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VOLVER A NACER DE NUEVO

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Comparto estas reflexiones al alcanzar 70 años de vida.

Cada día que amanece me ofrece la oportunidad de vivir la vida con una nueva motivación, consciente de que lo único verdaderamente importante es amar y hacer el bien, porque "vivir no es sólo existir, sino existir y crear, saber gozar y sufrir y no dormir sin soñar", en palabras de Gregorio Marañón.

Voy añadiendo años a la vida, pero más importante que cumplir años es darle cada vez más vida a los años. Una vida no se mide por la cantidad de años vividos sino por la calidad e intensidad de experiencias. Lo importante no son los años de vida en la historia sino la conciencia con que se vive la existencia. De ahí que una vida posee sentido cuando se vive conscientemente, identificada con el cosmos, con la naturaleza y al ritmo de las alegrías, sufrimientos, angustias, luchas y esperanzas de la humanidad.

En realidad no existe la edad. No son 70 años. Todos los seres humanos, todos los seres vivos, todo el cosmos, –y nosotros como parte del universo-, tenemos más de 13.000 millones de años desde la explosión del Big Bang y su consiguiente expansión cósmica. Descendemos, como todo ser vivo, de los astros, de las galaxias. Los elementos que componen nuestro cuerpo son los que hace miles de millones de años dieron origen al universo. Somos polvo de las estrellas. Hijos de las estrellas. Hijos de la madre tierra. Por lo tanto, llegar a esta edad no es sino una evolución de la vida. Todo es movimiento.

Estamos de paso en la historia de la tierra y de la humanidad. ¿Qué significa nuestra vida en este largo viaje de la historia? Poco. Nada. Pero, al menos, merece la pena haber nacido y aportado un granito de arena para que este mundo sea un poquito más justo y humano.

Unos nacen, otros mueren. Unos se abren a la vida, otros envejecemos. Y la historia sigue. Estamos de paso en ella. Todo pasa. Pasan los años, pasan las personas, pasan los acontecimientos, pasan los problemas, pasan las crisis, pasan las alegrías... Sólo Dios, que lo es todo porque en él vivimos, permanece.

Jesús de Nazaret, dirigiéndose a un hombre anciano, le dijo: "Es necesario volver a nacer de nuevo". Esta última etapa de la vida es una oportunidad para volver a nacer de nuevo y continuar creciendo, para llegar a madurar y acabar de nacer. Vamos naciendo lentamente, por etapas, hasta acabar de nacer. La vejez es la última oportunidad de dar el toque final a la estatua que hemos ido tallando de nosotros mismos a lo largo de la vida.

He vivido durante los años de vida misionera experiencias intensas y apasionantes. He realizado largos viajes por los caminos de América y por otras partes del mundo. Sin embargo, proclamo que ahora comienzo el viaje más fascinante de la vida, rumbo al interior del propio corazón, preparando el encuentro con el Misterio Trascendente, que es a su vez Inmanente, del que nada sabemos, pero lo sentimos.

Voy bajando lentamente hasta el corazón del universo, al corazón de la tierra, al corazón de la pequeña flor del campo, al corazón del almendro y la palmera, del olivo y la higuera, del naranjo y el granado y demás árboles de mi huerto, al corazón del mirlo y el ruiseñor que con sus cantos me despiertan cada mañana anunciando el nuevo día... y, sobre todo, al corazón del ser humano, allí donde todos los seres vivientes son un sólo corazón.

Y por ahí me muevo y camino, naciendo cada día, con la esperanza de encontrarme, en la plenitud de mis años, en un alegre y eterno amanecer con la Fuente de la Vida y de toda Sabiduría, Belleza y Amor, el corazón de Dios en el cual existimos.

 

Fernando Bermúdez López

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