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NACIMIENTOS MILAGROSOS EN LA HISTORIA DE LAS RELIGIONES Y LAS NARRACIONES DE LA NATIVIDAD DE JESÚS

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Ofrecemos aquí un extracto, para facilitar una primera aproximación al texto original y completo, al que pueden acceder mediante este enlace.

Para ver el texto completo.


Para intentar leer las narraciones evangélicas del nacimiento de Jesús, desde un punto de vista puramente simbólico, y no como crónicas de hechos, ni descripciones de la naturaleza de lo divino y de su manifestación en Jesús, resultará útil hacer un brevísimo compendio de nacimientos maravillosos en otras diversas tradiciones espirituales.


Israel

Abundan los nacimientos milagrosos en la tradición bíblica. En Israel las narraciones de nacimientos extraordinarios tienen unos rasgos comunes: anuncio del nacimiento por un ángel, o por un sueño, o ambas cosas a la vez; esterilidad de la esposa antes de la intervención divina; profecías y anuncios sobre el futuro recién nacido; palabras u obras maravillosas del infante, etc.; la mayoría de estos elementos intervienen en las narraciones del nacimiento de Jesús.


Krishna

El rey Kamsa era un rey tirano. Tenía una hermana, Devaki, a la que quería mucho. Devaki contrajo matrimonio con Vasudeva. Todo iba bien, pero de pronto el rey oyó una voz que le decía: "El octavo fruto de su vientre será la causa de tu muerte".

Devaki tuvo la gran fortuna de convertirse en la madre del Señor de los Señores. Embarazada de su octavo hijo, el terrible Kamsa ordenó encerrarla con Vasudeva en la cárcel.

Desconsolados, sin ningún tipo de ayuda, Vasudeva y Devaki rogaban y rogaban al Todopoderoso, al Amor infinito. Le imploraban protección para su hijo. Rezaban con tanto ardor que al final cayeron desmayados. Brahma, Mahadeva y todos los devas se presentaron delante de ellos y, dirigiéndose a Devaki, le dijeron: "eres una princesa muy afortunada, pues serás la madre del mismo Narayana, el Señor. No temas a Kamsa". Cuando los hubieron tranquilizado y reconfortado, desaparecieron de su presencia.

Un aire de paz y de tranquilidad cubría toda la tierra. Las mentes de todos los hombres eran felices sin saber el motivo. Sólo Kamsa era desgraciado. Se oyó un gran trueno entre las nubes que parecía el rugir del océano. Era medianoche. Y Narayana, el que es el corazón de todos, nació de Devaki, la esposa de Vasudeva.

Vasudeva vio que no era un ser humano el que tenía en los brazos sino el mismo Narayana. Y le dijo: "has asumido la forma de un ser humano. Soy el más afortunado de todos los hombres y mi mujer tiene el honor de ser la madre del Señor.


Buda

Mahá Maya, Señora de Suddhodana, yacía en su lecho y soñó que los Cuatro Guardianes de los Puntos Cardinales la levantaron y llevaron hacia los Himalayas y una vez allí el Bodhisatta, quien se había convertido en un hermoso elefante blanco y llevaba en su trompa una blanca flor de loto, se acercó desde el norte y pareció tocar su flanco derecho y penetrar en su vientre.

Al siguiente día, cuando despertó, contó el sueño a los brahmanes que lo interpretaron así: que la señora había concebido un niño varón, quien se convertiría en un Buda y quitaría al mundo los velos de la ignorancia y el pecado.

En el momento de la encarnación tanto la tierra como los cielos mostraron signos, los mudos hablaron, caminaron los lisiados, todos los hombres comenzaron a hablar con bondad, los instrumentos musicales sonaron por sí solos, la tierra se cubrió de flores de loto, éstas descendieron del cielo y todos los árboles dieron sus flores.

Así llevó la señora Mahá Maya al Bodhisatta durante diez meses lunares, al cabo de ese lapso, de pie y sosteniendo una rama de un gran árbol, dio a luz. Cuatro devas de Brahma recibieron al niño en una red de oro y lo mostraron a la madre, diciendo: ¡Regocíjate, oh Señora! Un gran hijo ha nacido de ti". El niño se mantuvo erguido, dio siete pasos y exclamó: "Soy supremo en el mundo".


Mahoma

Del Profeta Mahoma también se narra las maravillas de su nacimiento y de su primera infancia.

La madre del Profeta contó que vió en un sueño, a un ángel descender del cielo y le dijo: el que llevas en tu seno es el más grande de todos los hombres y la más noble de todas las criaturas; cuando lo des a luz ponle por nombre MuhammadLa noche en la que el Profeta vino al mundo, su madre le miró y vio que brotaba de él una luz que llegaba hasta Siria, y vió todos los palacios de ese país; y la luz que salía de él se extendía también al cielo y alcanzaba las estrellas.

En el momento del nacimiento del Profeta, todos los ídolos que se encontraban en la ciudad de la Mekka cayeron al suelo de bruces.

Cuando vino al mundo, estaba limpio de toda mancha, circunciso por su naturaleza y su cordón umbilical había sido cortado por los cuidados del Ángel Gabriel.

Era de naturaleza verdaderamente excepcional: con nueve meses hablaba ya con un encanto y un acento que llegaba al fondo del corazón; nunca se ensuciaba; nunca gritaba o lloraba, a no ser cuando su desnudez se hallaba expuesta a la vista.


Zoroastro

Viene al mundo el año 550 antes de Cristo. La madre de Zoroastro, Dogdo, estaba encinta de cinco meses y veinte días y tuvo un sueño terrorífico. Creyó ver a una bestia, la más cruel, que se arrojó sobre ella lanzando bramidos de furor y le destrozó el vientre, arrancó de él a Zoroastro.

Dogdo, temblando gritaba: ¿Quién me librará del mal que me amenaza? Cesad de temer, oh madre mía, dijo Zoroastro; aunque estos monstruos sean muy numerosos y yo esté solo, resistiré a todo su furor.

Luego apareció un hombre Joven, hermoso como la luna llena se acercó a las fieras, las golpeó una a una con su cuerno luminoso y las redujo a la nada, Inmediatamente el joven cogió a Zoroastro, lo volvió a colocar dentro del vientre de su madre, sopló sobre ella y volvió a encontrarse embarazada.

Nada temas, le dijo a Dogdo. El Rey del Cielo protege a este niño y el mundo entero está esperando su llegada, porque es el Profeta que Dios envía a su pueblo.


Saosyant, el sucesor de Zoroastro

Se dice que la semilla de Zaratrustra (Zoroastro) no ha desaparecido: se encuentra en un lago. Y una joven se bañó en el lago. Fecundada por la semilla de Zaratrustra, da a luz un hijo... milagrosamente nacido de una virgen y encarnando al Sabio Señor, Dios supremo. Saosyant es el Enviado de Dios.


Gengis Kan

Se cuenta que un lobo azul bajó del cielo y se casó con una corza. De ellos nació Batachiján, antepasado de Gengis Kan. De esa descendencia, Alan la Bella tuvo tres hijos sin marido: Bugu Jatagui, Bagatu, Bodonkar.

Alan dijo: Vosotros, mis dos hijos mayores, decís a mis espaldas: "Tuvo tres hijos ¿de quién, de quiénes son?" Yo lo diré. Sabed que por las noches un hombre de color de la luz entraba por el agujero del techo de mi tienda. Se echaba sobre mí y me rozaba el vientre. Su luz me entraba dentro.¿Cómo podéis pensar mal de mí? ¿No veis que son hijos que vienen del cielo?

De esta descendencia procede Gengis Kan. Su nacimiento se narra así:

En un combate, Yesuguei (el padre de Gengis Kan) cogió cautivo a un jefe tátaro llamado Temujin. Acampaban entonces a orillas del Onón. Fue allí donde Joguelun dio a luz su primer hijo. Así nació Gengis Kan. Salió del vientre de su madre con un grumo de sangre, grande como una taba, apretado en el puño derecho.


Grecia y Roma

También los héroes y grandes militares griegos y romanos narraron genealogías en las que se afirmaba una ascendencia divina. La gens julia a la que pertenecían Cesar y Augusto, pretendían descender de Eneas y tenían, por consiguiente a Venus como antepasada. Eneas era hijo de Anquises y Afrodita. Su padre, hijo de Capis, desciende de la estirpe de Dárdano y, por tanto, del mismo Zeus.

Me he detenido narrando nacimientos milagrosos de grandes personajes religiosos y héroes para que quede constancia de que el mitologema "nacimiento milagroso" es una estructura ancestral, vigente tanto en el mundo judío, como en el helenista. Podría decirse que es un mitologema que trasciende todas las culturas. Los ejemplos que se podrían aducir son innumerables.

Sobre ese suelo de datos, las reflexiones sobre el carácter simbólico de las narraciones evangélicas del nacimiento de Jesús, quedan, sin duda, mejor enmarcadas.


Algo de teoría acerca de los mitos y narraciones sagradas

La pretensión de los mitos y las narraciones sagradas no era describir la realidad, ni describir hechos, sino imprimir en los individuos y grupos la manera de leer y valorar el medio y a sí mismos, de forma que actuaran adecuadamente para sobrevivir con eficacia.

Y así, los individuos de una colectividad preindustrial deben tomar lo que dicen sus mitos y narraciones sagradas como descripción fidedigna de la realidad. A esta necesidad imperiosa de tomar lo que dicen los mitos, símbolos, narraciones sagradas y rituales, como descripción fidedigna de la realidad, le llamaremos «epistemología mítica».

La epistemología mítica es propia de las sociedades que vivieron, y viven, de forma preindustrial y es consecuencia y causa de sus formas estáticas de vida, que debían excluir el cambio. Las formas de vida de las sociedades estáticas se elaboraban a lo largo de centenares de años y cuando resultaban eficaces para la sobrevivencia de los grupos humanos, se fijaban, para excluir así los riesgos que siempre hay en los cambios.

Si lo que dicen los mitos, símbolos y rituales es la descripción de la realidad, de la humana y de la divina, y es una descripción y proyecto de vida con garantía divina, todo cambio de importancia es ilícito, delito y ofensa a lo revelado y establecido por Dios o los antepasados sagrados.

Si la vida colectiva se articulaba y sostenía en torno a las creencias que surgían de la lectura y valoración de los mitos y símbolos desde la epistemología mítica, la vida espiritual tenía que articularse y expresarse forzosamente de la misma forma. Lo que se decía de Dios, del ámbito divino y espiritual, se creía que lo describía adecuadamente, como revelación divina.

Si lo que decían los mitos y símbolos resultaba eficaz para vivir, resultaban verificados. Esa verificación cotidiana se extendía, de alguna forma, a lo que decían del ámbito espiritual y divino. La noción de revelación y de legado de los antepasados sagrados, explicita y remacha la manera de ser de la epistemología mítica.

Los grandes personajes religiosos que aparecen durante este largo período de la humanidad, tienen que ser leídos y vividos desde los mitos y narraciones que programan las colectividades, tienen que ser leídos y vividos desde la epistemología mítica.

Así ocurrió con Jesús; se le mitologizó, y a continuación se leyó esa mitologización desde la epistemología mítica.

La lectura de los grandes maestros del espíritu desde las creencias y desde la epistemología mítica, que comporta exclusividad y exclusión, generó las religiones. Religiones son las formas de vivir la dimensión espiritual de la existencia en la época preindustrial, desde mitos, símbolos y narraciones, leídas desde la epistemología mítica.

Pero cuando los colectivos viven de las ciencias, las tecnologías y las industrias, desaparecen las sociedades preindustriales. Entonces la vida colectiva ya no se apoya en las interpretaciones que hacen los mitos, sino en las descripciones de la realidad que hacen las ciencias, tecnologías e industrias continuamente cambiantes.

Las sociedades ya no se articulan sobre revelaciones divinas, sino sobre postulados axiológicos y proyectos construidos desde esos postulados; todo ello construido por nosotros mismos y precisado de cambios, cada vez que las innovaciones científicas, tecnológicas, industriales y organizativas lo requieran.

Para quienes vivimos en estas condiciones culturales, los mitos, símbolos, rituales y narraciones sagradas sólo podrán ser metáforas que hablan de la dimensión absoluta de nuestro existir.

Desde esta perspectiva vamos a hacer el ejercicio de leer y comprender las narraciones del nacimiento de Jesús.


La voluntad de las narraciones mitológicas

De lo que precede se debe concluir que las narraciones del nacimiento de Jesús no son la crónica de unos acontecimientos, ni describen la naturaleza de Jesús; simbolizan, mitologizan la persona de Jesús, narrando su nacimiento.

Para comprender el mensaje espiritual de esos pasajes, sería un error intentar barrer de ellos los símbolos. Lo que hay que comprender ha de ser precisamente mediante esos símbolos polivalentes.

Interpretar las escrituras, llegando a doctrinas que se tienen como la formulación de la verdad que revelan, es permanecer en el reino de las palabras humanas, de las construcciones humanas. Es buscar en esas narraciones proyectos de vida bajados de los cielos: cómo tenemos que interpretar la realidad, cómo tenemos que valorarla y cómo tenemos que actuar en ella.

Los mitos y los símbolos, en su uso espiritual, se expresan en palabras, para conducir más allá de las palabras, para conducir al que no cabe en ninguna de nuestras imágenes o concepciones, ni está a la medida, ni al servicio de nuestras necesidades de pobres vivientes.


Cómo leyeron nuestros antepasados la Navidad y cómo podemos leerla nosotros

Podríamos decir que nuestros antepasados usaban correctamente, desde un punto de vista espiritual, los símbolos y las narraciones de la Navidad, pero esos símbolos y narraciones estaban para ellos tejidos con hilos muy resistentes, a causa de su función programadora y a causa de la epistemología mítica.

Para nosotros los mitos ya no son proyecto colectivo de vida. Todas las soluciones a todos nuestros problemas tenemos que construirlas nosotros mismos, apoyándonos en las informaciones que nos proporcionan las ciencias y en las posibilidades de nuestras tecnologías.

Las venerables narraciones, de tejido tan resistente en el pasado, en nuestras nuevas condiciones culturales, se diluyen en nuestras manos, y pierden todo su prestigio, a menos de que comprendamos, con toda claridad, que nos hablan de lo que es imposible hablar, sino sólo sugerir y apuntar.

Esta situación nuestra, desde un punto de vista puramente espiritual, es afortunada, porque nos aleja de toda idolatría, dogmatismo, intolerancia o complacencia. En este radical despojamiento, las narraciones y los símbolos de la Natividad, pueden transmitirnos limpiamente su mensaje.

Se puede hablar de lo que dicen las Escrituras, pero no se pueden interpretar, si por interpretar se entiende llegar a formulaciones de la verdad que se consideren reveladas, extraer de ellas normas de moralidad,  unos modos de vivir que desciendan de los cielos...

Eso es lo que vamos a intentar hacer con el núcleo de las narraciones de la Natividad de Jesús. Si lo hacemos correctamente, no obtendremos la narración de unos hechos, ni la formulación de la naturaleza de Jesús, sino sólo cómo expresaron y concibieron su nacimiento, quienes le amaron y le comprendieron. Los que le siguieron, imaginando su nacimiento, expresaron el mensaje de Jesús de Nazaret.


Las interpretaciones de Jesús de Nazaret

A Jesús se le ha interpretado de muchas maneras. Se le interpretó como Rabino, como un Profeta, como al Mesías, como Hijo de Dios en sentido hebreo (elegido de Dios, amado por Dios), como Hijo de Dios en sentido helenista, como Logos de Dios.

Durante siglos se dieron estas diversas interpretaciones, sin que una de ellas se impusiera claramente a las otras. Con la conversión del "movimiento de Jesús" en religión oficial del Imperio, la interpretación helenista de Jesús, como Hijo real de Dios y como Logos de Dios, se impuso a las demás. Y se impuso por el apoyo del Imperio, porque era la interpretación más coherente con la ideología del Imperio. Desde esa posición oficial, se persiguieron las restantes interpretaciones hasta hacerlas desaparecer de entre los seguidores de Jesús.

En sociedades articuladas sobre interpretaciones intocables, como son todas las sociedades preindustriales, Jesús de Nazaret tenía que ser interpretado con una interpretación intocable, desde las creencias. No bastaba la fe, se requería de una fe-creencia.

Es decir, se necesitaba un seguimiento de Jesús, una entrega a su invitación, -eso sería la fe-, que fuera además acompañada de una interpretación intocable, tanto de su persona como de su mensaje –eso sería la creencia-. La fe se hizo fe-creencia, fe-doctrina intocable.

En sociedades articuladas sin creencias, como son todas las sociedades de innovación y de conocimiento, la fe no puede ir unida a la creencia, porque unas sociedades que precisan cambiar continuamente sus ciencias e interpretaciones de la realidad, sus formas de trabajar y organizarse, tienen que rechazar todo lo que fije, y las creencias, tenidas como revelación divina, fijan.

Es posible la fe en Jesús sin creencias. Y no sólo es posible, sino que es necesario poder acceder a una fe libre de creencias intocables. Eso significa acercarse a Jesús, con todo el corazón y con toda la mente, pero sin intentar interpretarlo, sin intentar describir su naturaleza.

Jesús es un hombre que revela, manifiesta en su persona al Absoluto innombrable. Continúa siendo hombre, pero es un hombre invadido, empapado del Abismo Inconcebible.

Su naturaleza humana hace presente al Absoluto inconcebible, informulable; y al hacerlo, el Inconcebible le hace inconcebible a Él. Su humanidad es la presencia y la certeza de Eso inefable, absolutamente vacío de toda posible categorización o representación.

Hablar de Jesús diciendo que tiene dos naturalezas, la naturaleza divina y la naturaleza humana, y una persona, la de la segunda persona de la Trinidad, es una manera de hablar que supone una noción de naturaleza humana y una noción de naturaleza divina. Esos son supuestos de una cultura que ya no es la nuestra. Para nuestro tipo de cultura, esa formulación nos resulta inadecuada.

¿Tiene algún sentido hablar de "naturaleza divina"? ¿Qué sentido puede tener hablar de la naturaleza del Inconcebible Absoluto? Todo hablar del Absoluto, o es puramente apofático, o es simbólico. Si es apofático sólo dice lo que no es. Si es simbólico es sólo un apuntamiento que se hunde en el abismo de lo inconcebible.

Por otra parte, ¿qué sentido tiene hablar de la "naturaleza humana", si lo que nos caracteriza como especie es dejar nuestra naturaleza perpetuamente abierta a nuestra propia programación?

Por consiguiente, aun comprendiendo y justificando la forma de hablar de la tradición, que enraíza en la cultura helenista, hoy no tiene sentido hablar de las dos naturalezas de Cristo.

Además, aplicar la noción de persona a Dios es, también, una pura imagen, un símbolo. La noción de persona solo es aplicable a Dios como símbolo que apunta hacia el abismo, más allá de toda posible conceptualización y representación.

La revelación en Jesús nos lleva a comprender que Dios, el Padre (términos que son sólo símbolos), "el que es" (que es también una forma conceptual de apuntarle, pero no de describirle), no es "otro" de nada; y que la naturaleza humana no es "otra" del abismo de la divinidad.

Por tanto, la actitud correcta, en nuestras condiciones culturales, es acercarse a Jesús con fe, pero sin pretender interpretarle, silenciando todo conato de interpretación.


Los símbolos en las narraciones de la Navidad

El solsticio de invierno es el momento terrestre en el que, en nuestras latitudes, la oscuridad de la noche empieza a acortarse para dar mayor paso a la luz. Un buen símbolo de la incidencia del nacimiento de Jesús en las tinieblas de la historia humana.

El cielo nocturno es también un potente símbolo de la inmensidad inabarcable de la realidad, de la complejidad de la tierra y de la vida. Y la proximidad de toda esa grandeza; una proximidad tan total y envolvente como la oscuridad de la noche que nos sumerge.

El mito que sitúa el nacimiento de Jesús en la media noche del solsticio de invierno, nos habla de este mundo y de nosotros mismos.

Las narraciones evangélicas del nacimiento de Jesús, y las tradiciones populares que se han construido sobre ellas, son un poderoso mito expresivo que nos habla, como un gran poema, del misterio sagrado que se esconde en el inmenso seno del cosmos, simbolizado por la noche cósmica invernal, por la tierra, simbolizada en la gruta, por la vida, simbolizada en el buey y en la mula y por nuestra propia especie, simbolizada en María.

Ese sagrado misterio de todo, es el misterio íntimo de cada uno de nosotros. Y en el seno de ese misterio, nace el Absoluto innombrable en el cuerpo frágil de un niño de nuestra especie. Y nace en nosotros como lo hizo en María.

El parto es el símbolo nuclear de las narraciones del nacimiento de Jesús. En el seno de la tierra, en una cueva, nace la vida. En el seno de una mujer, nace la encarnación del Absoluto.

María es una mujer virgen. Su virginidad significa toda la naturaleza es virgen, incluso nuestra propia naturaleza es virgen. Y todo es como una virgen que pare al Único. Sólo nuestros ojos y nuestro corazón pueden estar mancillados cuando miramos todo lo que nos rodea con la mirada de un depredador.

La virginidad de María también significa que es capaz de parir al Único, no por obra nuestra, está engendrada por el misterio. En terminología helenista: Aquello Otro no es fruto nuestro, ni de nuestro esfuerzo, sino que es el misterio en el seno del misterio, es "Hijo de Dios".

Por la persona y la predicación de Jesús de Nazaret, sus discípulos se encontraron cara a cara con el Absoluto, en la persona de Jesús, en toda realidad y en la vida.  Jesús fue para ellos hombre y más que hombre. En la narración de la Navidad cobra expresión el impacto que Jesús ejerció en quienes le conocieron, impacto que tomó forma en la figura de "hijo de una virgen". Una forma de decir que es hijo de una mujer y por tanto de la condición humana, e Hijo de Dios; dos realidades en una unidad.

El Gran Acontecimiento en el cosmos, en la tierra, en la vida y en la especie humana es como un parto sagrado. Y lo que ese parto revela, no es una realidad aterradora; es una realidad amable, dulce, tierna próxima y vulnerable como un niño en los brazos de su madre.

Quien quiera ser testigo de ese Nacimiento, ha de hacerse pobre y sencillo como los pastores de Israel. También los humildes y piadosos, como Ana y Simeón, lo llegan a ver.

El mito señala una segunda condición: hay que enrolarse en la indagación de la verdad, como hicieron los magos iranios. Amaron la verdad con tal pasión y dedicación, que abandonaron sus casas y su país para ir en su búsqueda.

Ese fue el legado de Jesús, compendiado en unas breves narraciones de sus discípulos sobre su nacimiento maravilloso.


Jesús de Nazaret, el que nació en el pesebre, ¿el Señor?

Jesús el Nazareno ha tenido muchos seguidores. Muchos le han amado apasionadamente. Y le elevaron a lo más alto, y lo más alto para sociedades agrario-autoritarias fue hacerle Señor. El poder político se encontró con Jesús en su mismo estrado. Como no pudieron ponerse por encima de Jesús, le hicieron Señor de Señores.

Al hacer de Jesús el Señor de los Señores, le convirtieron en la fuente del poder y en el legitimador del poder. Las enseñanzas humildes, mansas, tiernas, poéticas y profundas, que son el espíritu inasible del Rabí Jesús, se convirtieron en doctrinas, preceptos, leyes del Señor Jesús.

Los poderosos de la tierra quisieron que esas leyes y preceptos fuera el aparato ideológico al que todos debían someterse. Quisieron que fuera la base sólida e inviolable donde se cimentara el orden que ellos imponían; que Jesús fuera el soporte de su poder.

También los que se consideraron sus seguidores directos y sus representantes se llamaron a sí mismos Señores, Príncipes de la Iglesia y se hicieron Señores que ejercían la "potestad sagrada", frente a la "potestad política".

Leyeron las narraciones del nacimiento de Jesús desde esos patrones. Así vieron en su nacimiento, aunque humilde, entre pajas, junto al buey y la mula, al que era aclamado por los ángeles del cielo y por las estrellas y las luces del cielo como Hijo de Dios, el Señor.

Hoy tenemos que aprender a amarle, respetarle y venerarle sin hacerle Señor. Quizás ahora podamos recuperar la incomparable grandeza del Maestro Jesús de Nazaret, en su sencillez, proximidad, calidez y hondura.

El Maestro que es el Camino, la Verdad y la Vida, ¿cómo va a tener doctrinas y leyes? Él sólo es la doctrina y el camino, y sólo su espíritu es la ley.

El Maestro de la humildad, la sencillez, la proximidad, ¿cómo va a ser Señor?

 

¿Cómo comprender a Jesús en las nuevas condiciones culturales?

Nuestros antepasados unos le comprendieron como Maestro, Profeta y Mesías; otros le comprendieron como Hijo de Dios y Redentor. ¿Cómo podemos leerle hoy? Sabemos que es Maestro, Profeta, Mesías, Hijo de Dios, Redentor, Verbo de Dios, y todo eso es un hablar cierto, pero sólo simbólico.

No sabemos quién es, pero sabemos que, en su persona, en sus palabras y obras, se muestra el Absoluto. Lo que Jesús realmente es, no se puede describir porque se lo tragó el Absoluto, sin que su carne y su espíritu dejaran de ser carne y espíritu de hombre. A Jesús le invadió el Absoluto en su impenetrable misterio, pero no le aniquiló.

¿Con qué palabras tenemos que hablar de Él en las coordenadas culturales de las nuevas sociedades industriales?

Nosotros, hoy, hemos de aprender a usar esas mismas formas, sabiendo que esas formas son sólo tenues nieblas de la mañana que el Sol deshace en cuanto amanece.

Así, pues, las dificultades que crean las sociedades dinámicas y globalizadas, sin creencias, sin religiones, sin dioses y sin sacralidades, a la interpretación tradicional de Jesús de Nazaret, resultan ser beneficiosas para una más correcta comprensión de su realidad.

 

El hablar sobre Jesús y su revelación es sólo simbólico.

Los símbolos y los mitos no tienen una significación unívoca, aunque tengan una intención clara. En las narraciones del nacimiento de Jesús se cumple, de una forma especial, esta ley general de la interpretación simbólica.

La narración del nacimiento de Jesús intentó simbolizar los rasgos centrales de la revelación de Jesús. Esa es la estructura común de los mitos: símbolos poderosos ensartados en una narración. La narración sólo pretende poner de relieve a los símbolos centrales.

Los símbolos centrales son los que ya hemos encontrado: la noche cósmica, la cueva y el seno de una madre. Para comprender la profundidad del mensaje del mito de la Natividad, basta con prestar atención a esos tres grandes símbolos.

En realidad son tres símbolos confluyentes, porque insisten en una misma idea desde una triple perspectiva: una perspectiva cósmica, otra terrestre y otra humana. Jesús, la Luz del mundo, nace en el momento central de la noche cósmica, desde las tinieblas del seno de la tierra, en una cueva, y de la oscuridad de las entrañas de María.

Estas tres oscuridades-luz, no son tres, sino una sola. Cómo llamaremos a esa oscuridad: ¿oscuridad luminosa o claridad oscura?

La verdad que nos trajo Jesús, la verdad del Dios Padre, es la Verdad absoluta. Una verdad que está más allá de las pobres y limitadas posibilidades de nuestro cerebro y nuestro corazón.

Sabemos de su Verdad con una certeza inquebrantable, pero ni la podemos individualizar, diferenciándola de las otras verdades ni la podemos acotar, ni la podemos representar. La Verdad de Jesús no es ninguna formulación. Es una Verdad vacía, sin límites, que lo abarca todo.

 

ORIENTACIONES PEDAGÓGICAS PARA TRATAR ESTE TEXTO EN UN GRUPO DE ESTUDIO

1º: Darse cuenta de que es un patrón común para hablar de personajes de potente huella religiosa y humana.

2º: Ver el sentido del simbolismo de cada una de las figuras y rasgos de cada narración, como está sugerido en el texto.

3º: Darse cuenta de que se habla con palabras humanas, con patrones humanos, para ensalzar y apuntar a la grandeza de un personaje que está más allá de nuestras posibilidades de decir.

4º: Hacer caer en la cuenta de que el tipo de conocimiento al que apunta la narración y los símbolos de la narración es un conocimiento muy peculiar: sin forma, silencioso.

 

ALGUNAS CUESTIONES PARA TRABAJAR EN GRUPO

(Después de haber leído en particular, en casa, con tiempo el artículo).

- ¿Habíamos leído alguna vez con tanto detalle las narraciones del origen de estos personajes religiosos? ¿Nos había explicado alguien esto alguna vez aunque no hubiéramos tenido ocasión de leer toda esta literatura?

- ¿Qué impresiones primeras, espontáneas, nos ha producido esta lectura?

- ¿Se ha sentido desafiada de alguna manera nuestra fe (ya sea cristiana, musulmana, budista...)? ¿Por qué? ¿En qué sentido?

- ¿Cómo interpretar el hecho de que siendo toda esta información algo tan público y universal, sea de hecho algo prácticamente desconocido para la inmensa mayoría de las personas religiosas? ¿A qué se puede deber? ¿Qué factores pueden intervenir en este hecho?

- Elaboremos y formulemos algunos desafíos que el conocimiento de toda esta pluralidad religiosa lanza a la teología común, sea en materia de «revelación», de cristología, de evangelios, del sentido de la navidad... [encontrar un lenguaje acomodado en el caso de no tratarse de un grupo de inspiración cristiana].

- ¿Qué conclusiones -o simplemente preguntas- nos suscita todo lo leído y reflexionado, sobre la objetividad, el sentido, la validez... de las afirmaciones religiosas? ¿Son verdaderas, son falsas? ¿Son descripciones objetivas, o relatos míticos, o afirmaciones simbólicas? ¿Cómo se podría resumir todo esto con claridad?

- ¿Qué es lo que el autor llama «epistemología mítica»? Comentar la posición del autor.

- En la última parte del artículo el autor orienta el curso de las ideas hacia la desembocadura del «conocimiento silencioso». ¿Qué quiere decir con esa expresión?

- Para concluir, extraigamos de todo el conjunto del artículo alguna lección para nuestra vida personal: ¿qué me dice todo esto para el sentido que tiene para mí la Navidad?

- Y para la pastoral: ¿Cómo transmitir al pueblo, en mi Iglesia, este corrimiento profundo de perspectivas hermenéuticas y epistemológicas? Ante todo: ¿hay que transmitírselo? ¿Es necesario? ¿Va a ser provechoso? ¿Será mejor no hacerlo? ¿Es mejor la popularmente conocida como «la fe del carbonero», la de aquellas personas que no saben ni quieren saber, sino que sólo pretenden «creer lo que manda la Santa Madre Iglesia»? ¿Cómo guardar un equilibrio entre el respeto a los ritmos de cada quien, y la urgencia de ayudar a las personas a actualizar su fe a un modo compatible con la «sociedad del conocimiento» a la que nos abocamos?

 

Mariá Corbí

Koinonía

Si el extracto no acierta a reflejar la idea original
es responsabilidad exclusiva de Rafael Calvo.

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