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DAD AL CÉSAR LO QUE ES DEL CÉSAR... ¿Y SI NO ES DEL CÉSAR?

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IGLESIA Y POLÍTICA

1.-La religión no debe ser ningún poder. La última frase de este pasaje evangélico, mil veces fue citada y mil veces utilizada en sentido partidista, tanto por los del César como por los de Dios, y por tanto de manera falsa e interesada.

En primer lugar la religión no debe ser ningún poder, y menos la cristiana. Cuando la Iglesia se convierte en poder ya no es la Iglesia de Jesucristo, porque su misión es solo servir: "el mayor entre vosotros ha de ser el servidor de todos". Todas las religiones, cuando se convierten en instrumentos de poder, son muy peligrosas, porque generan odio, animadversión y fanatismos que conducen a la violencia. Lo vemos a cada paso en algunos sectores del islamismo, y lo hemos visto en la Católica en diversas etapas de su historia.

En segundo lugar cuando religión y política se convierten en poder se utilizan mutuamente como instrumentos de conveniencia, creando dependencias que les hacen ser mutuamente necesarios uno para el otro y favorecerse recíprocamente. El poder político favorece al religioso con donativos, con exenciones fiscales, prebendas, etc. Y el poder religioso legitima las decisiones del poder político aunque a veces no sean ni de lejos coherentes con el mensaje evangélico. Lo hemos visto bien claro en España durante los largos años de la dictadura, y aun ahora  con la inscripción masiva de muchos inmuebles que, costeados con dinero e incluso mano de obra gratuita del pueblo, los recientes gobiernos de turno permitieron a la Iglesia católica inscribirlos todos a su nombre en los Registros correspondientes.

2.-La Iglesia no puede hipotecar a ningún César, a ningún gobierno, lo que solo es de Dios. De Dios son los oprimidos, los pobres, los indefensos, los desvalidos, los marginados.

Cuando la Iglesia calla la boca ante leyes injustas (reforma laboral, reformas fiscales, etc.), que favorecen más a los de arriba que a los de abajo, está traicionando a Jesucristo presente en los débiles y necesitados. La iglesia no puede consentir de ninguna manera el sacrificio de los débiles al poder político ni económico, como está pasando ahora en España. No basta acudir en ayuda de los desahuciados, los parados, los excluidos de la sanidad pública. Tenemos que denunciar al sistema que los produce, las causas y los causantes que los generan.

Un sistema político, cuyos cargos públicos, políticos y sindicales, están mucho más al servicio de su propio dinero o el dinero de los bancos y las grandes empresas que al servicio del pueblo, es injusto, es contrario al Evangelio. Es incompatible con la asistencia a actos religiosos y a celebraciones cultuales cristianas. Todos los que tienen el dinero y el poder como meta de su vida, no deberían entrar nunca en un templo cristiano porque su dios no es el Dios de Jesucristo.

3.-Pagar impuestos: Es justo y necesario pagar impuestos para sostener los servicios sociales como la educación, la sanidad, las comunicaciones, la discapacidad, etc. de personas que no tienen medios para costearlas por si mismas. Pero si estos impuestos van a ser luego empleados para mordidas, para sobornos, para gastos militares injustificados (eso ya no es del César), en esos casos la objeción fiscal es una obligación, máxime si Hacienda tiene mano dura y rigurosa con los de abajo, e indulgente y permisiva con los de arriba, o si después viene la Justicia alargando sine die las sentencias contra  los grandes defraudadores...

Estos días Hacienda parece que está despejando la hojarasca podrida de algunos políticos, banqueros, asesores reales y sindicalistas, para llamarlos al orden. Esperemos que la justicia actúe pronto y bien. El pueblo necesita con urgencia recuperar la confianza y la ética pública y privada.

4.-Ejercer la política: Ejercer un cargo político o sindical con honradez, lealtad, honestidad, entrega personal y vocación de servicio a la Comunidad tiene un gran valor humano y por lo mismo cristiano. Estos merecen nuestro voto.

Pero ejercerlo para enriquecerse, dejarse sobornar, tener influencias, llevar una vida por encima del nivel del pueblo, escalar hacia más poder y querer perpetuarse en él, esto no es servir al pueblo sino servirse del pueblo. Tomar decisiones que solo favorecen a los que más tienen, es inhumano, injusto, indecente y deleznable. A estos tales un cristiano nunca les debe dar su voto. Todos podemos saber quiénes son, pues, como dice Jesús, por sus obras los conoceremos.

5.-Dinero para la Iglesia: "El Gobierno recorta un 15% el gasto en prestaciones por desempleo para 2015, pero no disminuirá el dinero destinado a la Iglesia católica, a la que abonará mensualmente 13,2 millones de euros, que representarán al año 158,4 millones de euros, según el proyecto de Ley de Presupuestos Generales del Estado (PGE), presentado por Cristóbal Montoro en el Congreso" (El Plural).

¿Pueden los Obispos de la Iglesia, desde esa situación privilegiada, ser críticos con las decisiones gubernamentales causantes de  muchas de esas necesidades que luego ha de satisfacer Cáritas, y denunciar, por ejemplo, a los 83 directivos y consejeros de Caja Madrid que utilizaron presuntamente tarjetas opacas con las que cargaron a la entidad más de 15 millones de € para sus gastos privados? ¿Dónde están hoy los profetas?

 

Faustino Vilabrille

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