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Fecha de Creación (Inicio - Fin)

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LA VIDA Y EL CAUCE

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Mc 6, 7-13

Probablemente, los relatos que hablan del envío de los Doce o, en el caso de Lucas, de los Setenta (Lc 10,1) hayan sido elaborados a partir de la misión postpascual, por lo que reflejarían más lo que fue aquella práctica comunitaria que las propias palabras de Jesús.

En el propio texto encontramos detalles que parecen avalar esta lectura: las indicaciones prácticas sobre el vestido y las posesiones –que encajan con la costumbre habitual entre los maestros itinerantes de la época-, la advertencia de quedarse en la misma casa –que fue una decisión de las comunidades, para prevenir abusos que se habían dado-, la mención de la práctica de "ungir con aceite", que sin duda fue posterior...

La "misión" se entiende de manera diferente según el nivel de consciencia en que las personas se encuentren. En el estadio mítico, tanto su justificación como sus contenidos aparecían revestidos de una total claridad: se trataba de un servicio para toda la humanidad, a la que eran enviados para llevar la verdad y, por tanto, la salvación.

Al identificar la verdad con la propia creencia, y al entender esta como requisito para la salvación eterna, la conclusión era evidente: el misionero era el portador de la verdad.

Sin embargo, apenas superado el nivel mítico, aquel esquema que parecía tan claro se viene abajo. La verdad no se identifica con ninguna creencia ni puede encerrarse en ningún credo. La verdad no tiene que ver, en primer lugar, con los conceptos –aunque estos sean necesarios para orientarnos-, sino con la realidad. La verdad, en fin, no es "algo" separado y secretamente guardado, sino sencillamente "lo que es". Por eso, al alinearnos con lo que es, descubrimos nuestra propia verdad, que es una con Eso.

¿En qué consiste, entonces, la "misión"? Con certeza, no en "algo" que pudiéramos decir o hacer –aunque ambas cosas sean imprescindibles-, sino en la actitud que nos lleva a percibirnos como cauces por los que la Vida se exprese.

La paradoja humana consiste en que somos, a la vez, "cauce" y "vida". Vivir conscientemente ese "doble nivel" nos permitirá avanzar en la desidentificación del yo y en la ofrenda a los demás, no-separados de nosotros.

 

Enrique Martínez Lozano

www.enriquemartinezlozano.com

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