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EL OPUS DEI NO SE PREOCUPÓ POR NUESTRO HIJO Y MIRÓ PARA OTRO LADO

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"La carta del Papa fue un rayo de luz en medio de tanta oscuridad"

Eduardo (nombre ficticio) es el padre del niño abusado por un profesor numerario del Colegio Gaztelueta, que el Opus Dei tiene en Vizcaya. Ayer los medios publicaron su historia y la sentida carta que le envió el Papa, "luz en medio de la oscuridad". De esas tinieblas forman parte, según el padre del abusado, el Opus Dei, que "miró para otro lado", la jerarquía española, que salvo contadas excepciones, no se interesó por su situación, el colegio, que ni se preocupó por el caso, o los tribunales de Justicia, que cerraron el caso en un primer momento.

¿Cómo está su hijo? ¿Se puede salir de un pozo de este tipo?

Mi hijo en el presente sigue con amplias reminiscencias del shock postraumático generado debido al acoso y abuso a los que fue sometido durante su estancia en el Colegio Gaztelueta. El psiquiatra que está atendiéndole considera que se puede salir pero hace falta tiempo y ayuda, una ayuda que por cierto mucha gente y algunas instituciones que ahora dicen habernos facilitado, nunca nos prestaron.

¿Ha llorado algún día de rabia, de impotencia o de dolor?

Imaginará que han sido muchas las veces que las lágrimas han aflorado en esta familia, más por dolor e impotencia, que por rabia. Desde luego las lágrimas de mi hijo son las de su madre y las mías. Ver a un hijo viviendo sin vivir, roto y destrozado, es una experiencia vital que no recomiendo ni al peor de mis enemigos.

¿Qué significó la carta del Papa para ustedes?

La carta del Papa Francisco supuso para nosotros primero una inmensa felicidad, un rayo de luz dentro de tanta oscuridad. Sin duda este Papa es cercano, humano y digno de admiración en su labor pastoral. Hay que darle mucho más apoyo del que le damos de cara a cambiar el curso de una Iglesia Católica que, hasta su llegada, pecaba de una evidente falta de claridad y de ciertas dosis de ostracismo.

¿La jerarquía de la Iglesia española se portó con ustedes igual que el Papa Francisco?

Para nada. Es más, pese al comunicado de ayer de la Diócesis de Bilbao, debo manifestar sin que me tiemble ni el pulso ni la voz que en ese obispado tan solo Ángel Unzueta nos ha atendido, se ha interesado personalmente por nuestro caso y ello de un modo regular. Monseñor Iceta no nos ha llamado ni una sola vez en todo este tiempo. Por ello es falso que haya colaborado con esta familia. Creo que es de justicia dejar claras las cosas, a Dios lo que es de Dios, y al César lo que es del César. También quiero destacar especialmente el apoyo incondicional de los jesuitas, que me han servido de paño de lágrimas y más allá, y de Monseñor Omella, obispo de La Rioja. Por lo demás y hasta la llegada de Francisco al Vaticano, nadie en la Iglesia española se preocupó por el estado y salud de mi hijo, ni por nosotros.

¿Cómo está reaccionando la Obra?

Personalmente no he tenido ninguna noticia directa ó indirecta de la Obra como institución. De hecho tampoco del colegio. Es falso que ellos se preocuparan de nuestro hijo y de este caso, más bien miraron para otro lado. Debo destacar de manera especial la falta absoluta de diligencia por parte del anterior director de Gaztelueta, Iñaki Cires, y del actual, Imanol Goyarrola, así como su falta de preocupación por el estado de esta familia. Es completamente falso que nosotros rompiéramos la relación. La relación se rompió sola, cuando observamos una absoluta falta de interés en esclarecer unos hechos que ellos mismos reconocieron en un primer momento en conversación privada mantenida en sede del chalet de Gaztelueta.

¿Cuál cree que ha sido la razón por la que el fiscal Calparsoro dio carpetazo al caso en un primer momento?

El Fiscal General Juan Calparsoro ha actuado en este caso apareciendo y desapareciendo. Creo que su carpetazo se debió a una evidente falta de profundización en la investigación que él mismo abrió y que como nos resumió personalmente en varias ocasiones dio como resultado que creyó totalmente en el testimonio dado por nuestro hijo. Nunca entendimos su carpetazo, pero lo cierto es que a nosotros nos fue dando largas. Habría que preguntarle a él cuales fueron los motivos reales.

¿Espera que, por fin, los tribunales hagan justicia?

Espero y deseo, y no seré falso. Primero por el bien, futuro e integridad de nuestro hijo y segundo y también importante, por el de tantos niños y adolescentes que, como el nuestro, han sufrido ataques de este tipo. Nadie imagina hasta que no lo vive en primera persona, todo lo que ello acarrea y conlleva. Esta lucha que estamos llevando es ante todo por nuestro hijo, porque la sociedad en general, y sobre todo los educadores, autoridades, y padres, cuando se encuentran directamente con un caso como este tienen que dejar su espacio de confort, dejando de mirar para otro lado y actuar. Ello redundará en beneficio de todos.

¿Se puede perdonar, de alguna manera, al profesor que abusó de su hijo o, aunque quisiera, le resulta imposible hacerlo?

Sólo llegará el perdón si lo hay, cuando vea que mi hijo sale adelante. Hasta ese momento soy incapaz de perdonar ni al agresor ni a quienes le han amparado e incluso animado con doctrinas carentes de rigor religioso y humano a cometer hechos como los descritos por mi hijo. Y desde luego para que proceda un perdón, tiene que haber antes una solicitud sincera del mismo y un arrepentimiento, a los que se llega por un expreso reconocimiento del mal causado.

¿Conoce algún otro caso similar al de su hijo? ¿Qué le aconsejaría a unos padres que tengan que pasar por ese mismo calvario?

Por supuesto que debido a esta tragedia familiar, hemos conocido a otras familias y niños asolados por semejantes dramas humanos. Mi consejo, y aunque yo no sea quien para aconsejar, es que lo denuncien sin miedo, que acudan a buenos profesionales que no se dejen amedrentar por presiones y que se armen de amplias dosis de paciencia, comprensión, cariño al afectado y que busquen siempre en la fe, su mejor arma. Nuestra experiencia sí debe servir para algo, y debe ser para que la gente que calla, salga a la palestra, y dé la cara, porque sí sabemos que en muchos casos, por miedo, estos casos no se denuncian.

¿Y qué le pediría a las instituciones públicas?

Aparte del proceso judicial, quiero añadir que en estos casos, las víctimas tienen un largo proceso de altibajos, y que necesitan mucho más apoyo por parte de gobiernos, ministerios e instituciones públicas. Estamos hablando de personas que en muchos casos son menores de edad, estas cuestiones les impiden acudir a clase, y aunque en nuestro caso tuvimos mucho apoyo por parte del Departamento de Ayuda Escolar Domiciliaria del Gobierno Vasco, lo cierto es que el retraso escolar que llevan debido a esos altibajos les impide en mucha medida, hacer una vida normal, junto con los shock postraumáticos. Las leyes que surgen del Ministerio de Educación deben adaptarse a supuestos como este, ó como el de otro tipo de enfermedades de gravedad, y no las víctimas a las leyes.

 

José Manuel Vidal

Religión Digital

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