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LA AGONÍA DE DIOS

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La noticia está en todos los medios de comunicación. El Cuerno de África atraviesa una terrible hambruna. Las imágenes que nos ofrece la televisión son terribles. Miles de niños mueren de hambre. Los vemos esqueléticos, con los ojos hundidos, sin apenas aliento, o bien con sus vientres hinchados porque están llenos de parásitos. Las madres desesperadas sólo pueden abrazar a sus hijos hasta que la muerte los arranque de su lado. La noticia no es nueva. Sólo que ahora es peor.

Se nos dice que la ayuda humanitaria no puede llegar con facilidad porque hay enfrentamientos entre grupos armados... Esto da que pensar sobre la miseria y la locura humana. Pero en medio de este infierno se ven también rasgos de grandeza y dignidad. Una madre acababa de dar a luz a un niño, en medio del hambre. Pero tuvieron que llevársela pues padecía cólera. Otra mujer se hizo cargo del recién nacido. Cuando la periodista estaba hablando con ella, ésta le dijo: "no tengo nada que darle, seguramente morirá. Pero le puedo dar mi amor". ¿Cómo pueden convivir estas dos realidades humanas en este mundo?

¿Y dónde está Dios? Esta es la gran pregunta. Los que creen en un Dios que interviene, tienen que buscar muchas explicaciones para exculparlo de tanto silencio. Algunas explicaciones son crueles, como aquel creyente que me dijo que todo eso era un juicio divino por los pecados. Claro está que dijo estas "piadosas" palabras desde el confort de su casa. Me imagino que él se consideraba mejor que aquellos niños inocentes. No se puede creer en un Dios tan cruel y malvado. Pero la pregunta persiste. ¿Dónde está Dios?

Dios está en aquellos niños, aquellas madres, aquellas personas desesperadas. Es un Dios impotente, que no puede hacer nada. ¿O sí puede? Dios es la Fuente de la vida y del Amor. En El estamos, existimos y nos movemos como diría el apóstol Pablo. Por lo tanto esas personas tienen hambre existiendo en Dios, no al margen de Él.

Pero ¿de dónde vendrá la ayuda? Dios no interviene, pero... sí puede acontecer. Y Dios acontece cuando los hombres encarnan la Compasión. Por lo tanto somos nosotros, los que estamos en otros contextos los que debemos intervenir. Más concretamente, los cristianos que nos decimos seguidores de Jesús de Nazaret.

Somos la Providencia de Dios como diría el filósofo español Jose Antonio Marina. Porque Dios es, según este autor, Acción Compasiva.

El reino de Dios es una nueva manera de ser humanos. Un mundo de Justicia y Libertad y Amor. Jesús nos mostró el camino a seguir que consiste en combatir todo aquello que degrada a los seres humanos. Todo aquello que despersonaliza.

Es un reino que basándose en ese Amor que es Dios, denuncia los intereses de los poderosos, de los especuladores, de los que se creen dueños del mundo. Ese reino nos interpela a un compromiso con nuestros hermanos que sufren, que tuvieron la circunstancia de nacer en el lugar del mundo donde sólo hay violencia y miseria.

Algo debemos hacer. ¿Escucharemos esa voz que nos llama a intervenir? ¿Seremos discípulos de aquél que pasó por la tierra haciendo el bien? ¿Encarnaremos ese reino del cual nos habla Jesús? ¿Queremos ser la respuesta de Dios, su Providencia?

Esas personas sin futuro, esos niños que mueren, son los nuestros, representan... la Agonía de Dios.

 

Julián Mellado

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