pero siempre veía la vida a partir de los pequeños, de los pobres, de los más sencillos, y con una perspectiva e interés siempre más alto que los intereses de la institución de la Iglesia. Aprendí muchas cosas de Don Helder en la línea de la esperanza, de la profecía, de la no violencia, de una crítica al poder y de una renuncia al poder, de aceptar ser hermanos juntos y no querer ser más importante que los otros.

Del padre Comblin, la seriedad en el estudio, la disciplina y una opción fundamental por una Iglesia pobre y de los pobres, que Don Helder ya vivía, pero que el padre Comblin profundizó teológicamente. Era alguien que unía tradición y osadía profética, siendo uno de los padres de la Iglesia Latinoamericana. Con él aprendí a ser capaz de ser cristiano asumiendo mis raíces negras, indígenas, de brasileño nordestino, sin ninguna diferencia, disminución o inferioridad en relación a un cristianismo europeo.

En referencia al tema del II Congreso Continental de Teología, celebrado recientemente en Belo Horizonte, “Iglesia que camina con Espíritu y desde los Pobres”, ¿qué es lo que marca la voz del Espíritu en América Latina?

Víctor Codina decía en su intervención que el Espíritu siempre viene desde abajo. Yo intente mostrar, en mi conferencia, que el Espíritu se revela al mundo en medio del pueblo y no sólo en los ambientes eclesiales y eclesiásticos, sino también en las otras religiones, en los movimientos sociales… Pienso que lo que marca es esa intuición de América Latina de unir el Espíritu, que es Espíritu de vida, de la nueva creación, de una creación permanente, con una dimensión de liberación, también permanente, del pueblo.

 

Luis miguel Modino

Periodista Digital

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