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LA GUERRA DE LAS MULTINACIONALES

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La amenaza más grande que tiene la humanidad actual son las compañías multinacionales de los países ricos, que son la causa de la pobreza de muchos millones de pobres y de la misma Madre Tierra. Las Multinacionales están declarando la guerra a la humanidad porque, en connivencia con los gobiernos, la policía y los militares de países pobres, están arrasando con las materias primas de naciones enteras en Latinoamérica, en África y la India, sumiendo en la extrema pobreza a millones de personas, incluidos, con la crisis que deliberadamente provocaron, los pobres de los países desarrollados. Hay multinacionales Petroleras, Farmacéuticas, Bancarias, Industriales, de Alimentación, de Ropa, de Comunicaciones, etc. y Militares que sin ser multinacionales como tales están al servicio de estas.

De las 100 unidades económicas más grandes del planeta, 49 son países y 51 corporaciones multinacionales, que ya están pasando por encima de los Estados. Las corporaciones multinacionales son la fuerza que toma las decisiones hoy en día. No están preocupadas por los derechos humanos, ni por la vida, ni por la gente que trabaja para ellas. Solo les preocupa acaparar cada vez más poder económico y con él el político para ponerlo al servicio de su economía. Los gobiernos deciden cada vez menos pero gobiernan cada vez más al servicio de ellas, en función de lo que ellas les piden, pues algunas tienen un presupuesto más grande que algunos Estados. Así General Motors y otras compañías automovilísticas venden más que el PIB de Turquía, Tailandia o Noruega; los almacenes Walmart van por delante de Arabia Saudí, Grecia, Portugal, Venezuela o Filipinas; Ford más que Sudáfrica, IBM más que Venezuela, Nestlé más que Egipto.

De las 200 multinacionales más grandes del mundo, el mayor número está en EE.UU. Le siguen por este orden: Inglaterra, Japón, Alemania y Francia. Y de las 50 más grandes del mundo, el 70% (35) son norteamericanas.

Suponen el peligro más grande para la humanidad, porque no solo arrasan con el hombre sino también con la naturaleza. Los transgénicos de la multinacional Monsanto cada vez invaden más el mundo adulterando la composición primigenia de la naturaleza, que no sabemos a dónde nos conducirá. Destruir o adulterar un árbol, una planta, una semilla, una especie, es adulterar a toda la comunidad que los rodea.

Después de nacer, el primer alimento que necesitamos es el aire y a continuación el agua. Veamos, pues, lo que está pasando y pasará con las multinacionales del agua viendo las declaraciones del presidente de la multinacional  NESTLÉ:

Fecha: 6-11-14.- "El presidente de Nestlé, Peter Brabeck-Letmathe, aseguró que las grandes empresas del mundo deben privatizar el agua del planeta y comercializarla. Señaló que la población no debería disfrutar de ella si no la paga y "cuanto más agua consumas, mayor debe ser el precio".

Según Corporate Watch, una organización de investigación sin fines de lucro, Nestlé tiene inmensas ganancias por la venta de botellas de agua, lo cual causa graves daños al medio ambiente.

"Con la producción de agua mineral Nestlé implica un abuso de los recursos hídricos vulnerables. En la región de Serra da Mantiqueira de Brasil, el bombeo excesivo ha provocado daños y agotamiento a largo plazo".

No es la primera vez que Brabeck-Letmathe hace esta polémica declaración. Además, el encargado de la mayor fabricante de productos alimenticios del mundo también defendió la seguridad de los productos químicos de Monsanto y aseguró que nunca ha habido "enfermedad alguna" causada por el consumo de organismos genéticamente modificados. ¿Por qué lo dice? Ver respuesta bien clara en archivo adjunto.

Natural Society, una organización informativa sobre salud, afirmó que Monsanto "está trabajando duro para asegurarse de afianzar su monopolio sobre nuestros cultivos básicos y más allá".

Pero volvamos al agua:

"Nestlé es el líder mundial en la venta de agua embotellada, la cual representa el 8 por ciento de sus ingresos totales, que en el 2011 ascendieron hasta los 68.580 millones de euros (unos 85.000.000.000 (ochenta y cinco mil millones de dólares)".

Coca Cola, Pepsi Cola, Danone, Nestlé... quieren tener cada vez mayor acceso a los recursos hídricos, para lo cual están impulsando la privatización tanto de los cursos de agua como los acuíferos a nivel mundial.

El marco en el que opera y obtiene justificación la industria del agua embotellada se circunscribe a la consideración del agua como una mercancía digna de apropiación y mercantilización. Esta consideración del agua como un producto de propiedad privada es promovida por organizaciones internacionales como el Banco Mundial  (BM), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Organización Mundial del Comercio (OMC), fomentando y manteniendo el poder de las grandes corporaciones que quieren privatizar el agua del planeta, frente a las demandas sociales que plantean la necesidad imperiosa de considerar el agua como un Derecho Humano.

El consumo de agua embotellada está creciendo a un ritmo del 12 % anual, cuyos envases son una enorme plaga para el medio ambiente. El mercado de agua embotellada se estima en 288 mil millones de litros vendidos en 2011. La estimación actual se aproxima a los 350 mil millones.

Dado el hecho de que el agua del grifo está considerada como mejor para el usuario que la variedad embotellada y sujeta a unos controles de seguridad más estrictos y que en España, en concreto, este porcentaje de la calidad del agua se sitúa en el 99,6%, según esto, ¿por qué insistimos en comprar algo que cuesta hasta 1.000 veces más? Sencillamente porque somos víctimas de la propaganda, de la ingenuidad, de la falta más elemental de conciencia crítica para analizar la realidad. En una palabra: somos víctimas del neoliberalismo para el que todos y todo somos pura y simple mercancía que quiere que trabajemos cada vez más por menos dinero y aceptemos las condiciones más viles de trabajo.

REFLEXIONES FINALES:

PRIMERA: Si la política y la economía son los dos principales pilares en que se apoya el mundo, y teóricamente deba ser la política la que gobierne la economía porque es la que representa la voluntad popular, sin embargo muchas veces no es así porque detrás de la pantalla de los gobiernos, incluso salidos de las urnas, son los poderes económicos, los que en la sombra rigen los destinos de los pueblos: el poder económico de los grandes bancos, las multinacionales y los grandes financieros, con el apoyo explícito del BM, el FMI y la OMC. Con frecuencia un número importante de parlamentarios y gobernantes estuvieron o están vinculados, antes o después a grandes bancos, compañías o multinacionales, como en Alemania a la Bayer, y en España mismo tenemos claros ejemplos de ex presidentes de gobierno, ministros y parlamentarios, que salieron de ellas o a ellas fueron a parar.

Hasta ahora la gran mayoría de los ciudadanos no estamos políticamente maduros, porque la política de un pueblo políticamente maduro no puede consentir que el poder económico-financiero castigue a los pueblos, sobre todo del tercer mundo, de la manera tan cruel y salvaje como lo está haciendo en este momento. Pero, no solo en el tercer mundo: también entre nosotros, porque ese poder tiene en sus manos la llave para provocar crisis y cerrar miles de empresas en las que millones de personas realizan su vida y de las que dependen miles y miles de familias.

SEGUNDA.- Todo ser humano y más los cristianos por seguir a Jesucristo debemos ser testigos, como Juan, de la luz de Jesucristo para cada momento histórico en el que nos toca vivir, como Jesús lo fue para las gentes de su tiempo. De lo contrario no estaríamos respondiendo a la misión que nos corresponde cumplir en coherencia con Jesús de Nazaret.

Debemos ser capaces de diagnosticar las causas y los causantes de lo que está pasando en el mundo, sobre todo los sufrimientos, angustias y males que sufren millones de seres humanos y la naturaleza, víctimas de otros seres humanos, y ser desde ahí mismo conciencia crítica y política capaz de abrir los ojos de todos, porque solo todos juntos seremos capaces de hacer frente a un poder tan grande de las multinacionales que nos están introduciendo en una tercera guerra mundial, poniendo en peligro el futuro de la humanidad.

El neoliberalismo nos moldea la conciencia y la voluntad a su gusto, incluso jugando con nuestros instintos más primarios, como si fuéramos un amasijo de barro en manos de un alfarero. No nos destruye porque le hacemos falta como consumidores pero destruye nuestra voluntad y nuestra capacidad de decisión y elección, nos anula, nos animaliza, nos impide decidir para imponernos sus decisiones, y lo hace de tal forma que nos hace creer que somos libres, aunque nos manipula como a una masa informe. Ejemplo: A las multinacionales farmacéuticas, aunque puedan, no les interesa producir medicamentos que curen, sino que cronifiquen la enfermedad para asegurarse consumidores de por vida.

El neoliberalismo es una máquina de matar. Por tanto es evidente que tenemos que deshacernos del neoliberalismo; si no, nos lo quitará todo, incluida nuestra libertad y capacidad de decisión, dejando a muchos millones de personas caídas en la cuneta de la vida, víctimas de una muerte injusta y prematura, contraria a la dignidad del hombre y por tanto contraria a Dios.

Las religiones deberían ser la conciencia crítica de la sociedad humana mundial, pero se han convertido en profesionales de la religión, en vez de ser testigos de la luz para la liberación integral de todos y de todo, allanando los caminos de Dios, como pide Juan, para que todo ser humano y toda la creación pueden vivir dignamente.

 

Faustino Vilabrille

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