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¿DÓNDE ENCONTRAR A JESÚS?

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En la actualidad ¿dónde podemos encontrar a Jesús de Nazaret?

Quizás ésta sea una de las preguntas más importantes que un cristiano pueda hacerse. Gran parte de la reflexión de teólogos, místicos y creyentes ha sido para tratar de responderla de una manera lo más fiable posible. Y como suele ocurrir con estos interrogantes, cada respuesta que se ha dado, tiene algo de verdad, aunque nunca de una manera absoluta. El tema en sí no es fácil. El Jesús que anduvo por los campos de Galilea hace 2000 años, ya no está.

Una respuesta es que encontramos a Jesús, "en el cielo", puesto que resucitó y ascendió. Otra manera de decirlo es que Jesús "está en Dios", que se fue "al Padre". Desde luego estas respuestas han alimentado la piedad y la espiritualidad de millones de cristianos durante veinte siglos. Para el apóstol Pablo se encuentra a Jesús en una experiencia de fe, lo que podríamos llamar un camino místico.

Yo quisiera proponer otra respuesta, que no trata de ser la definitiva, ni la mejor, ni siquiera como refutación de ninguna otra. Es un intento de hacer accesible ese encuentro de una manera sencilla, al alcance de cualquiera.

La idea principal sería: a Jesús lo encontramos a través del Evangelio. Fuera de la proclamación del Evangelio, es sumamente difícil que alguien por sí mismo llegue a conocer a Jesús. Mucha gente hoy ni siquiera ha oído que existiera un hombre llamado Jesús de Nazaret y nada sabrán de él a menos que se produzca la proclamación del Evangelio por sus seguidores. Jesús debe ser 're-suscitado' en este mundo por sus seguidores para que pueda ser conocido.

Me gusta pensar que el Evangelio es el testimonio de aquel acontecimiento que sigue aconteciendo. Es decir, el encuentro con ese Galileo que se convirtió en el fermento de todas esas iniciativas basadas en la compasión, la libertad, la justicia y la búsqueda de la verdad.

¿Qué son los evangelios? Se dice a menudo que no son biográficos, tal y como se entiende ese género literario en la actualidad. Algunos eruditos hasta creen que los evangelios son "míticos" y que no hay ningún dato histórico en ellos. Sólo hablarían del "Cristo de la fe", no del hombre histórico Jesús de Nazaret. Actualmente los investigadores más reconocidos consideran esa posición una exageración. Es cierto de que en los evangelios hay un lenguaje, digamos, "mítico", pero los evangelios no son mitología.

¿Qué son? Graham Stanton en su libro "Jesús y el Evangelio" dice: " la iglesia primitiva reconocía que los evangelios no son historia; si hacemos lo mismo, habremos de aceptarlos como testigos en forma narrativa, a pesar de sus discrepancias y contradicciones". O sea, los evangelios son testimonios teológicos de Jesús en forma narrativa.

Y aquí está la clave para buscar hoy al Maestro. Estos testimonios están escritos de una manera concreta y hay elementos históricos. Pero no tratan de responder qué pasó, sino más bien ¿qué significa lo que pasó? En otras palabras, los evangelios nos transmiten el significado de unos hechos.

No son el relato de acontecimientos que ocurrieron hace 20 siglos a la manera de la historiografía moderna. Tampoco son un discurso "filosófico" que nos transmitieran ciertas ideas, desencarnadas de la historia. En ese caso, Jesús no sería más que un mito, al modo de los personajes mitológicos griegos, aunque transmita "grandes verdades".

Los evangelios se refieren a un personaje histórico real. Un judío galileo del primer siglo, que vivió en un lugar concreto y durante un tiempo concreto. Lo que dijo e hizo este hombre trasciende lo meramente "fáctico" desvelando unos significados que van más allá de su tiempo. La persona de Jesús no puede separarse de su palabra y de su vida. Los evangelios nos muestran que el Jesús histórico sigue siendo contemporáneo. ¿Cómo?

Cuando leemos los evangelios, nos sentimos transportados más allá de nosotros mismos. Tenemos la sensación de un encuentro, se nos hace real una Presencia. Caminamos con el Nazareno por los caminos de Palestina a la vez que andamos por nuestras propias sendas. Vivimos las experiencias de aquellos que se encontraron con Jesús. Pero ahora lo vivimos de una manera personal, de tal manera que oímos 'una palabra' que nos vivifica.

Unos dicen que porque Jesús está vivo, es que su palabra vivifica hoy. Otros que puesto que su palabra vivifica, es que él está vivo hoy. Lo importante es que en la lectura y meditación de los evangelios nos encontramos, no con un personaje histórico del pasado, sino con el Jesús histórico presente y actuante en nuestras vidas.

El Jesús de los evangelios, sigue teniendo "rostro", cuerpo, palabra y gesto. No es una "nebulosa", una simple "idea" de lo bueno. Lo que encontramos es la "encarnación" del Amor. Encontramos a Dios en "la hondura" de una vida humana. En los evangelios Jesús nunca da un discurso sobre Dios, o trata de demostrar su existencia. No lo demuestra pero lo muestra.

Lo importante es saber ponerse a la escucha. Oír su llamado a "seguirle".

Ya en el siglo XVI, Hans Densk decía: "Nadie conoce a Cristo si no le sigue en la vida". ¿Y cuál es ese Cristo que hay que seguir? El del Evangelio, que reúne al Jesús de la historia y su significación trans-histórica.

¿Acaso no hemos oído ese "Sal fuera" como nuevos Lázaros frente a todo lo que nos destruye? ¿No hemos sido confortados por aquel "ni yo te condeno, ve y no peques más"? ¿Cuántas veces nos hemos visto desesperados como aquellas mujeres frente a la tumba vacía, para luego ver renacer la Vida porque nos hemos encontrado con el "que vive"? El Jesús del Evangelio nos llama a ir a buscarlo a "Galilea", el lugar donde él sanó, liberó y dignificó a tantas personas sin esperanzas. Y frente a tantas dudas, confusiones, discursos diversos sobre la divinidad, seguimos oyendo aquello de: "Sólo Dios es bueno".

Debemos aprender a leer los evangelios para escuchar el Evangelio, lugar de encuentro con Jesús de Nazaret. Una lectura que tiene en cuenta el sustrato histórico, pero que a la vez es capaz de "actualizar" esa Presencia inefable que se respira a través de los textos.

Los evangelios nos impiden caer en dos errores: creer en un "Jesús espiritual" tal y como propugnaban los gnósticos (que hoy están de moda). O pensar en Jesús como un hombre del siglo I que se quedó allí para siempre, (que también quizás esté de moda)

Los relatos de la resurrección al final de los evangelios nos impiden pensarlo de esta manera. Fuera de toda lógica historicista, esos textos nos dicen que el Hombre que vino de Nazaret sigue siendo actual, contemporáneo, que no hay que buscarlo entre los muertos, sino "que vive".

Y como nuevos discípulos de Emaús, somos acompañados por un Extraño que hace el camino con nosotros. Por eso nuestros corazones arden cuando leemos esas Escrituras, cuando partimos el pan, cuando vamos al encuentro del prójimo, del necesitado, de los desesperanzados, porque en esos momentos nuestros ojos se abren y vemos, y comprendemos, y oímos su llamada a seguirle. En definitiva, hemos encontrado a Jesús.

 

Julián Mellado

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