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CATEQUESIS EN LA COMUNIDAD DE JUAN

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Leer el mismo día la primera carta de Juan y su evangelio es una forma sutil de tortura. Aunque los dos textos fueron escritos en griego, distan mucho de la lógica normal. Imaginemos el siguiente diálogo de Juan con su comunidad.

Juan: Si Dios nos ha amado tanto, ¿qué debemos hacer nosotros? Ya os lo dije el día pasado.

Comunidad: Amarnos unos a otros.

̶  Bien. Que no se os olvide.

(Hace una pausa y los sorprende con otra pregunta).

̶  ¿Alguien ha visto a Dios?

(Silencio)

̶  Nadie. Ni siquiera Moisés. Pero, ¿qué ocurre si nos amamos unos a otros?

Uno: Que vemos a Dios.

̶  No. Que Dios permanece en nosotros. Aunque no lo veamos.

(Nueva pausa y nueva pregunta)

̶  ¿Cómo sabemos que permanecemos en Dios?

Todos: Porque nos amamos unos a otros.

̶  Eso ya lo he dicho. Otra forma de saberlo. ¿Nadie responde? (Tras un breve silencio.) Porque nos ha dado su Espíritu. Y hemos visto que el Padre envió a su Hijo para ser Salvador del mundo.

Uno: Maestro, acabas de decir que a Dios no lo ha visto nadie. Ahora dice que hemos visto al Padre enviar a su Hijo.

(Juan no le hace caso. Ellos están acostumbrados a que no responda a sus preguntas o a que responda hablando de otro tema.)

̶  ¿Quién permanece en Dios?

Uno: El que ama a su hermano.

Otro: El que ha recibido el Espíritu.

̶  Eso ya lo hemos dicho antes. Quiero una respuesta nueva.

(Silencio sepulcral)

̶  Quien confiesa que Jesús es el Hijo de Dios. Por consiguiente, ¿cuántas cosas hay que hacer para permanecer en Dios?

(Todos miran a Camila, la única capaz de hacer resúmenes perfectos.)

̶   Amarnos unos a otros, recibir su Espíritu y confesar a Jesús como Hijo de Dios.

Juan enrolla el pequeño volumen de su primera carta y lo entrega a Antonino, que le alarga el rollo del evangelio.

̶  Lo que hoy leeremos en la Eucaristía es un pequeño fragmento de la oración que pronuncia Jesús al final de la última cena. Es una oración pidiendo por todos nosotros. ¿Qué suponéis que le pedirá Jesús al Padre?

̶  Que nos amemos unos a otros.

̶  Eso ya está muy dicho. Otra cosa.

̶  Que nos envíe su Espíritu.

̶  También está dicho. Otra cosa.

(Silencio. Juan intenta ayudarlos).

̶  ¿Qué le va a pasar a Jesús dentro de poco?

̶  ¡Qué lo van a matar!

̶  ¿Y qué les va a pasar a los discípulos?

̶  Que se van a quedar solos.

̶  Como ovejas sin pastor (añade Salomé, que le gusta la poesía).

̶  Eso es. Y no van a tener nadie que los guarde. Por eso Jesús le pide al Padre que se encargue de guardarlos como él hacia cuando estaba con los discípulos. ¿Guardó Jesús a todos sus discípulos?

̶  ¡Sí!

̶  ¿Permitió que se perdiese alguno?

̶  ¡No!

̶  Sí. Uno se perdió. ¿Quién?

̶  ¡Judas! ¡El ladrón! ¡El hijo...! (se escuchan insultos diversos).

̶  Pero de los demás no se perdió ninguno. Y lo mismo quiere de todos nosotros. Que no se pierda ninguno, aunque nos persigan. ¿Creéis que van a perseguirnos?

̶  ¡Sí!

̶  ¿Por qué?

̶  Porque persiguieron a Jesús.

̶  Entonces, ¿cómo puede guardarnos el Padre? ¿Llevándonos al desierto? ¿Llevándonos a una isla perdida? ¿Subiéndonos a una montaña muy alta? Fijaos en lo que pide Jesús: «No ruego que los retires del mundo, sino que los guardes del mal.»

(Nueva pausa)

̶  A menudo os quejáis de que la gente os odia por ser cristianos, de que no os sentís a gusto en el mundo que os rodea, que os vienen ganas de iros a otro sitio más tranquilo. Eso no es lo que quería Jesús de nosotros. Él sabía que el mundo nos odia, que no somos del mundo, pero no quiere que huyamos. Al contrario, nos envía al mundo, igual que el Padre lo envió al mundo. Y no debemos sentirnos asustados ni tristes, sino llenos de alegría, de la alegría de Jesús, la que no puede dar el mundo.

(Todos piensan que el comentario ha terminado, pero Juan les hace una nueva pregunta).

̶  ¿Cómo nos guardará Dios en medio de un mundo hostil? ¿Hará algún milagro? Recordad que no lo hizo por Jesús: lo apresaron y lo mataron. ¿Cómo nos guardará a nosotros?

(Callan porque no lo saben y porque cualquier respuesta sería equivocada. La experiencia de años les demuestra que nunca aciertan).

̶   Dios nos guarda consagrándonos en la verdad, que es su palabra. Los judíos se consagran, se santifican, observando una serie de normas. Nosotros nos consagramos, nos santificamos, viviendo de acuerdo con la palabra de Dios, que es Jesús. ¿Lo entendéis?

̶  Entonces, ¿nos consagra Dios o nos consagramos nosotros?

̶  Las dos cosas. Dios nos consagra en la verdad y nosotros nos consagramos en la verdad.

 

José Luis Sicre

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