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Fecha de Creación (Inicio - Fin)

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PODEROSO CABALLERO

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22 de septiembre, domingo 25 del TO

Amós 8, 6

-"Compráis por dinero al desvalido y al pobre por un par de sandalias".

Lucas 16, 1-13

-"Un empleado no puede estar al servicio de dos señores: pues odiará a uno y amará al otro o apreciará a uno y despreciará al otro. No podéis estar al servicio de Dios y del dinero".

En este Bazar del Mundo todo se vende y se compra sin escrúpulo alguno, al mejor postor: adulterados "productos Sin" de la tierra y del mar, ideas transgénicas de los Lobbys del poder político, social, religioso y del dinero. La alquimia deslumbra como nunca desde antes y después de la Edad Media. Y las "Factorías Midas" apenas dan abasto a acuñar oro para satisfacer la demanda de un Mercado Común Universal enloquecido.

Pero algo empieza a cambiar en esta Orquesta del Estruendo, donde los metales ensordecen voces y latidos del corazón. Con su humilde Ford Focus –"uso un coche sencillo, que puede obtener un empleado normal"-, el Papa Francisco desafía a la Roma del Imperio y envía un mensaje de austeridad a la Iglesia y a toda la Sociedad.

En cada Cónclave romano varias comisiones de cardenales hacen un diagnóstico de la sociedad del momento, definen terapias, y eligen luego el candidato más idóneo para tratar al paciente. En el último celebrado, es evidente que el Espíritu se movió ágil -porque "el Viento no necesita muletas", en poética expresión de Luis Rosales- y con acierto: un Viento Pampero y fresco capaz de barrer injusticias, con el valor y la fuerza de un nuevo Martín Fierro:

Dios formó lindas las flores,
delicadas como son;
les dió toda perfeción
y cuanto él era capaz.
Pero al hombre le dió más
cuando le dio el corazón.

El jesuita Fernando Cardenal, expulsado de la Compañía de Jesús por órdenes de Juan Pablo II y readmitido 12 años después, dijo que Giorgio Bergoglio "siempre estuvo con los pobres, siempre los defendió, vivía una vida pobre, él se cocinaba, andaba en autobús. ¡Cómo se imagina uno un Cardenal en cualquier parte del mundo que anda en autobús! Y eso lo hacía él por estar más cercano a los pobres".

En la entrevista con el Papa al finalizar su viaje a Brasil, emitida por el canal Globo brasileño, cada respuesta referida a este tema es como una iluminación para la Iglesia:

-El pueblo siente ofendido mucho el corazón cuando ve que los que estamos consagrados, estamos apegados al dinero.

-Nuestro pueblo exige pobreza a los sacerdotes.

-Recuerdo que hablé de que este mundo actual que estamos viviendo había caído en la feroz idolatría del dinero, y se da una política mundial muy impregnada del protagonismo del dinero. Quien manda hoy es el dinero, dijo Francisco recordando una recepción de embajadores.

Otro Francisco –éste, de Quevedo- lo inmortalizó hace cuatro siglos en un poema titulado "Poderoso Caballero es Don Dinero":

Madre, yo al oro me humillo,
Él es mi amante y mi amado,
Pues de puro enamorado
Anda continuo amarillo.
Que pues doblón o sencillo
Hace todo cuanto quiero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.

Esperemos que pronto este poderoso caballero –los primeros, cada uno de nosotros- entre en su sana razón y vuelva por los fueros de la sensatez de una ética sociorreligiosa más humana, más pobre y austera –más evangélica- frente a la pompa y el poder de la opulenta Roma.

 

LA CASA DEL POBRE ES COMO UN SAGRARIO

 

La casa del pobre es como un sagrario.

En su interior lo eterno se cambia en alimento,

y al anochecer regresa suave

hacia sí, en un anchuroso círculo,

y se acoge en sí, lento, pleno de resonancias.

 

La casa del pobre es como un sagrario.

 

La casa del pobre es como la mano de un niño.

No toma lo que los adultos piden,

le basta un escarabajo con ornadas pinzas,

una piedra ovalada de rodar por el río,

la corrediza arena y las conchas sonantes.

Es como una balanza suspendida,

sensible a la más leve recepción,

oscilando largamente entre los dos platillos.

 

La casa del pobre es como la mano de un niño.

 

Es como la tierra la casa del pobre:

esquirla de un venidero cristal,

ya claro, ya oscuro, en su huidiza caída;

pobre cual la cálida pobreza de un establo,

y no obstante están los anocheceres: en ellos es ella todo,

y de ella vienen todas las estrellas.

 

Rilke


Vicente Martínez

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