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PRESENCIA EN AUSENCIA

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"El Jordán y el Tabor son brechas para adentrarse, no para quedarse" (Melloni)

Hch 1, 1-11

Dicho esto, en su presencia se elevó y una nube se lo quitó de la vista.

1 de junio, VII domingo de pascua. La Ascensión.

La Presencia de Jesús en y entre nosotros sigue siendo real, pero diferente. La nube que le oculta significa que a partir de su desaparición como persona, nos queda en formato de "Presencia en Ausencia". Una Presencia a la Carta en la que todos los comensales tienen opción de elegir plato espiritual a su deseo. Lo importante no es ya el Menú sino la elección que cada cual hace de su contenido.

Como el alimento conforma el semblante físico del comensal, así la Presencia del Jesús Resucitado acuña el de su espíritu. Dejarnos moldear por el rostro iluminado de Jesús no es la despersonalización sino la transfiguración de nuestro propio ser. Un acto de unidad y de unión que nos torna gota sumida en el mar. Que nos define y empuja para ir más allá de nosotros mismos. Que nos capacita para actuar sobre los demás.

Es la habilitación otorgada para ser testigos y anunciadores de la Buena Nueva. Como el protagonista de La Última Cima, necesitamos subir de vez en cuando al Tabor de nuestras ilusiones para contemplar la gloria de Dios. Pero, eso sí, sin quedarnos dormidos jamás en el sueño inoperante de Pedro.

Los recesos son razonables cuando están diseñados con el propósito de cargar batería y proseguir camino con más fuerza. El poeta murciano Manuel Altolaguirre lo transcribió en estos versos:

Las barcas, de dos en dos
como sandalias del viento
puestas a secar al sol.

Cuándo y cómo contar con esta Presencia de Jesús no es algo de lo que se piensa como se podría pensar acerca de un problema de teología dogmática, según apuntó ya en la Edad Media otro murciano, Ibn Arabî, refiriéndose a la poesía. Esto es algo que se ve con el ojo interno y se oye con el oído interno. Sólo entonces, concluye el místico, se puede describir.

Un ojo y un oído categóricamente míos que excluyen toda intrusión ajena. Pero que, como ha hecho estos días el Papa Francisco en la Explanada de Jerusalén, se han tomado la iniciativa de pedir a judíos, cristianos y musulmanes que abran sus corazones y mente para entenderse, abrazarse con ellos y pedir al mundo que nadie utilice el nombre de Dios para justificar la violencia. Ojos y oídos Que cierran la libertad de opción sobre mi mismo abriéndose a la del mundo entero. Que con Madame Butterfly nos permiten exclamar: ¡Cuántas estrellas! ¡Nunca las vi tan hermosas!

El mejor modo de hacer, como propone Malloni, que el Jordán y el Tabor sean brechas para adentrarse y no para quedarse. Hacerlo, será el descubrimiento de ese norte que Fray Luis de León demandaba para guiar su nave al puerto sin dejar a su grey con soledad y llanto.

 

EN LA ASCENSIÓN (Fragmento)

 

¿Y dejas, Pastor santo,

tu grey en este valle hondo, escuro,

con soledad y llanto;

y tú, rompiendo el puro

aire, ¿te vas al inmortal seguro?

(...)

¿Qué mirarán los ojos

que vieron de tu rostro la hermosura,

que no les sea enojos?

Quien oyó tu dulzura,

¿qué no tendrá por sordo y desventura?


Aqueste mar turbado,

¿quién le pondrá ya freno? ¿Quién concierto

al viento fiero, airado?

Estando tú encubierto,

¿qué norte guiará la nave al puerto?

 

Fray Luis de León

 

Vicente Martínez

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