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SUGERENCIAS PARA LA ORACIÓN EN ADVIENTO

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La vida es algo muy serio, pero se puede echar a perder.
Dios es el que nos ayuda a vivir.

 

Para nuestros ojos y nuestros oídos, Dios no está. No podemos verlo, ni oírle ni tocarlo. La Presencia de Dios escapa a nuestros sentidos, aunque está ahí. Está ahí, podemos conectar con Él, su Espíritu actúa en el mundo, habla, trabaja por nosotros. Ésta es la primera piedra de nuestra fe.

Hubo un momento en la historia en que su presencia fue especial. Hace casi dos mil años, en un hombre que se llamaba Jesús de Nazaret hubo una "explosión del Espíritu". Jesús es "el hombre lleno del Espíritu", en el cual vemos a Dios. En su palabra oímos La Palabra, en sus obras vemos cómo actúa Dios.

Y Jesús vino, llegó, en un momento del tiempo, en una fecha concreta. Los cristianos pensamos que su llegada estaba preparada desde hacía siglos. La humanidad esperaba esa presencia especial de Dios.

Un pueblo, un pueblo de poca importancia, Israel, se dio cuenta de esto más que los demás, y poco a poco se fue preparando para su llegada: la Biblia, lo que llamamos el Antiguo Testamento es la crónica de esa preparación, de cómo Israel fue poco a poco entendiendo la palabra de Dios, a veces mal, a veces muy bien, y se fue dirigiendo al encuentro de Jesús.

Nosotros, casi veinte siglos después, celebramos todos los años esa llegada de Jesús. Navidad, el aniversario de la llegada de Jesús. Como un cumpleaños, pero con una diferencia muy importante. En un cumpleaños realmente no pasa nada. Celebramos una cosa que pasó, y mostramos nuestro cariño a una persona, nada más. Pero la llegada de Jesús es algo que sucedió y que sigue sucediendo.

Sucedió que nació un niño. Pero sucedió también que con ese niño, por medio de ese niño, los que vivieron con él conocieron mucho mejor a Dios, y cambiaron de vida. Muchos de los que conocieron a ese niño cambiaron tanto que es como si se asomaran a una nueva vida, como si nacieran de nuevo... Y nos lo contaron, nos lo transmitieron.

A nosotros también nos pasa lo mismo. Conocer a Jesús, aceptar a Jesús, creer en Jesús es como volver a nacer. Y esto sucede una vez y mil veces en la vida, porque Jesús va creciendo en nosotros, lo vamos conociendo mejor, lo vamos aceptando más.

Así que Jesús nació hace dos mil años y nace constantemente en los que creemos en él, de manera que nuestra vida se va trasformando todos los días, cuanto más conocemos a Jesús, cuanto más le aceptamos, cuanto más creemos en él.

Todo esto empezó cuando Jesús nació en Belén y por eso al celebrar el nacimiento de Jesús celebramos mucho más que su cumpleaños. Celebramos el principio de nuestra nueva vida, eso que Jesús llamaba "el Reino de Dios, que está dentro de vosotros".

Nosotros, la Iglesia, aprovechamos todos los años la Navidad para que Jesús vuelva a nacer en cada uno con más fuerza. Como aprovechamos un cumpleaños para que crezca nuestro cariño.

Pero las fiestas importantes se preparan, para que salgan bien. La Navidad puede ser importante. Puede aumentar nuestro conocimiento de Jesús, nuestro amor a Jesús, nuestro compromiso con Él, nuestra vida nueva. Por eso, la preparamos bien. Y eso es el Adviento: dedicamos cuatro semanas a prepararnos bien, para que esta fiesta deje huella en nosotros.

Las lecturas de la Eucaristía, en estos cuatro domingos, nos recuerdan algunos temas básicos, para que nos preparemos bien a Navidad. Aparecerá el Profeta Isaías, que nos recordará que estamos esperando a Dios, la Luz, la Salvación. Aparecerá Juan Bautista, que fue el heraldo de Jesús, el que lo anunció a Israel. Y aparecerá un tema fundamental: "estad preparados, el Señor viene, abridle las puertas, preparad el camino".

La venida histórica de Jesús marcó una situación límite, una encrucijada para el pueblo de Israel. Esto es un anuncio profético. Para todos los hombres, el Reino de Dios es una encrucijada, una elección. Hay que elegir entre conformarse con esta vida, con sus valores y sus satisfacciones y resignarse a morir... o no conformarse, fiarse de la Palabra de Jesús y aspirar a más, a más vida, a otros valores que no se terminen.

Así, el Adviento es un tiempo profético en que se nos pide hacer un acto de fe: aceptar que no somos sólo tierra, que vamos hacia la plenitud y que hay que caminar.

Todo esto muestra la dimensión interior, personal, de la "venida". Dios sale a nuestro encuentro continuamente si continuamente estamos caminando en busca de Él. La espiritualidad del cristiano es no detenerse jamás. Jamás poner su ilusión en nada que le retenga, que le esclavice, que le disminuya, que le estanque.

La espiritualidad del cristiano es... "Salid al encuentro del Señor que viene".

Esta es la "urgencia" de una vida sin concesiones, que aparece expresada muy radicalmente tanto en las cartas de San Pablo como en el Evangelio. Otras imágenes evangélicas subrayan la misma línea. Así, el mayordomo fiel, el mayordomo infiel, las vírgenes necias y prudentes, los talentos, y el precioso resumen de Lucas 21, 34-37:

Guardaos de que vuestros corazones no se vuelvan pesados por el libertinaje y las preocupaciones de la vida... Estad en vela, orad...

Así que el Adviento es un tiempo de urgencia, de despertar si nos habíamos dormido, de avivar la fe. Es muy importante sin embargo recordar que éste no es un tiempo de amenazas. Decimos: "¡Viene el Señor!", y algunos parece que lo dicen con espanto, como si viniera el desastre, como si hubiera que esconderse. Es al revés: ¡Viene el Señor, qué alegría! Dios está con nosotros, es un aliado, está a favor de nosotros. Dios es el Libertador.

¿Ha tenido usted alguna vez la experiencia de ver amanecer? Es de noche y está oscuro, pero se adivina ya cierto resplandor tras el horizonte. Poco a poco, el firmamento se va haciendo más claro... Viene la luz, viene el sol, y nos sentimos bien, nos sentimos llenos de esperanza.

Este es el mensaje del Adviento: "Alégrate, Jerusalén, porque llega tu luz"

 

PARA NUESTRA ORACIÓN


1.- "VEN, SEÑOR JESÚS".

• No puedo parar mi vida. Se me va. Todo lo que tengo, se me escapará un día de las manos. Sólo me quedará lo que soy. Me afano en poseer, pero me lo quitarán. Me afano en disfrutar, pero dura poco, cada vez disfruto menos, y cada vez deseo más.

• Y escucho La Palabra: "No caminas hacia la muerte sino hacia la libertad". No vas hacia la noche: vienes de la noche hacia el día. Tu Dios no es tu sentencia de muerte, sino el pan y el vino para caminar, la luz para acertar.

• Sentir: ¿para qué trabajo, en qué disfruto? ¿Me basta? ¿Va a ser tiempo perdido todo el enorme esfuerzo que supone vivir? Tanto trabajo, tanto esfuerzo, tanta ilusión, tantos afanes... ¿van a ser sólo tierra, acabarse en nada, desaparecer?

• Escuchar con profunda alegría la Palabra: "Vamos a la Casa del Señor". Todo puede ser para siempre. Todo puede ser semilla que dé cosecha... ¿todo?.

• Mirar mi vida. ¿Estoy sembrando para la buena cosecha? ¿Estoy tirando la vida para quedarme al fin sin nada?

• Y dar gracias a Dios, que hace posible ver, elegir lo mejor, no conformarse, hacer la vida válida, dar gracias a Dios por esta Palabra de esperanza, de estímulo.

 

2.- CONTEMPLACIÓN

• Es típica de Navidad, y por tanto de Adviento, la contemplación.

• Contemplar es "quedarse mirando", dejar que las imágenes calen, sentir. Póngase ante una imagen de Jesús. Mírele los ojos. Escuche, está hablando:

• "-¡Despierta, estás dormido, estás tirando la vida!. No hagas tesoros aquí, que se pudren. Haz tesoros para siempre...Despierta, que se te pasa la vida. "

• Y quédese mirándole a los ojos, sin más, sin pensar mucho, sólo sintiendo que Él está mirando.

 

3.- SALMO 121

El CANTO RESPONSORIAL del primer domingo de Adviento es el salmo 121. En él encontramos los cristianos un típico texto del Antiguo testamento que "se deja iluminar" muy bien, es decir, que cobra sentido muy pleno desde Jesús.

La "casa del Señor, Jerusalén" es la plenitud a donde vamos. Cantamos la alegría del peregrino que sabe que está llegando a la mansión segura, libre ya de las dificultades del camino, donde se reúnen por fin todos los Hijos.

Los "tribunales de justicia" ansiados en una época en que la justicia era mal y poco impartida. "El Palacio de David", de donde la justicia se imparte para todo el pueblo... es nuestro deseo profundo, el deseo de todo humano de verse libre de lo injusto. La Justicia viene de Jesús, el Rey que viene.

Finalmente, Jerusalén es también la Iglesia. Como el pueblo de Israel, la Iglesia es el lugar santo. La Iglesia, nosotros. Deseamos a la Iglesia todo bien. La Iglesia es presencia de la fuerza de salvación de Dios. Oramos pues por la Iglesia para que sea, como Jesús, fuerza de salvación, presencia de esperanza.

 

Qué alegría cuando me dijeron

"Vamos a la Casa del Señor"

Ya están pisando nuestros pies

tus umbrales, Jerusalén.

Jerusalén está fundada

como ciudad bien compacta.

Allá suben las tribus

las tribus del Señor.

Según la costumbre de Israel

a celebrar el nombre del Señor.

En ella están los tribunales de justicia

en el palacio de David.

Desead la paz a Jerusalén:

"Vivan seguros los que te aman,

haya paz dentro de tus muros,

seguridad en tus palacios"

Por mis hermanos y compañeros

voy a decir: "La paz contigo"

Por la casa del Señor nuestro Dios

te deseo todo bien.

 

¿Por qué no prueba a orar durante el día, repitiendo una frase...? Va usted por la calle, se queda un momento a solas... repita en su interior:

"¡Qué alegría, voy caminando a casa, a la Casa del Señor!"

Nosotros podríamos quizá actualizar las imágenes de este salmo y, con su mismo espíritu, orar a Dios de manera semejante a ésta:


En tu presencia, Padre,

abro ante ti mi alma, y reconozco

que sólo a la fuerza soy un caminante,

sólo a la fuerza.

 

Si por mí fuera, yo haría detenerse el tiempo,

pararía mi vida en un lugar agradable, quizá

entre la juventud y la madurez,

con bastante salud y algún dinero,

con amigos, en paz, me plantaría así, que nada cambie.

No me hace falta más, no necesito más promesas.

 

Pero ese no soy yo, y la vida es cambiar, lo sé, lo siento

simplemente cuando a solas oigo a mi corazón

que es el reloj que cuenta los segundos de mi vida

y me dice que avanzo, que camino

y no puedo pararme, porque vivir es eso.

 

Llegar. ¿A dónde llegaré? ¿Cuál es el término?

Llegar a tener mucho, a disfrutar mucho, a mandar mucho...

pero esto no es llegar, que todo pasa,

lo que pasa no es fin, sino camino.

¿A dónde va el camino del tener, del disfrutar, a dónde va?

 

Eres el mar, me llamas, siento que me llamas.

Pero a veces camino tierra adentro, me lleno los bolsillos

de tierra, cada vez más tierra, y corro tierra adentro y moriré

llenos de tierra los bolsillos y la boca y el alma

lejos de ti, mi mar, y allí

se pudrirá mi vida.

 

¡Qué alegría

cuando me dicen: vamos caminando,

que lo nuestro es pasar,

se pasa todo, menos la certeza

de caminar seguros hacia casa,

la Casa del Señor, la casa de mi Padre!

 

Y llegaré. Un árbol brotará

de esta bellota ciega que es mi cuerpo.

Y de este huevo opaco y encerrado en sí mismo

volará el pájaro que soy, al aire, a la luz, que es lo mío.

 

Caminante de noche; desconoces

que la Ciudad te espera,

que estás cerca del Mar,

que tienes una Casa preparada ...

 

¡Qué alegría

cuando escuches, si escuchas, algún día,

que vas, aunque no quieras, caminando

a la Casa del Señor!

 

José Enrique Galarreta

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