Buscador Avanzado

Autor

Tema

Libro de la biblia

* Cita biblica

Idioma

Fecha de Creación (Inicio - Fin)

-

LOS DIRIGENTES ECLESIALES ENCAJAN EN ESTA DENUNCIA EVANGÉLICA

Written by
Rate this item
(10 votes)

Introducción: “¡Cuidado con los letrados!... Ha echado lo que tenía para vivir” (Mc 12, 38-44)

Este relato es cruz y cara, denuncia y anuncio de la realidad eclesial. Jesús denuncia y previene sobre los “letrados” que viven de la religión establecida. Y presenta a la viuda como modelo de cristiano, como otro Jesús, que ofrece “todo lo que tenía para vivir” (su “bios”, su vida).

¡Cuidado con los letrados!

Jesús denuncia un peligro de toda religión establecida, y de todo grupo organizado. Los servidores pueden convertirse en señores. Los profesionales de la religión, como los de la política, hacen como “finca propia” al grupo religioso o civil, lo utilizan para imponerse, dominar y enriquecerse. El poder religioso suele fundarse en el conocimiento de los libros sagrados y en la relación especial que dicen tener con el Misterio divino; se consideran delegados y representantes de Dios. Jesús denuncia los signos de ese poder y prestigio no evangélicos:

-amplio ropaje: para crear apariencia, distinguirse de los demás, enmascarar la fraternidad.

-reverencias en la plaza: representación de prestigio, de autoridad pública...

-asientos de honor en las sinagogas: lugar de la comunidad creyente para leer, orar y comentar la Escritura. Aprovechan para controlar, dirigir, hablar sólo ellos, imponer sus interpretaciones.

-primeros puestos en los banquetes: invitados a comer; superioridad para vivir a costa de los demás.

-¡Devoran los bienes de las viudas con pretexto de largos rezos! La oración como medio o pretexto para “comerse los bienes de las viudas” (con el huérfano y el extranjero son prototipo de desamparo y debilidad). El brillo y el poder se vuelven principio de explotación y muerte.

Los dirigentes eclesiales encajan en esta denuncia evangélica:

- Un párroco francés, luego arzobispo de Tours y cardenal, escribía en 1859:

“cuando estuve en Roma en 1846, Gregorio XVI bendecía y fusilaba sucesivamente a sus súbditos. Pío IX los encarcela. Todo esto es necesario para mantener al papa en Roma... Hago votos para que la providencia ponga fin a un escándalo que, si dura mucho, arruinará al catolicismo en Europa y en otras partes” (J. I. G. Faus: La autoridad de la verdad, p. 181, Sal Terrae 2006, 2ª ed.).

- El mismo Pío IX no tuvo reparos en condenar esta proposición acorde con el evangelio:

“Sería muy bueno para la libertad y la felicidad de la Iglesia la derogación del poder político que posee la Santa Sede” (Syllabus, 8 diciembre de 1864, DS 2.976).

-A principios del siglo pasado, una famosa novela denunciaba a la Iglesia:

“Santo Padre -dijo Benito-, la Iglesia está enferma. Cuatro espíritus malignos han entrado en su cuerpo para hacer guerra al Espíritu Santo... Se trata del espíritu de la mentira, del espíritu del poder, del espíritu de codicia, y del espíritu de obstinada adhesión a lo antiguo. Hay casi otro quinto espíritu que atenaza a la Iglesia, quizá pudiera decirse que es la falta de contacto con la vida real de los pobres” (A. Fogazzaro (1842-1911): El Santo. 1905. Trad. de R. M. Tenreiro, Madrid. Librería de Fernando Fe. s.a.. pp. 273-278).

- A principios de nuestro siglo XXI, una figura brillante de la Iglesia reconoce:

“el vicio clerical por excelencia es la envidia y otros pecados capitales fuertemente presentes en la Iglesia son la vanidad y la calumnia... Preferimos el aplauso al pitido, la acogida a la resistencia. ¡Que grande es la vanidad en la Iglesia! Se ve en los hábitos. Antes, los cardenales exhibían capas de seis metros de cola de seda. Continuamente la Iglesia se reviste de ornamentos inútiles. Tiene esa tendencia a la ostentación, al alarde... El vicio del terrible carrerismo clerical y especialmente en la Curia Romana, donde cada uno quiere ser más” (cardenal Carlo María Martini, ex arzobispo de Milán, en el diario La Repubblica, 5 de junio 2008).

La viuda, como Jesús, ofrece “lo que tenía para vivir”

Frente al comportamiento antievangélico de los letrados, Jesús propone el gesto de la viuda pobre. “Estando sentado frente al cepillo del templo” (en el atrio de las mujeres en cuyas paredes estaban los buzones para las limosnas y ofrendas), observa a los ricos que dan “en cantidad”, y a una pobre viuda que echa “dos reales” (lit.: “dos pequeños”: “dos ochavos que son un cuadrante”; la cuarta parte de un “as”; para darse cuenta del valor basta recordar que el salario de un día era un denario, y éste tenía 16 ases). Jesús interpreta la aportación: los ricos (“los apegados al dinero”) dan “de lo que les sobra”. La viuda entrega su “bios”, sus medios de vida, de lo que necesita para vivir.

Esta viuda es figura de Jesús que da lo que tiene, su vida, para que otros vivan. Es claro en Marcos que las ofrendas a Dios son para que la comunidad cristiana realice el reino de Dios, la misma tarea de Jesús. Es la participación libre y responsable en los gastos comunes que lleva consigo todo grupo humano que se reúne, tiene responsabilidades y tareas diversas hacia dentro y hacia fuera. Entre esas tareas destaca la atención a los necesitados. Esta viuda es testigo evangélico: en esas monedas entrega su vida, su persona, a favor del reino. Esta mujer es signo de Jesús, da testimonio del amor gratuito divino que da y se da.

Oración: “¡Cuidado con los letrados!... Ha echado todo lo que tenía para vivir” (Mc 12, 38-44)

Jesús, observador y analista de la vida desde el Amor:

hoy, en el evangelio, nos ofreces una crítica realista de la vida;

los expertos y dirigentes religiosos son desacreditados por su hipocresía;

las personas generosas, sinceras, son “más que nadie” en el reino de Dios.

“¡Cuidado con los letrados!”, adviertes a la multitud:

con finura crítica, desenmascaras sus signos no evangélicos:

-amplio ropaje: crea apariencia, separa de los demás, enmascara la fraternidad;

-reverencias en la plaza: representación de prestigio, de autoridad pública, exaltación social;

-asientos de honor en las sinagogas (primeras cátedras): control, hablar sólo ellos...;

-primeros puestos en los banquetes: se invitan a vivir a costa de los demás;

-¡devoran los bienes de las viudas con pretexto de largos rezos!

Jesús de la verdad, estos signos se perciben en toda religión establecida,

incluso, en toda organización humana...

Surge una hermosa tarea, una necesidad urgente, unos objetivos plausibles;

hay que organizar y repartir responsabilidades;

se buscan y se ofrecen personas capacitadas;

hay que liberar a responsables, coordinadores, trabajadores a tiempo completo;

se establecen normas para conservar el espíritu inicial.

Antes o después, despiertan signos que enmascaran el amor limpio:

- los que eran servidores quieren ser señores;

- utilizan la comunidad para brillar, dominar, enriquecerse;

- su saber y experiencia servirán para su encumbramiento;

- hay que buscar signos para afianzar sus verdaderas intenciones:

El peligro es mayor en los profesionales de la religión:

- la hacen “finca propia”, la utilizan para imponerse, dominar y enriquecerse;

- su poder no procede de las armas, ni de la economía, ni de la administración de bienes,

aunque ha habido épocas históricas en que se han sufrido estas situaciones;

- su poder se ha fundado en el conocimiento de los libros sagrados

y en la relación especial que dicen tener con el Misterio divino.

(“Con el transcurso del tiempo, he aprendido por experiencia que, si la religión es el mayor bien del hombre y para el hombre, es también muchas veces completamente instrumentalizada para humillar y hasta para torturar al hombre (en el cuerpo y en el espíritu)... Si se da una religión que ofende y destruye al hombre y la dignidad humana, se trata de una religión que se niega a sí misma. Una religión que humilla al hombre es, por definición, una forma equivocada de creer en Dios o, por lo menos, una religión que ha perdido el sentido de su propia interpretación, así como el contacto con sus raíces auténticas”. Schillebeeckx, E.: Soy un teólogo feliz. Madrid 1994, p. 124 y 95).

Tú, Jesús hermano, lo tenías claro:

- “Vosotros nada de eso”;

- para los de dentro de la comunidad “el grande” es “siervo vuestro”;

- para los de fuera “el primero” es “esclavo de todos”;

- “no os dejéis llamar `maestros´, ni `jefes´, ni `padres´,

porque uno solo es vuestro Padre, y todos vosotros sois hermanos” (Mt 23,8-11).

La viuda pobre del evangelio es representación tuya:

frente a los que dan “de lo que les sobra”,

los apegados al dinero más que a la solidaridad;

los que tienen poco amor gratuito, divino...,

ella, la viuda sin amparo, entrega de lo que necesita para vivir;

en esas monedas vitales expresa su vida a favor del reino.

Jesús, “libremente despojado de rango divino y como uno de tantos”:

- que tu Espíritu nos ayude a eliminar de la Iglesia:

ropajes, reverencias, asientos de honor, comercio religioso...

- que nos dejemos llevar del Espíritu de fraternidad dando nuestra vida por todos.

Rufo González

Periodista digital

Read 1906 times
Login to post comments