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¿SOMOS NOSOTROS BUENA NOTICIA?

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La Tierra está llena de Cielo y Dios arde en cada arbusto (Elizabeth Barret Browning)

7 de diciembre, domingo II de Adviento

Mc 1, 1-8.

-Comienza la Buena Noticia de Jesucristo
-Preparad el camino al Señor, allanad sus sederos
-Yo os bautizo con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo

El camino de Jesús es nuestro camino. Y su camino es el del Padre. ¿Acaso no le dijiste tú a Felipe "El que me ve a mí ha visto al Padre?" (Jn 9, 14). Predicador de la Verdad, transitas todos los senderos de la Vida. Se te encuentra siempre. Basta sentarse en cualquier encrucijada de nuestra geografía y esperarte. La voz de Juan Bautista grita en el desierto y anuncia tu llegada (Mc 1, 3).

Es fácil identificarte. (A Ti sí, ¿pero también al Padre?). Te pareces a cuantos antes y después de ti han llevado ropajes de Evangelio. Todos, como el del Jordán, llevaban manto de pelos de camello, cinturón de cuero, y comían saltamontes y miel silvestre. Era la voz del cambio. Todos también tienen y han tenido rostro y mirada de videntes.

El que Rodin esculpió en bronce aparece  en total desnudez, privado de sus habituales atributos: la cruz, la filacteria, el cinturón, las sandalias. Un hombre de la naturaleza. Le sirvió de modelo un campesino del que una vez copiado dijo: "¡Pero si es un hombre andando!"  ¿Y qué, si no, son los profetas?

Es la forma normal de allanar los senderos que propone Isaías. De ser Buena Noticia sobre el Viento. De ayudar a que los caminantes puedan recorrerlos sin tropiezo. ¡Qué noble y buen oficio hoy olvidado, el de los camineros! San Pedro lo desempeñaba cuando en 2Pe 3, 13 dice "Esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva en los que habitará la justicia".

El centro de esa Buena Noticia con la que abre Marcos su Evangelio (Mc 1, 1), somos también cada uno de nosotros. Y lo es igualmente el mundo entero. La responsabilidad de tan notable cometido, nos compete. Y, como el rey Gustavo en Un ballo in maschera de Verdi, deberíamos reconocer que "Es indigno del poder el que no enjuga las lágrimas de sus súbditos". Buen quehacer, que todos ellos le agradecen en el Coro: "Él hará de nuestro bien el objeto de nuestros pensamientos".

El bautismo que Juan y los demás proponen, no es de agua sino de Espíritu Santo. Un bautismo de cambio de vida. El Evangelio llega por todos los caminos, aunque sobre todo llega mejor y más rápidamente por los preparados por quienes le esperan. Le trae Jesús escrito en las sandalias de apostólico caminante. Y le lleva Francisco hace unos días a la Cámara de Eurodiputados para proponer "La Europa que contempla el cielo y persigue ideales; la Europa que mira, defiende y tutela al hombre; la Europa que camina sobre la tierra segura y firme, precioso punto de referencia para toda la humanidad". Un amoroso caminar el de ambos, que despierta mentes, y que inflama corazones y mueve voluntades.

Como Elizabeth Barret dijo: La Tierra está llena de Cielo y Dios arde en cada arbusto. Cistus y pyracantha cultivados con mimo, son senderos que llevan a la Buena Nueva de un Nuevo Evangelio.

 

UN TORNADO EN EL TEMPLO

Lo levantó el Bautista en el desierto
gritando ¡Convertíos! Y una marea
de penas y langostas asolaron
en valles y montañas, estériles creencias.

¡Un tornado en forma de ventisca,
revestido de cólera y arena!

La ira del Espíritu y el Viento
sopló con fuerza y lo empujó a Judea.

Preñado de granizo, hielo y nieve,
dejó caer sus anclas de tormenta
sobre la Cúpula y la Fe del Templo.

¡Tembló el Templo! ¡Tembló toda la Tierra!

En Estambul tembló Santa Sofía,
y en Roma... la Cristiandad entera:
¡la Iglesia de San Pedro!

Espiritualidades de solera
que con rancio sabor en sus odres viejos
se sienten incapaces de ser nuevas.

(SOLILOQUIOS, Ediciones Feadulta)

 

Vicente Martínez

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