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RENUNCIAR AL CELIBATO POR AMOR

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"La controversia sobre el celibato" después del Vaticano II (12)

(Comentarios a "Sacerdotalis Caelibatus", de Pablo VI)

El celibato y los valores humanos

Este apartado pertenece a los "aspectos doctrinales" de la encíclica. Ya vimos los dos primeros: "fundamentos del celibato sacerdotal" (n. 19-34), y "el celibato en la vida de la Iglesia" (n. 35-49). El tercer y último aspecto se refiere al "celibato y los valores humanos" (50-59).

"Renunciar al matrimonio por amor"

Así se titula el n. 50. Siempre buscando méritos para los célibes. La mentalidad clerical supone que el matrimonio es un camino de rosas, es casi "la puerta amplia y el espacioso camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por él". Los célibes eligen "la puerta estrecha, el angosto camino que lleva a la vida" (Mt 7,13-14; Lc 13,24). Quienes abrazan el celibato, renunciando al matrimonio, son héroes del amor, "han elegido la mejor parte" (Lc 10,42), según ideología clerical. ¿Será la falta de experiencia matrimonial la que lleve a esta conclusión? ¿O el autobombo clerical?

"Renunciar al celibato por amor"

Soltería y matrimonio suponen renuncia. Un estado y otro tienen ventajas e inconvenientes. La vida sin preocupaciones, sin problema de convivencia, la dedicación libre a sus aficiones, tiene encanto. La prueba está en la feliz soltería de muchos, que no sienten añoranza alguna del matrimonio. Más en la situación actual, donde los problemas domésticos vienen resueltos por la industria y el empleo del hogar. A esas comodidades renuncian quienes se encontraron con el amor de pareja. El amor les llevó a complicarse la vida: aceptar al otro, vivir en compañía, abrirse a los posibles hijos, sostener el hogar... La entrega matrimonial por amor, enriquecida por la fe cristiana, tiene renuncias: a la libertad, a menos tiempo libre, a ciertas aficiones humanas, a la tranquilidad que quita la familia... Eso es renunciar al celibato por amor. Es cierto que tiene recompensas. Pues igual que el celibato tiene las suyas. No hagamos héroes ni a unos ni a otros. El heroísmo puede darse en ambos estados: el casado y el soltero pueden amar como Jesús amaba y hacer sus obras y aún mayores (Jn 14,12).

Los dirigentes de la Iglesia creen que sólo

"la elección del sagrado celibato, al comprender una serie de severas renuncias que tocan al hombre en lo íntimo, lleva también consigo graves dificultades y problemas, a los que son especialmente sensibles los hombres de hoy. Efectivamente, podría parecer que el celibato no va de acuerdo con el solemne reconocimiento de los valores humanos, hecho por parte de la Iglesia en el reciente concilio, pero una consideración más atenta hace ver que el sacrificio del amor humano, tal corno es vivido en la familia, realizado por el sacerdote por amor de Cristo, es en realidad un homenaje rendido a aquel amor. Todo el mundo reconoce en realidad que la criatura humana ha ofrecido siempre a Dios lo que es digno del que da y del que recibe (n. 50).

Tres aspectos discutibles:

a) "podría parecer que el celibato no va de acuerdo con el solemne reconocimiento de los valores humanos".

El celibato en general, la soltería, libremente elegida, supone el reconocimiento de la libertad, valor humano fundamental. El celibato obligatorio para el ministerio, tanto de "continencia matrimonial" (al que obligó la Iglesia a obispos y presbíteros desde el siglo IV al XI) como de la soltería o viudez permanentes (actualmente en vigor en la Iglesia católica occidental), creo sinceramente que "no va de acuerdo con los valores humanos". La ley es la que "no va de acuerdo con los valores humanos" (libertad, derecho a formar familia...), ni evangélicos. No es necesaria, acarrea peligros y muchos sufrimientos, y no lo impuso Jesús ni los Apóstoles.

b) "el sacrificio del amor humano, tal corno es vivido en la familia, realizado por el sacerdote por amor de Cristo, es en realidad un homenaje rendido a aquel amor".

Primero habría que decir que nadie puede dar lo que no tiene: si el sacerdote no tiene amor de pareja e hijos, no puede entregarlo, y menos "sacrificarlo" ("hacerlo sagrado", "sacrum facere"). Decir que esa "entrega sacrificada del amor familiar" es "un homenaje rendido a aquel amor", me parece de aurora boreal. Entregar lo que no se tiene ni conoce experimentalmente, es imposible. Lo que se entrega es una "idea", un ente de razón, elaborado al margen de la realidad. La realidad se encarga posteriormente del autoengaño. Cuando es más difícil encauzarla. El amor verdadero es bueno y no debe "sacrificarse". Es don, al que conviene entregarse y serle fiel, más allá de cualquier ley humana. Bien lo entendió y expresó bellamente el poeta cristiano libanés Khalil Gibran:

"Cuando el amor os haga señas, seguidlo, aunque sus caminos son duros y escarpados; y cuando os envuelva en sus alas, doblegaos a él, aunque la espada escondida entre sus plumas pueda heriros; ycuando os hable, creed en él, aunque su voz pueda despedazar vuestros sueños como el viento del norte convierte al jardín en hojarasca. Porque así como el amor os ciñe una corona, así también os clavará en la cruz. Así como es para vuestra maduración, así también lo será para vuestra poda... Todas estas cosas os hará el amor a fin de que podáis conocer los secretos de vuestro corazón, y en ese conocimiento lleguéis a ser un fragmento del corazón de la Vida... Cuando améis, no debéis decir: "Dios está en mi corazón", sino más bien: "Yo estoy en el corazón de Dios". Y no creáis que podréis dirigir el curso del amor: porque el amor, si os encuentra dignos, dirige vuestro curso..." (Khalil Gibran 1883-1931).

Por supuesto que ese amor puede ser el amor por el Reino de Dios, que llega a solteros y casados. Que cada uno le siga en libertad. Nunca atado a la ley.

c) "la criatura humana ha ofrecido siempre a Dios lo que es digno del que da y del que recibe". Digno de Dios y digno del hombre es todo bien. No puede haber oposición. Dios no es rival del hombre. El fanatismo, hecho intercambio comercial, ha infectado estas "ofrendas". No es cierta universalmente la afirmación de que "la criatura humana ha ofrecido siempre a Dios lo que es digno del que da y del que recibe". ¡Cuánta gente "ofrece" sufrimiento innecesario, inhumano, a Dios, que parece aceptarlo a través de quienes se dicen sus representantes! Aún se ven rodillas sangrando, pies sufrientes, dinero necesitado..., aceptados y bendecidos, como ofrenda a Dios, pago de su gratuidad. En cristiano no tiene sentido. No creo que el celibato haya que plantearlo en términos de ofrenda o sacrificio. Si uno se siente llamado a vivir en soltería, es porque su corazón es atraído y libremente quiere seguir esa llamada. Mientras esa llamada siga y su corazón libremente quiera hacerle caso, es humano y, por tanto, agradable a Dios. Cuando el celibato se hace represión, amargura, trastorno psíquico, se esconde en el poder tiránico... es inhumano y, por tanto, Dios no lo quiere.

El celibato, no la ley, es don de la gracia

"Por otra parte, la Iglesia no puede y no debe ignorar que la elección del celibato, si se la hace con humana y cristiana prudencia y con responsabilidad, está presidida por la gracia, la cual no destruye la naturaleza, ni le hace violencia, sino que la eleva y le da capacidad y vigor sobrenaturales. Dios, que ha creado al hombre y lo ha redimido, sabe lo que le puede pedir y le da todo lo que es necesario a fin de que pueda realizar todo lo que su creador y redentor le pide. San Agustín, que había amplía y dolorosamente experimentado en sí mismo la naturaleza del hombre, exclamaba: "Da lo que mandes y manda lo que quieras" (Confes., 1, 29, 40: PL 32, 796)" (n. 51).

Lo mismo, quizá con mayor razón, puede decirse del matrimonio: su elección "con humana y cristiana prudencia y con responsabilidad, está presidida por la gracia, la cual no destruye la naturaleza, ni le hace violencia, sino que la eleva y le da capacidad y vigor sobrenaturales". Su elección secunda más los dones de Dios: la sexualidad, la familia, la comunidad... El celibato es una opción humana posible, cabe en la libertad humana no necesitada de seguir instintivamente las tendencias más corporales. Dios a nadie exige esta opción. Ejemplo que podría seguir la Iglesia, como hizo Jesús y los apóstoles. Suponiendo que Jesús y algunos de sus apóstoles optaran por el celibato, no lo exigieron a nadie para desempeñar servicio alguno a las comunidades.

Decir que "Dios pide" el celibato es un disparate. Más bien Dios pide el matrimonio. Es a lo que la "vida" inclina más. La soltería es una opción humana que Dios respeta como fruto de nuestra libertad. No es "elevación, ni capacidad, ni vigor sobrenaturales". Eso es un invento clerical para apoyar su disciplina marginal. "Dios sabe lo que le puede pedir y le da todo lo que es necesario...", dice la encíclica para sacralizar la ley celibataria, petición eclesial, no de Dios. Y no tiene reparo en manipular la frase de san Agustín: "da lo que mandes y manda lo que quieras" (Confes. 1, 29, 40: PL 32, 796). Frase de sentido común: la voluntad de Dios es don, que el ser humano acepta; Dios no manda, sino regala, da vida, libertad, justicia, paz. Dios no pide celibato a nadie. Es nuestra libertad, la que elige matrimonio o soltería. Dios bendice uno y otra por ser frutos de nuestra libertad y no dañar nuestra personalidad. Podemos llamarlo "don" de Dios, porque toda realidad es don de quien nos hacer "vivir, movernos y existir" (He 17,28).

 

Rufo González

Atrio

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