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JESÚS ENSEÑA LO QUE VIVE

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Mc 8, 27-35

Nos encontramos ante un texto que el evangelista consideró decisivo ya que lo sitúa como el eje central de su relato, que queda dividido por el mismo en dos partes.

Por un lado, constituye la proclamación de Jesús como “Mesías” por parte de los discípulos, personificados en Pedro. Hay que recordar que ese mismo título es el que abre todo el evangelio, que comienza justamente con estas palabras: “Comienzo del evangelio de Jesús, el Mesías” (Mc 1,1).

Por otro lado, es el momento decisivo en que se clarifica completamente el sentido del mesianismo de Jesús: no va a ser el Mesías esperado que habría de venir con poder para someter a los enemigos del pueblo, sino el Siervo que se entrega hasta el final por amor.

La vida de Jesús puede sintetizarse, adecuadamente, en esa palabra: entrega. Desde su mensaje acerca de Dios hasta su práctica cotidiana entre la gente, todo se resume ahí: es el hombre entregado –desegocentrado-, que vive desde la más exquisita desapropiación y en la más gratuita compasión.

Desapropiado de sí, desidentificado del yo, reconoce a Dios como su identidad más profunda (“El Padre y yo somos uno”) y así lo presenta: como Gracia y Compasión. A partir de ahí, se siente siempre a salvo (“Yo soy la vida”) y se vive como cauce a favor de los demás (“He venido para que tengan vida, y vida en plenitud”).

Es, por tanto, su propia vivencia la que ofrece en forma de enseñanza a sus discípulos, después de que hace ver a Pedro lo equivocado de su percepción.

Salvar el yo es perder la vida. La vida es entrega porque es gratuidad y plenitud. Quien se ancla en ella porque la reconoce como su verdadera identidad, no puede sino “volcarse” hacia fuera, es decir, entregarse. Eso es “salvar la vida”.

Por el contrario, cada vez que nos reducimos al yo, bloqueamos el fluir de la vida, y apenas sobrevivimos en la superficie de lo impermanente.

Durante toda nuestra existencia, la vida seguirá siendo maestra. Una y otra vez se nos presentarán situaciones –oportunidades- para seguir aprendiendo la enseñanza más importante, aquella que responde adecuadamente a nuestro anhelo: quiénes somos en profundidad. Por decirlo brevemente: la vida no tiene otro interés sino el de que la reconozcamos como nuestra verdadera identidad.

 

Enrique Martínez Lozano

www.enriquemartinezlozano.com

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