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CISMAS Y CISMÁTICOS

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Dentro de cada uno de nosotros hay un hereje. El "yo" es indomable y cismático. Los dogmas que los otros nos imponen, más que aceptarlos, los archivamos en la cámara oscura del inconsciente, ahí duermen un sueño apacible hasta el día en que se sublevan y públicamente proclaman su heterodoxia.

Los primeros seguidores de Jesús, antes de que acuñaran la palabra "cristiano", eran una secta judía y formada por judíos. Tardaron años en des-judaizarse y en adquirir una nueva identidad. Expulsados de la sinagoga, fueron los primeros cismáticos.

Los concilios de la Iglesia Católica son la crónica de los cismas y la cirugía sin anestesia de los supuestos herejes.

El Concilio de Trento fulminó al hereje de los herejes, Lutero, que, hoy, cabalga victorioso y se pasea por en medio de miles y miles de "candeleros" y de millones de seguidores. La Sola Scriptura ha germinado y producido frutos abundantísimos.

Hace unos pocos días un artículo del The New York Times titulado "América latina está perdiendo su identidad católica" comentaba que, en muy poco tiempo, América latina, ayer, católica en el 90%, hoy sólo el 69% de su población se define como católica. Hemorragia dolorosa a favor de las iglesias bíblicas más nutritivas que la Iglesia Católica gobernada por los profesionales de la religión frente a los líderes carismáticos y espontáneos de las iglesias evangélicas y pentecostales.

El Concilio Vaticano I, el de la infalibilidad del Papa, dogma innecesario, que camufla al hombre de Dios, expulsó de la Iglesia a los "viejos católicos". Estos cismáticos niegan la infalibilidad del hombre, ya vista de blanco, de rojo o de negro.

Yo estoy convencido de que el Papa Francisco jamás empleará la palabra infalible, no cree en ella.

El Concilio Vaticano II, sin enemigos que exorcizar, tuvo como efecto secundario la Hermandad Sacerdotal San Pío X de Marcel Lefebvre y los católicos tridentinos.

El Sínodo de los Obispos, recién celebrado, ¿ha servido para algo? se preguntaba alguno.

En espera de los últimos fuegos artificiales y después de los juegos florales a los que hemos asistido, más apocalípticos que arcádicos, ásperos y broncos, presagian desencuentros, rupturas y cismas.

Al fin y al cabo el sexo, el mejor invento de Dios, es el último fortín que los Tridentinos no quieren perder. Sigue presente sólo en los libros, en la calle ya lo han perdido y parece que no quieren enterarse.

Si los cauces del sexo se agrietan un poco, la Iglesia se les antoja desnuda y sin razón de ser.

Los enemigos de Francisco, los Cardenales y Obispos Tridentinos, proclaman que ser condescendientes con el sexo es "falsa misericordia".

Burke, el vocero de los Tridentinos, ha asaeteado a Francisco como si de un nuevo San Sebastián se tratara. Francisco, el antipapa, "ha hecho mucho mal a la Iglesia, barco sin timón y sin piloto"· "El Papa no es libre de cambiar la doctrina de la Iglesia y el servicio de la Curia Romana es parte de la naturaleza de la Iglesia y por tanto tiene que ser respetada". ¿Está llamando a la puerta un nuevo Lefebvre?

"Francisco es el Papa 266. La historia colecciona 37 Papas falsos o antipapas", escribió el Cardenal George Pell. ¿Será Francisco el número 38? Así lo piensan los Tridentinos.

Ratzinger, obispo emérito de Roma, es más un problema que una solución. Él mismo se ha autoproclamado como "Papa emérito", conserva el nombre, la vestidura blanca y la vivienda vaticana. Para poner fin a esta confusión semicismática debería renunciar al título de Papa emérito y vestirse de riguroso negro como los demás obispos. Sólo existe un Papa, Francisco.

Los Tridentinos suspiran por la vuelta del 'verdadero' Papa, Benedicto XVI.

 

Félix Jiménez Tutor

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