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FARISEOS Y PUBLICANOS

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27 de octubre, domingo 30 del TO

Ecl 15, 21

"La reclamación del pobre atraviesa las nubes y hasta alcanzar a Dios no descansa; no ceja hasta que Dios lo atiende, y el juez justo le hace justicia".

Lc 18, 9-14

"El recaudador, de pie y a distancia, ni siquiera alzaba los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: "¡Oh Dios!, ten piedad de este pecador." Os digo que éste volvió a casa absuelto y el otro no.»

La autoestima es un valioso activo para la persona cuando está enraizada en la autoconsciencia, en el autoconocimiento de las propias capacidades y limitaciones. Esta percepción evaluativa de si mismo es aplicable también a sociedades, corporaciones y comunidades.

En nuestra parábola, la autoestima del fariseo era vacua y ofensiva. Oraba erguido –se supone que en primera fila- desde un interior falsificado, dando gracias porque no era como los demás: ladrones, injustos, adúlteros, ni como ese publicano. Toda su ética moral era el cumplimiento estricto de la Ley vertida en pastillas artificiales insulsamente plastificadas.

Como Don Quijote en el episodio del retablo del titiritero Maese Pedro, el fariseo piensa que cuanto no se ajusta a su legal conducta es pura bellaquería, porque "no cuadraba en su mesmo parecer", dice Cervantes. Por eso desenvaina la espada de la imprecación y arremete con violencia y descaro contra el rey moro Marsilio hasta no dejar títere con cabeza en el teatro de las marionetas.

La escena tragicómica es tan de la vida real, que ha merecido el honor de ópera en versión lírica de Manuel de Falla. Los leguleyos como el fariseo, más implicados en magisterios de verdades que en prácticas de valores, se pierden orando al cielo. El publicano, en cambio, está en la vida reconociendo la realidad de sus pecados. Sus gritos alcanzan a Dios en cuanto encuentra al Dios-Criatura en el interior de sí mismo, en el ser e inter-ser con los demás. Y este encuentro –un mirar abajo- es el que realmente le salva y justifica.

De nuestros dos protagonistas del texto de Lucas hay una cosa clara: ambos nos manifiestan abiertamente lo que piensan de Dios. Vivimos en una sociedad que se dice plural y abierta. Pero en los muros laicos de sus poblaciones, la figura de Dios aparece bajo orden de búsqueda y captura porque adolece de autoconsciencia de su realidad trascendente.

Hace unos meses, una plataforma de ateos paseó un par de autobuses por las calles de una ciudad española con el slogan "Probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta de la vida". Tal conducta no es otra cosa que doctrina de muertos, como dice san Pablo (1Cor 15, 32) citando el consejo de Epicuro de Samos a sus seguidores: "comamos y bebamos, que mañana moriremos". En el Acto I de la ópera Manon de Mássenet lo canta igualmente su protagonista mostrando gala de una ínclita superficialidad: "¡Ah! ¡Qué divertido debe ser divertierse toda la vida!"

A pesar de todo lo cual Jesús, que tenía una clara consciencia de sí y de la sociedad que le tocó vivir, quiso dar una lección a cuantos teniéndose por justos –séanlo o no- desprecian a los demás.

 

ORACIÓN


¡Señor!

Ayúdame a decir la verdad delante de los fuertes

y a no decir mentiras para ganarme el aplauso de los débiles.


Si me das fortuna, no me quites la razón,

Si me das el éxito, no me quites la humildad,

Si me das humildad, no me quites la dignidad.

Ayúdame siempre a ver la otra cara de la medalla,

No me dejes inculpar de traición a los demás por no pensar igual que yo.


Enséñame a querer a la gente como a mi mismo

Y a no juzgarme como a los demás. No me dejes caer

En el orgullo si triunfo, ni en la desesperación si fracaso.

Más bien recuérdame que el fracaso es la experiencia

que precede al triunfo.


Enséñame que perdonar es un signo de grandeza

Y que la venganza es una señal de bajeza.

Si me quitas el éxito, déjame fuerzas para aprender del fracaso.

Si yo ofendiera a la gente, dame valor para disculparme y si

La gente me ofende, dame valor para perdonar.


¡Señor... si yo me olvido de ti, nunca te olvides de mí!


Mahatma Gandhi

 

Vicente Martínez

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