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CÓMO GANAR AMIGOS

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La historia del administrador tramposo y felicitado por su amo a pesar de ello, había provocado sorpresa y hasta indignación en el grupo.

José el de Arimatea, que aunque no pertenecía a nuestro grupo venía con frecuencia a estar con nosotros y sobre todo a escuchar a Jesús, no podía disimular su desconcierto: "Si yo tuviera un administrador así, os aseguro que a estas alturas estaría preso en una cárcel", nos dijo.

Judas, que guardaba la bolsa con nuestros escasos bienes, se burlaba de lo que había oído y decía con irónica amargura: "Si a mí, a quien culpáis de avaricia sólo porque no derrocho el dinero, se me hubiera ocurrido hacer algo parecido, seguro que Jesús me habría expulsado del grupo. Y sin embargo ahora pone como modelo a un despilfarrador de haciendas y pretende que le demos la enhorabuena..."

La verdad es que todos coincidíamos en que Jesús había ido con su parábola más allá de los límites de la sensatez y Felipe murmuraba algo así como que con estos cuentos de final sorprendente lo único que Jesús conseguía era que se alejaran de él algunos posibles seguidores.

Todos parecíamos estar de acuerdo cuando de pronto Susana, casi siempre silenciosa, levantó la voz y dijo:

"- Después de escucharos, no me queda más remedio que dar la razón a Jesús cuando nos reprocha la torpeza y lentitud de nuestro corazón para entender sus palabras. Mientras nosotros somos torpes para los asuntos del Reino, aquél hombre fue listo.

Y además ni uno sólo de vosotros ha recordado cómo acaba la parábola: "Haceos amigos con las ganancias injustas. Así, cuando tengáis que dejarlas, os recibirán en las eternas moradas" (Lc 16,9).

Y de eso es de lo que trataba la historia, lo mismo que nos ha repetido Jesús setenta veces siete: que el dinero está para hacerse amigos con él, no para acumularlo, ni para poner en él la seguridad, ni para esconderlo bajo tierra.

Cuando con nuestro dinero socorremos a un mendigo o a una viuda pobre, la bolsa se vacía, pero el corazón de esos pobres que hoy podrán comer, se llena de alegría y bendicen a Dios porque alguien que pasó a su lado hizo con ellos lo que los amigos hacen con sus amigos.

Y además, no me parece extraño que Jesús alabe la conducta de ese administrador porque ¿no os parece que es él el primer derrochador? A veces pienso que está malgastando su vida junto a nosotros que no conseguimos comprender lo que nos dice y es como si nos estuviera firmando recibos que nunca seremos capaces de pagarle.

En lo que no se parece al administrador de su historia es en que a él no le da vergüenza mendigar porque se diría que nos persigue día tras día tratando de conseguir de nosotros la limosna de nuestra confianza en él; y fuerza sí que tiene cuando no se cansa de intentar romper con sus palabras la corteza endurecida de nuestro corazón".

Estábamos tan atentos y sorprendidos por lo que decía Susana, que no nos dimos cuenta de que Jesús se había acercado por detrás y la escuchaba en silencio.

Y esa noche, cuando rezamos juntos las palabras del Salmo: "De la boca de los pequeños has sacado una alabanza perfecta" (Sal 8, 1), él bendijo al Padre porque, una vez más, había revelado sus secretos a los pequeños y había dado a conocer su sabiduría a una mujer sencilla.

 

Dolores Aleixandre

(Un tesoro escondido. Las parábolas de Jesús. Ed CCS)

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