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FE ADULTA

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<<... Si tenéis fe como un grano de mostaza...>> (Mt 17,20)

 

¿Qué significa "tener fe"?...

¿Qué significaría "tener una fe adulta"?

¿La fe es un algo que se tiene, como una cosa que se posee y que, por lo mismo, puede también perderse de pronto?

¿Quién tiene fe en nuestro entorno y cómo vive quien tiene fe?

¿Una persona que experimenta dudas, o que no consigue tenerlo "todo" claro y bajo control carece de fe?

Estamos en la recta final del "Año de la Fe". Se me antoja que va siendo buen tiempo para cosechar los frutos que Dios nos ha regalado en este año dedicado a tan crucial virtud.

Es buen tiempo para recordar lo que hemos vivido y descubrir en ello lo que Dios nos ha regalado para nutrir, alentar, iluminar y animar la fe. Me parece que, cuando somos capaces de recordar y leer el pasado en clave teológica, la fe madura más que cuando somos capaces de entender racionalmente dogmas o contenidos, porque entonces la fe tiene raíces vivas en la experiencia, no solamente la individual sino la colectiva (familia, Iglesia, país, mundo...)

Muchas veces, esos momentos de cambio doloroso, de transición, de emergencia, de crisis, han sido la clave para dar pasos significativos en nuestro proceso de fe, entendida como relación viva con el Dios bueno, Padre de la Vida.

Hace poco, alguien me comentaba su temor de que la fe en los jóvenes no fuera más allá de su propia "subjetividad" y se quedara en un mero sentimentalismo. Parece que todavía algunos sentimos cautela al mundo afectivo y desconfiamos de la inteligencia emocional cuando de fe se trata. Estoy de acuerdo en que no somos solamente lo que sentimos, y que nuestra fe necesita ir más allá de la emoción o el sentimiento de un momento. ¡Pero sin esa experiencia cargada de afecto que hemos sido capaces de sentir, la fe pronto se seca! Es como una relación de amor adulta, que necesita un noviazgo juvenil previo, que sea hasta cursi en sentimientos y emociones para madurar. Pero también necesita voluntad y opciones para que el amor sea más que los sentimientos y simpatías y pueda mantenerse vivo en las adversidades y momentos de aridez.

Como seres humanos, necesitamos madurar en la fe. Nuestra fe adulta necesita momentos de preguntas que nos lleven a buscar diferentes respuestas, momentos de dudas que permitan que las certezas evolucionen, que los razonamientos se transformen y se enriquezcan del diálogo con la ciencia, la cultura, los problemas sociales, económicos y políticos y; claro está, del diálogo con quienes viven y expresan su fe de formas diferentes a las propias.

Fe no es solamente entender valores y afirmaciones "objetivas"; pero sin referentes razonables y criterios me perdería.

Fe no es solamente sentimientos agradables o intensos, como la alegría, el cariño o ánimo, porque nos consta que, muchas veces, en el dolor, la oscuridad, la pena o la confusión experimentamos vivamente la presencia de Dios.

La fe no es sólo razón, ni sólo tripa ni sólo corazón... Pero sin todo ello, le faltaría algo de humano.

De vuelta en mi tierra mexicana, me doy cuenta (y fe es muchas veces vivir dándose cuenta, no me cabe duda) de que la gente que trabaja y suda mucho cada día para conseguir el pan, la que carece de mucho y, aun así sabe, sonreír y sabe dar; esa gente quizá entiende poco, quizá lee menos, pero siente cariño... cariño hacia Dios y la Virgen (la de Guadalupe, claro está), y saben que Dios les tiene mucho, mucho cariño. Cuando rezan, quizá no entiendan el significado literal de cada frase; pero lo que parece importarles es a quién se lo están diciendo y el afecto con que lo hacen.

Viven en cambio en una tierra, en la que muchas personas se quejaban de no poder sentir, como antes lo hacían, la presencia de Dios. Pero viven en constante esfuerzo por comprender, cada vez mejor el significado de ritos, oraciones y afirmaciones; se cuestionan y se dejan cuestionar.

Pienso que unas y otras personas viven ese hermoso camino de fe. No desprecio ninguno (cada uno tendrá sus pros y sus contras). Lo importante, me parece, es no dejar de caminar... fe adulta significa eso, seguir andando el propio camino, racional o afectivo, intenso o árido, de luz o de sombra, seguir andando y dejarse transformar.

 

Rogelio Cárdenas, msps

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