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EL MATRIMONIO, SACRAMENTO DEL EROS

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¡Oh, amor mío! el dios al que debes invocar es el amor
(Pollione en Norma, de Bellini)

22 de diciembre Cuarto domingo de adviento

Mt 1, 18-24

"Mira, la virgen está encinta, dará a luz a un hijo que se llamará Emanuel, que significa Dios con nosotros.
Cuando José se despertó del sueño, hizo lo que el ángel del Señor le había ordenado y acogió a María como esposa".

El Matrimonio, en su forma tradicional indisoluble, única e intangible de hace cerca de dos mil años, es una institución hoy fracasada en sus propias estructuras: los cimientos doctrinales se tambalean, los muros de su sacramentalidad se resquebrajan, el tejado de "lo que Dios ha unido no lo separe el hombre" se derrumba. Por esta razón, nuestra Sociedad precisa hoy hacer una reflexión muy seria sobre los modos de unión adaptados a la vida contemporánea, en términos de aspiraciones legítimas, sociales y afectivas.

Reflexión que ha de trascender el propio imperativo sacramental, y apoyarse con mayor solidez en las leyes de la Naturaleza, en el universal Sacramento del Eros, en los determinantes Biológicos y los puntos de vista Culturales que ciñen dicha unión. Consideraciones éstas que obligan a un cambio en la metodología de una educación más realista y viva en lo que a la preparación de la Sociedad y sus miembros se refiere para este hecho tan trascendental de la vida en pareja. El amor es, en todos sus formatos, principio y fuente creadora unitiva y dinámica entre los seres humanos.

En la Antigüedad Clásica –años 400 aC a 400 dC- en las ciudades de la cuenca mediterránea, los emparejamientos adoptaban en general cuatro formas: Uso, Concubinato, Unión formal y Amor de amantes. Los dioses no andaban a la zaga en tan divinos quehaceres: Zeus y Hera, Júpiter y Ganimedes, Afrodita y Atargatis, Innana y Dumuzi. Y ninguna de las religiones se mantuvo históricamente al margen de los mismos.

"El cristianismo no tiene un único modo cultural", ha escrito el papa en la Evangelii Gaudium. Lo que igualmente sugiere una trascendental apertura hacia nuevas formas alternativas de pareja, en otras épocas vigentes no solo en las diferentes culturas donde el Cristianismo se ha desarrollado, sino también en la teoría y práctica de la propia Iglesia a lo largo de su evolutiva historia.

Philippe Brenot, antropólogo y psiquiatra, viene a decir en su reciente obra Inventer le couple, que si hoy el matrimonio es una decepción en su forma tradicional, no se trata de renunciar a la vida en pareja, ya que la sociedad precisa de estructuras. Pero es necesario adaptar éstas a los valores de la época y a las mentalidades de los individuos. Y una vez constituida dicha pareja, es imprescindible aprender a cuidarla, hacerla evolucionar, reinventarla sin cesar para que no se marchite.

La propia Iglesia Católica ha hecho una regresión hacia posturas radicales con las que en otros tiempos fue más abierta y tolerante. Por ejemplo, con las uniones del mismo sexo durante la época medieval, los matrimonios en el clero secular, el concepto sagrado del amor erótico...etc. Aspecto éste bastante más evidente en

muchas otras tradiciones religiosas, donde es percibido y vivido como un esfera natural para acceder a Dios en el hombre: Ya Orígenes en el s.III, defensor de una teología de Dios amante y misericordioso, "aceptaba el sexo como un regalo de Dios, no como un instrumento de posesión diabólica".

En la ópera Rusalka de Dvorak, la relación del Príncipe y la Ondina simboliza el matrimonio teológico, transhumanizado, sin encarnación. Rusalka no tiene sangre humana y es la representación de la religiosidad centrada en la espiritualidad del más allá. Personifica el ámbito del alma, fría, pálida y lejana. Un fracaso de humanización que le impedirá volver a ninguno de los dos mundos, pues sólo el del amor encarnado salva.

Desde otro plano, con fundamento en el primero, hay en el útero de cada uno un embarazo –un ser esencial- que pugna por ser alumbrado: es nuestra Navidad. En él constriñe, con ansias de parto el 'fruto bendito de nuestro vientre', sumido en el seno del Padre, obra también de dos amores fundidos unívocamente en el crisol de la Eternidad.

No es teología sana dejar a María y José sumidos en un estado de pareja desencarnada, expulsada del Paraíso del Sacramento universal del Eros, cuando el hombre fue creado por amor y para el amor, fuente permanente que le impulsa a vivir, a crecer y perfeccionarse como persona, y a ayudar a los demás a conseguirlo. Las Sagradas Escrituras de todos los tiempos lo ensalzan. Al amor sexual le dedica el AT uno de los libros más hermosos, El Cantar de los Cantares.

 

DESDE QUE MI VOLUNTAD

 

Desde que mi voluntad

está a la vuestra rendida,

conozco yo la medida

de la mejor libertad.

Venid, Señor, y tomad

las riendas de mi albedrío;

de vuestra mano me fío

y a vuestra mano me entrego,

que es poco lo que me niego

si yo soy vuestro y vos mío.


A fuerza de amor humano

me abraso en amor divino.

La santidad es camino

que va de mí hacia mi hermano.

Me di sin tender la mano

para cobrar el favor;

me di en salud y en dolor

a todos, y de tal suerte

que me ha de encontrar la muerte

sin nada más que el amor. Amén.

 

José Luis Blanco Vega sj


Vicente Martínez

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