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COMUNIDAD Y COMUNIÓN

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"La única ley verdadera es aquella que conduce a la libertad –dijo Juan-. No hay otra" (Richard Bach, Juan Sebastián Gaviota)

29 de junio, Santos Pedro y Pablo

Hch 12, 1-11.

-Mientras Pedro estaba custodiado en la cárcel, la Iglesia rezaba a Dios fervientemente por él.

-Entonces Pedro, volviendo en sí, comentó: Ahora entiendo de veras que el señor envió a su ángel para librarme del poder de Herodes.

San Pietro in Cárcere, próximo al Foro de la Antigua Roma, en la ladera noroeste del Monte Capitolino. Un testimonio material del relato de Los Hechos. Una cárcel oscura en la que Pedro habría de clarificar unas ideas que, como la luna en cuarto menguante, apenas le alumbraban el mundo que vivía.

Lucas nos presenta a la comunidad rezando por su jefe prisionero, como comenta Schökel. La distancia y las rejas no rompen la unidad espiritual de los creyentes: el Apóstol y los suyos. Es lo único que pueden hacer y, cabe apreciar, su poder es grande. Con el protagonista de Intemperie de José Carrasco, supera el olivar que le impide ver el horizonte y empieza a saber reconocer y mantener el rumbo deseado. El de la Universalidad marcada por el Maestro.

"Sabía reconocer la Vía Láctea, la uve doble de Casiopea y la Osa Mayor. A partir de ella ubicó la Estrella polar y hacia allí dirigió sus pasos". Pedro comprende lo sucedido y orienta su brújula, no a la comunidad de cristianos judíos, sino a la de "cristianos helenistas". Un apoyo a la apertura misionera de éstos. Quizás todos ellos comprendieron que no podían ser cómplices con su silencio de que los hechos se tornaran más complicados. Como lo vislumbró el protagonista de una película recientemente en cartelera: "Los tiempos eran oscuros porque ellos se han callado".

En su segunda epístola a Timoteo, Pablo se presenta como un servidor de la Palabra. Toda una vida apostólica al servicio del Evangelio, que con la asistencia del Señor tuvo fuerzas para que por su medio se llevase a cabo la proclamación, de modo que la oyera todo el mundo.

Ambos reciben como recompensa por su entrega a la difusión de la Buena Nueva. Pedro –confesor de que Jesús es el Mesías- el poder de las llaves del reino y la fuerza de la evangelización por su confesión. Pablo, que ha librado bien el combate y ha mantenido y propagado la fe, la corona de gloria y la salvación en el reino.

Cabe preguntarse por qué los cristianos –todo creyente- no clarificamos hoy unas ideas que apenas alumbran el mundo que vivimos y habitamos. El histórico en acción de Pedro y Pablo nos empujan a supera el olivar que nos impide ver el horizonte y empezar a reconocer y mantener el rumbo de la Estrella Polar marcado por ellos el Maestro: El de la Universalidad. Lo constató Khalil Gibràn en esta frase de su obra Arena y Espuma: "Muchas doctrinas son como el cristal de una ventana: vemos la verdad a su través, pero él nos separa de la verdad".

En lo de alumbrar el mundo que habitamos, la sociedad civil –a pesar del consejo paulino de "proceded como hijos de la luz (Ef 5, 8)- parece haber estado siempre más despierta que la religiosa. Recientemente resonaron estos días en la Cámara de los Diputados éstas manifestaciones del recién coronado rey Felipe VI:

-..."quiero expresar el reconocimiento y el respeto de la Corona a estas Cámaras, depositarias de la soberanía nacional".

-"Y el Rey, a la cabeza del Estado, tiene que ser no sólo un referente sino también un servidor de esa justa y legítima exigencia de los ciudadanos".

-"Porque los sentimientos, más aún en los tiempos de la construcción europea, no deben nunca enfrentar, dividir o excluir, sino comprender y respetar, convivir y compartir".

Se habló también de "trabajo compartido", de "que no se rompan nunca los puentes del entendimiento", de "unidad que no es uniformidad", de "puentes para el diálogo".

Entretanto, y ceñida al Palacio Real, las campanas de la Catedral madrileña –expresión episcopal de las todopoderosas vaticanas- voltearon y tañeron, no sé si a adhesión o a protesta.

La fuerza está en la creencia de que nuestra unidad y destino se fraguan aquí en la Tierra. Tony de Mello ilustra este fraguar nuestra unidad y destino aquí en la tierra cuando a un discípulo que pregunta al Maestro: "¿Y dónde está el cielo?" éste le contesta: "Aquí y ahora mismo".

 

SÓLO EL HOMBRE

 

...pero la tierra

los árboles de nuevo

se entienden y se tocan.

La selva es una sola,

un solo gran puñado de perfume,

una sola raíz bajo la tierra.

(...)

Sólo el hombre.

No sé cómo se llama.

Era tan pobre como yo, tenía

ojos como los míos, y con ellos

descubría el camino

para que otro hombre pasara.

Yo aquí estoy.

Por eso existo.

(...)

Creo

que no nos juntaremos en la altura.

Creo

que bajo la tierra nada nos espera,

pero bajo la tierra vamos juntos.

Nuestra unidad está sobre la tierra.

Pablo Neruda

(Fragmento de "Sólo el hombre", Las uvas y el Viento)

 

Vicente Martínez

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